10.7.12

Movimiento Kloaka por el escritor Mario Wong desde Paris




Kloaka-(30 años) forever !

Testimonio de Mario Wong, narrador de la generación del 80.

En la foto: José Alberto Velarde, miembro de Kloaka, y Mario Wong, autor de la nota, el 2 de julio del 2012 en el Barrio Latino de París.

... «una leona ha parido en medio de la calle, y
las tumbas se han abierto y vomitado a
sus difuntos. Guerreros feroces combaten
entre las nubes en filas en exacta formación»
J. A. Mazzotti

«dans le cercle vertigineux de l’éternel retour l’image meurt inmédiatement»
D. Campana (*)

In memoriam Ricardo Quesada

Los poetas modernos han tenido, desde siempre, una actitud de vanguardia; ha sido una cuestión vital para ellos, como lo es la creación poética misma. «Être toujours moderne!», escribiría Arthur Rimbaud. Una actitud vanguardista frente a la vida misma; en esto, en la poesía peruana –más allá de las diferencias generacionales– hay ciertas constantes (sobre todo, en los de las décadas del 70-80), como si el mito de la modernidad literaria, en sus expresiones poéticas, se hubiese prolongado hasta sus últimos estertores. En los 80-90 otro es el panorama.

La crisis sistémica y sus manifestaciones violentistas, a nivel político, con la irrupción de SL, el MRTA y el inicio de la «guerra sucia» (tal vez, al comienzo de su accionar permanecía, aún, la «ilusión heroica» del cambio revolucionario), fue como un baldazo de agua fría para las nuevas hornadas de poetas. El fenómeno es complejo, atrayente, como que rechaza las explicaciones determinísticas, pero no voy ha ocuparme de esto en el presente artículo, que es una suerte de homenaje a Kloaka.

El movimiento artistico Kloaka, que surgiese a comienzos de los 80, asume, de alguna forma, esa actitud «avantgardiste»; pero, en su meteórica existencia, en la búsqueda expresiva de la «beauté sauvage» y espontánea, se manifiestan ya, como si de el canto del cisne se tratase, el fin de una generación que todavía creía en el mito de la modernidad. Sin embargo, pienso, es la postura «anarquista-underground» la que prima (ahí están el performance en «La Catedral», un bar de aserrín y colillas de la Plaza Unión, con travestis, Kolarock, Durazno Sangrando, etc.; el recital en el Auditorio Miraflores; las lecturas y volanteos, se me aparece el poeta R. Q., repartiendo sus fanzines en el Boulevard Quilca, con el grupo Del Pueblo, y toda su iconografía). Y ahí, en ese momento, en la desestructuración y el desarraigo, y en el desencanto generacional, empiezan ya a manifestarse otras cosas a nivel de la creación poética. Intentaré precisar esto.

Ya de por sí la situación –de caos, de violencia política, de crisis económica y miseria social por la que atravesaba el país (sin encontrar una salida)– era «cloaca»; como si se hubiesen desembocado los jinetes del Apocalipsis. Los miembros del movimiento –José Alberto Velarde, Edián Novoa, Domingo de Ramos, Mary Soto, Roger Santivañez, Mariela Dreyfus, Guillermo Gutiérrez, Julio Heredia, Carlos Enrique Polanco– la asumían como experiencia vital creativa. Creo que lo que atraía del arte de las vanguardias a Kloaka (dadaísmo, surrealismo, nadaísmo y otros movimientos «infrarrealistas» o «real-visceralistas» latinoamericanos), en sus expresiones grupales (una suerte de «comunidad poética imaginada», libre) y creativas eran las posibilidades rupturistas y/o de relativización y parodia del sistema de representación político-social, en general, y de la institucionalidad artístico-literaria, en forma más específica. Esto, en su crítica de la burocratización partidaria (sobre todo, de las organizaciones de la izquierda peruana) y en la postura «heterodoxa» de ruptura artística y de desacralización de la obra, en lo que correspondía al canon artístico-literario (del arte como institución en sí, y del lugar o lugares que ocupa la obra artístico-literaria), aún podía aparecer, e interpretarse, como manifestaciones «post-mayo 68». Se ubica para mí, en forma más precisa, entre dos periodos.

Con la crisis de representación política se asistió a una pérdida de sentido, a una desvalorización de todos los principios que habían regido la vida social. Así, el caos y la destrucción violentista devinieron en una fatalidad. Tensionado por fuerzas extremas, en un conflicto que no tenía tregua ni solución mediata, el país se incendió. Los artistas y poetas contribuyeron, de una forma u otra (hasta en la aparente pasividad de algunos), a que el fuego se expandiese, como si estuviesen fascinados por la desaparición y la nada. El «néant éternel» (1) como forma extrema del nihilismo, según Nietzsche, ejerció su atracción fatal; era nuestro destino, un deber fatal del arte y la poesía, acorde con el espíritu de negación. Paradójicamente, ahí, al borde del abismo (en que aparecen las visiones más terribles de la realidad) –con esa vocación parricida, iconoclasta que caracteriza la estética vanguardista y neovanguardista–, se manifiesta (en un exceso vital) la creación artística y literaria.

Aparece el carácter catastrófico del capitalismo periférico –en sus manifestaciones «postmodernas»– en todas sus contradicciones; la recurrencia destructiva en todas las pulsiones mortíferas que lo atraviesan; el fin del mito del progreso sin límites. Ahí está el conflicto entre lo racional y lo arcaico; pero lo originario, lo arcaico, lo «regresivo» es inherente a dicho proceso, pone en cuestión (por la presencia de lo mítico) la separación racionalista del objeto y del sujeto (de la teoría kantiana del conocimiento y el gusto estético); y hace que afloren las fuerzas más irracionales y represivas que actúan, estas últimas, en lo que someten (a la nación quechua sumergida, dominada, acallada, por la que luchase el escritor J. M. Arguedas). Memoria & olvido: «recuerdo que no me acuerdo de nada y para mí, sin embargo, ese es el recuerdo más fuerte» (2).

La descomposición de las ciudades y del país, todo se hallaba en estado muy avanzado; el conflicto, en su grado extremo, más allá de las heridas profundas que se abrían (y de sus llagas purulentas) producía una tensión eléctrica, explosiva, rupturista y creativa en el arte y la poesía, en sus inicios. Cito: «Escalera del infierno; bajar en las noches por el jirón Belén y el bulevar Quilca es descender al subsuelo –VISITE NUESTROS SUBTERRÁNEOS. Profetas de la violencia; extremismo; Lucifer! Lucifer!, se ha metido en la droga, se ha metido en el trago, Lucifer! El Frontón (300 muertos para erigir la Jerusalem Celeste), Lurigancho, Santa Bárbara; «posesiva de mí, no entiendes de contradicciones». Coche bomba! La Berna y el bonzo (el enmudecimiento total, cuando vio en la pantalla de la TV que un monje budista, en el Vietnam, rociaba su cuerpo con gasolina y se prendía fuego)…

«Los poetas de Kloaka y gente del grupo Del Pueblo, al costado del cine-teatro Colón, leían poemas, tocaban música rock y repartían volantes. Palomeque, el ex-mozo de Las Vitaminas se hallaba parado en la puerta de un callejón, rata mojada bajo el cielo gris de Lima; pastelero spídico, muerto con el último cigarrillo entre los labios –«Si quieren matarme, mátenme!» Le dispararon a quemarropa…» (3), escribiría yo ya en París, años después, para ficcionalizar lo que se vivía, en una ciudad como Lima, en esa época. Recuerdo (ahora que he acabado de transcribir partes de este texto), me viene a la mente la noche que lo leí en «El Averno», a mi regreso al Perú, hace más de dos años; me lo pidieron Piero Bustos, de Del Pueblo, y R. Q. (además de él leyeron esa noche, también, el poeta dandy Frido Martin, Domingo de Ramos, Mary Soto y otros nuevos jóvenes poetas), quien estuvo muy próximo de ese grupo y del Movimiento Kloaka en esos tiempos.

Se trataba de los efectos de la vida misma, en la Lima de los 80; de la «Vida Artística» en sus calles y bares que –como sostiene el escritor argentino Alan Pauls– «es un principio de inmanencia, una especie de campo informe antijerárquico, sin más allá, que lo procesa todo –política, sexualidad, socialidad, territorio– y se define menos por lo que son las cosas que por lo que pueden, menos por valores que por potencias» (4). Y es ahí donde aparecía, en ese entonces, toda la vitalidad de los que pertenecían a este movimiento; y me preguntaba hasta dónde eran capaces de ir, cuál era el límite de su potencialidad. El arte siempre es –como escribiesen Gilles Deleuze y Felix Guattari (5)– una cuestión vital de flujos deseantes, desterritorializaciones, territorializaciones y líneas de fuga para intentar ir más allá, siempre más allá (aunque se nos vaya la vida en ello, y pienso en este instante en el poeta R. Q.), limando los muros del orden establecido; cuestionando los gustos estéticos tradicionales y echando a tierra los prejuicios de la moral impuesta. Pienso, y lo puedo decir ahora, para concluir, que en el movimiento Kloaka la pasión política y la estética seguían articuladas, aún, en un modo de existir, en una inmanencia vital (ahí estan los manifiestos y las entrevistas). Agrego dos acápites:

1.- Desde hace buen tiempo el «establishment» cultural limeño intenta, por todas las formas, «invisibilizar» lo que fue el Movimiento Kloaka; tratan de negar su importancia (más allá de la obra literaria existente de quienes pertenecieron a él), porque escapaba (o no se «ajusta») a una cierta «tradición literaria». Este es un largo y paciente trabajo de olvido y oscurecimiento. Por mencionar, sólo dos ejemplos: recuerdo que, hace ya varios años, cuando estuvo por París Abelardo Sánchez León, asistí a una exposición sobre la poesía, que hizo en la cava de un bar del Barrio Latino, y en ella para nada hizo mención de ninguno de los miembros de este grupo (todo se quedaba en Hora Zero, como que él pertenece a la «generación del 70». Intervine para señalarle su «olvido» y, agregé que el poeta Domingo de Ramos, con «Ósmosis» había merecido recientemente el Copé de Plata). Otro «olvido»: lean la introducción de la antología de los poetas del grupo Neón, ya en los 90, escrita por dos de sus miembros; además del olvido, están los lugares comunes y las complacencias.

2.- Me entero, hace unos pocos días, y esto es mucho más grave (en cuanto concierne a un acto de censura o de «autocensura»), que por presiones mediáticas de Rafael Rey y José Barba, connotados «políticos profesionales» de derecha (uno miembro del Opus Dei, y el otro un transfuga ex-aprista), el responsable cultural de Petroperú tuvo que suspender un acto programado en homenaje por los 30 años de la aparición de ese cometa ebrio que fue Kloaka. Este acto de censura debe ser condenado, sin duda alguna. Expreso aquí mi solidaridad con quienes fuesen miembros de este Movimento.

Mario Wong

Paris, 5 de Julio del 2012.

(*) Escrito en un cuaderno de fecha incierta (anterior a 1916) por Dino Campana, quizás el más grande poeta italiano del siglo XX (en 0pere e Contributi, tomo II, Florencia, 1973, p.1; Cit. de Giorgio Agamben, Image et mémoire: Écrits sur l’image, la danse et le cinéma; en el ensayo «L’image inmémoriale», Éd. Desclée de Brouwer, París, 2004, p. 97).

Notas :
(1) Ver G. Agamben, L’Homme sans contenu, Circe, Clamency, 1996, p. 117.
(2) D. Campana, en el cuaderno señalado, escribe: «ce souvenir qui ne se souvient de rien est le souvenir le plus fort» (cit. por G. Agamben, Image et mémoire, p. 110; la alteración del texto es expresa).
(3) M. Wong, El testamento de la tormenta, Huerga y Fierro Eds., Madrid, 1997, pp. 11-12.
(4) A. Pauls, «La solución Bolaño» in Edmundo F. Paz Soldán y Gustavo Faverón Patriau, Bolaño Salvaje, Ed. Candaya S.L., Barcelona, 2008, p. 329.
(5) Ver de ambos Capitalisme et schizophrénie 1. L’Anti-Oedipe, Éds. de Minuit, París, 1972/1973 y Capitalisme et schizophénie 2. Mille Plateaux, Éds. de Minuit, París, 1980.
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6.7.12

PETROPERU, KLOAKA & 2 POLITICOS DE DERECHA EN TV

Un fantasma recorre sets televisivos y la literatura peruana en su conjunto: es el fantasma del Movimiento Kloaka (1982-1986). En efecto, a 30 años de la insurrección artístico-ideológica del colectivo de vanguardia más radical que ha existido en nuestras letras, el Movimiento Kloaka –su solo nombre o su espíritu, ya que en los hechos no existe como tal- continúa casuando escorzor, rechazo y escándalo entre la burguesía peruana, sin duda, la más inculta e ignorante de América Latina.

Así se explica que Petroperú, tras comprometerse a realizar un Evento conmemorativo por los 30 años de la fundación del Movimiento, incluyendo lecturas de poesía, muestra pictórica, conciertos de rock, instalación fotográfica, teatro, performance y mesas académicas para los días 7, 8, 9 y 10 de agosto próximo; haya decidido postergar sin fecha de reposición (lo cual equivale en los hechos a su cancelación) este importante Evento de Multi-Arte, debido a los comentarios que Rafael Rey y José barba le dedicaron en su programa de TV.

Los mencionados políticos derechistas abrieron fuego contra el Movimiento Kloaka enrostrándole todos los insultos con que las burguesías ignorantes de la entera historia de Occidente han pretendido descalificar a todas las vanguardias poético-artísticas que en el mundo han sido: Absurdos ataques que no hicieron la menor mella en los grandes artistas de las vanguardias históricas: desde Picasso hasta André Bretón, pasando por Ginsberg o aquí nomas Huidobro, Neruda, Vallejo, Borges.

Rey & Barba concluyeron su programa apuntando a su verdadero objeto: criticar a la actual dirección de Petroperú por haberle dado cabida al Movimiento Kloaka, actitud que ellos atribuyeron a la condición izquierdista de dicha dirección. Y Petroperú, en vez de –como se dice- ‘sacar la cara’ por el Evento y sostener su apoyo a la celebración de lo que fue el Movimiento Kloaka, cuya contribución a la literatura, la cultura y las artes , vista con la perspectiva que dan los 30 años transcurridos, es innegable; así como hacer caso omiso a las presiones politiqueras y coyunturales de aquellos fantoches televisivos; opta por postergar el Evento, en los términos ya mencionados líneas arriba.

Se hace pública esta declaración para que la franja de los artistas –asi como el país en su conjunto- tome conciencia –una vez más- del verdadero rostro y la enemiga actitud del sistema de dominación contra la creación y manifestación artísticas en el Perú. Otra vez y siempre queda más claro que sólo una transformación revolucionaria de la sociedad hará posible el reinado auténtico de la paz y la libertad en los fueros del arte y de la vida; objetivos por los que luchó el Movimiento Kloaka hace 30 años y por los que su espíritu en rebelión marchará siempre –como la Líbido- bella y desconsiderada [Hinostroza dixit ] por todos los caminos de la faz de la Tierra.
 

15.6.12

El Grupo KLOAKA según Rafael Rey y José Barba («Rey con Barba», 4/JUN/20...



La ignorancia... o la negaciòn de lo existente.

Este par de señores solo salen del closet del Opus Dei porque no pueden salir ni siquiera del closet de la vida en este país. Aunque si pueden cobrarle centavo por centavo... Quién habla del presupuesto del Estado? Alguien me puede decir que hace Rafael Rey en el Parlamento Andino?.

Al menos nosotros representantes del Movimiento Kloaka no estafamos al paìs con sueldos como parlmentarios, ni con piscos alusivos al terremoto, ni nos cambiamos de camisetas politicas como camaleones, ni nos escondemos para tirar con quien nos da la gana...

Asi que este país si merece un homenaje, cierto, porque el homenaje no es solo para KLOAKA sino para todos los que hemos sobrevivido estos 30 años en poesía, como representantes en escenarios de este paìs y el extranjero (como las Universidades de Harvard, La Sorbona, Salamanca, Complutense y otras).

Sino pregúntenme, porque no saben como me gusta asustar a los ignorantes con la verdad.


Debería de haberme molestado pero me quedo con la primera impresión... la carcajada que me dio de escucharlos a esos dos.  Carcajada por su rabietas como si fueran viejas constipadas.  Porque les dolemos...Ciertamente un día feliz.  En casa de Lucho Beoutis con mi Mary Ann, con el mejor pisco de Ica, pescado, queso y canciones. Este es el paraíso.  Que esos dos se quemen con su propio veneno.  Yo libre y libre y feliz.

7.6.12

Los Borgias en cómic

 Las fascinantes historias de los Borgias en sagas de cómic Manara y Jodorowski. La primera familia más depravada de la historia y una de los creadores de la mafia que se enquistan en el poder para hacer lo que quieran y enriquecerse como clan.

Muere Ray Bradbury




Ray Bradbury, el último ilustrado

Muere el escritor estadounidense, autor de clásicos como Farenheit 451Crónicas marcianas, tenía 91 años

    El escritor y crítico Jesús Palacios recuerda y homenajea al hombre que "convirtió la ciencia ficción en una de las claves de la modernidad"


No hace muchos años, con ocasión de una de sus visitas a España, Ray Harryhausen, el gran mago de la animación y los efectos especiales, me contaba con una sonrisa infantil en su rostro de anciano sin edad, cómo a menudo recordaba sus reuniones con Forrest J. Ackerman y Ray Bradbury, en una cafetería de Los Ángeles, a finales de los años 30 del siglo pasado, cuando los tres discutían entusiasmados acerca de la posibilidad -la seguridad, para ellos- de que el hombre llegara a la Luna, e incluso más allá, ante el asombro y las sonrisas de incredulidad de las mesas vecinas. Esta pequeña, insignificante para algunos, anécdota me ha venido directamente a la mente al conocer el fallecimiento de Ray Bradbury, a los 91 años de edad. Quizá porque con él se ha ido otro pedazo de aquella magnífica ingenuidad, aquella poética fe en el mañana, que vivieron Bradbury y sus amigos de Hollywood y las convenciones de ciencia ficción. Ese Sentido de la Maravilla, que el propio Ray Bradbury supo elevar a una forma de arte narrativo incomparable, plena de sentido, emoción y relevancia.

Porque Ray Douglas Bradbury, ese "humanista del futuro", como le llamara José Luís Garci en su temprano ensayo biográfico sobre el escritor -eran otros tiempos-, convirtió la ciencia ficción en una de las claves de la modernidad, haciendo de ella la literatura por excelencia del siglo XX: visionaria, comprometida, poética, fantástica y real como la vida misma. Auténtico ejemplar de "animal hollywoodiense" y pulp en estado puro, Bradbury, con libros como Crónicas marcianas (1950), El hombre ilustrado (1951) oFahrenheit 451 (1953), por citar unos pocos ejemplos de entre una inabarcable obra, hizo penetrar la luz de la ciencia ficción en el universo de la literaturamainstream, como dicen por allá, o literatura general, como decimos por acá. Pese a la existencia de otros muchos grandes autores del género contemporáneos, como Heinlein, Van Vogt o el propio Dick, sólo Bradbury tuvo la presciencia de conectar con las secretas y públicas obsesiones de varias generaciones de lectores e intelectuales -entre ellos, muchos españoles: Garci, Carlos Buiza, Chicho Ibáñez Serrador, J. J. Plans, Juan Tébar...-, que encontraron en la cotidianeidad de sus mundos espaciales, en sus mañanas distópicos y sus astronautas melancólicos una poética existencial no sólo del futuro, sino de la inminencia del futuro en el presente, con todos sus conflictos, dulces como las doradas manzanas del sol y amargos como el vino del estío.

Nadie como Bradbury podía conjurar a la vez y al mismo tiempo la maravilla del espacio infinito y el pavor absoluto que produce. La necesidad de viajar hacia delante y más allá, a la vez que la infinita melancolía por lo que se queda atrás. Su mundo fantástico no era simple, sino lleno de sombras, de gradaciones y colores, capaz de asombrar, aterrorizar o hacernos llorar lágrimas de melancólico placer. Recuerdo las palabras de Harryhausen porque me hablan de un Bradbury joven, devorador de cómics y pulps, que siempre miró al futuro y al hombre con ilusión, teñida, sin duda, de desconfianza, de sospecha, pero también de amor e ironía. Bradbury era, sin duda, un hombre del siglo XX, con todas sus contradicciones, pero apegado a una visión esencialmente ética, comprensiva y sutilmente sentimental del espíritu humano. Un miembro de esa extraña fauna, satánica y divina, que comprende personajes como John Huston, Charles Addams, Rod Serling, Robert Bloch o el propio Harryhausen, todos ellos amigos y compañeros de viaje, ejemplares de ser humano que quizá no vuelvan a repetirse jamás sobre la Tierra.

El cine (aunque Truffaut casi lo consigue) nunca hizo justicia a su obra -que fue más y mejor representada en multitud de series míticas de la televisión americana-, quizá por inabarcable: cuentos, novelas, guiones de cómic, cine y televisión... Cultivó no sólo la ciencia ficción, sino también el policíaco, el terror, el suspense, el humor, la poesía y la crónica. Vivió la América Profunda como nadie, con un pie en los carnivals errantes, aquellas ferias de las tinieblas donde encontraría su temprana vocación de mago ilusionista, y otro en el futuro y las más lejanas galaxias del pensamiento. Fue creador de mitos, al tiempo que vivió a través de su piel la mitología pop usamericana, haciéndola propia y personal.Perteneció a un mundo que hoy se desvanece, en el que la literatura de género podía y debía ser importante, sin dáselas de importante ni presumir de importancia. Un mundo de expectativas que sabía discernir, bajo el traje de astronauta, al ser humano, bajo la piel del monstruo de ojos saltones, nuestro propio reflejo escondido.

Ray Bradbury nos ha dejado. Es difícil saber qué pensaría realmente el profeta de Fahrenheit del mundo del e-book, cómo vería el nuevo milenio alguien que tantas veces lo anticipara en las páginas de sus cuentos y novelas... Pero es fácil saber que nos ha abandonado uno de los últimos hombres realmente ilustrados que quedaban. Uno de los últimos de aquella tribu que creó la literatura del futuro y que, ahora, es ya pasado. 

24.5.12

Viejas películas restauradas de Hitchcok...


El director de cine junto a la actriz Janet Leigh durante el rodaje de 'Psicosis'.El director de cine junto a la actriz Janet Leigh durante el rodaje de 'Psicosis'.

 
La Filmoteca Británica (BFI) ha restaurado nueve películas de cine mudo del director Alfred Hitchcock, que se proyectarán en Londres dentro del programa cultural paralelo a los Juegos Olímpicos, según informó este jueves la BBC.
Después de tres años de trabajo, estas nueve cintas, poco conocidas por los espectadores, se proyectarán en el marco de la retrospectiva 'El genio de Hitchcock', la más completa dedicada al artista, que durará de julio a septiembre.
Entre las piezas restauradas se encuentran 'The Blackmail' ('Chantaje'), 'The Pleasure Garden' ('El Jardín de la alegría'), 'The Ring' ('El ring') o 'The Lodge' ('El enemigo de las rubias'), rodadas entre 1925 y 1929.
"Hemos intentado mostrarlas durante años y siempre quedábamos frustrados por las malas condiciones en que estaban. Pero hacerlo ahora que Londres atraerá la atención de todo el mundo es muy apropiado", dijo Robin Baker, el director del archivo del BFI.

Dificultades en la restauración

El proceso de restauración empezó con la búsqueda por todo el mundo de las cintas supervivientes de estos nueve títulos, algunas de las cuales estaban elaboradas con carretes de película de nitrato altamente inflamable. Además, como en esa época se modificaba y alteraba el montaje original dependiendo del país, los restauradores tuvieron que investigar cuál era la versión que realmente rodó Hitchcock para mantenerse fiel a la obra del director.
Una vez analizados, limpiados y reparados en algunos casos, cada fotograma fue capturado digitalmente por un escáner para restaurarlo y editarlo con un programa informático.
A pesar de ser de las primeras obras del director, en ellas ya se pueden ver muchas de las características que convertirían a Hitchcock en el mago del suspense. "Hitchcock sabía lo que quería hacer y como lo iba a conseguir desde el primer día", destacó Baker.
La música, uno de los rasgos más importantes de las obras de este director, es la única parte de estos filmes que no se ha podido recuperar ya que las partituras originales de la banda sonora se han perdido. Sin embargo, durante la proyección de estas películas, se interpretarán en directo nuevas partituras compuestas para la ocasión por músicos como Neil Brand y Soweto Kinch.
La retrospectiva 'El genio de Hitchcock' comenzará el 6 de julio con la proyección al aire libre de 'The Black Mail' en el Museo Británico, donde fue rodada originalmente. Dentro de este ciclo se mostrarán las 58 películas que se conservan del reconocido director, entre ellas 'Psycho' ('Psicosis'), 'Rebecca' o 'Vertigo' ('Vértigo').

23.5.12

Otra de Sorolla

El pintor español Sorolla en subasta.

El pintor español Sorolla pinta personajes del mar con una extrordinaria técnica del color y la luz que produce las explosiones pictóricas del mediterráneo de donde es este insigne artista.

Cartas de Ginsberg a Kerouac. Los beats al desnudo.



Esta correspondencia, bien seleccionada por sus editores y espléndidamente traducida por Antonio-Prometo Moya, es un arsenal de datos, anécdotas y citas, con todos los chispazos de belleza y disparate que cabe esperar de estos dos amigos.



Aunque siempre se habla de ellos como precursores de lo hippie, la onda expansiva provocada por la generación beat es más potente. Esta mañana, al volante, canturreo una balada de Belle & Sebastian, “Little Lou, ugly Jack, prophet John”, y ese “feo” es el guaperas de Kerouac. Walter Salles estrenará en breve su adaptación de En el camino, y me pregunto si la película será una concesión sentimental o podrá explicar algo actual -yo lo veo forzado-. Como ven, el azar amontona señales de la pervivencia de unos autores cuya lectura ha propiciado infinitas imitaciones sublimes o ridículas: todavía recuerdo a un compañero del colegio que, embriagado de Kerouac y Burroughs pasados por Jim Morrison, cada noche de juerga saltaba frente al autobús nocturno al grito de “¡soy un santo americano!”, dejando a expensas de un venturoso acelerón la prueba de que no conviene desafiar a la técnica ni al sentido común.



La importancia histórica de los beats es indiscutible pero, ¿cuántas verdaderas obras de arte han dejado? ¿Qué ofrece realmente su literatura? Por mi parte, creo que el tiempo les está sentando regular, y dudo que ocupen un lugar de primer orden en el panorama del siglo XX. A menudo me parecen vicarios de otros fenómenos más interesantes, empezando, desde luego, por el Bebop. Sin embargo, también hay motivos para disfrutar con ellos: me gusta ver cristalizado el espíritu de una época hermosa en sus libros y en sus vidas, o intuir la sinceridad que late al fondo de su obra, entusiasta y viva. Aunque a veces trampeen, hay en ellos una inocencia (Kerouac), una rabia (Ginsberg) o una tragedia (Burroughs) palpitantes.



El mercado editorial sigue prestándoles atención. Gallo Nero ha recogido el Testimonio en Chicago de Allen Ginsberg, y Anagrama lleva un tiempo al rescate de documentos esenciales para la comprensión de su periplo. Primero fue la versión en rollo de En la carretera y luego la novela pseudoexistencialista Y los hipopótamos se cocieron en sus tanques, un inédito de Kerouac y Burroughs que no contaba nada nuevo. El libro que nos ocupa hoy es el más importante de todos ellos: las Cartas que Kerouac y Ginsberg se enviaron entre 1944 y 1963. La condición necesaria para afrontarlo es que te interesen los autores. Pero si uno cumple ese requisito, aunque sea con matices como en mi caso, es un libro muy valioso.



Esta correspondencia, bien seleccionada por sus editores y espléndidamente traducida por Antonio-Prometeo Moya, es un arsenal de datos, anécdotas y citas, con todos los chispazos de belleza y disparate que cabe esperar de estos dos amigos excesivos practicando una escritura doblemente espontánea, por convicción estética y por la intimidad del género. A mí me ha hecho sentir como nunca la tentación de las listas: nombrar, por ejemplo, todos los libros que leen y comentan, de Dickens a Cervantes pasando por Dante, Mann, Jean Genet, qué sé yo, Max Jacob. O los autores con los que tratan y a los que retratan, a veces con ostensible mala leche (Mailer, Vidal), otras con afecto (William Carlos Williams). O de la música que suena, insuperable: Dexter Gordon, Bird Parker, Gerry Mulligan… Agotaría con placer este espacio citando nombres.



No falta la chatarra entre tanta página. Hay colosales confusiones y empanadas mentales. Ginsberg entendió como quiso a William Blake, y me parece impostura su profetismo: de la condición profética se huye, no se la escoge. No me extraña que Cristóbal Serra, el secreto mejor guardado de la literatura española, me dijera de ellos que sueltan muchas “gansadas americanas”. Ahora bien, ¿no es brillante decir que “Blake le sienta a Whitman como un guante para aplicar a la actualidad la epopeya de la Caída de América” (Ginsberg), o que “el pensamiento reflexivo es en cualquier caso para los generales existencialistas que aman las batallas” (Kerouac)? Ojo con estos jovencitos, veintidós y diecisiete años en las primeras misivas, porque sus intuiciones pueden ser acertadas. Y al menos, siempre resultan llamativas.



Descarados, Ginsberg y Kerouac se consideran sublimes: “el único hombre vivo que escribe realmente como nosotros es Faulkner”, dice el poeta; “Ginsberg es el gran poeta de los judíos americanos del siglo XX”, afirma el novelista. Como en Go! (vaya capones recibe el pobre John C. Holmes, por cierto), como en En el camino, asistimos a un festival ombliguista, una retahíla de wow-qué-locos-estamos, una complacencia extrema en ese movimiento desordenado del que se deja constancia. Kerouac y Ginsberg nos miran por el rabillo del ojo, convencidos de que la posteridad es suya.



Hay delincuencia, trabajos de mierda y autostop, drogas. Todo eso. En cambio, el éxito (que estalla a finales de los cincuenta con la mítica novela de Kerouac y el igualmente mítico Aullido ginsbergano) queda consignado sin regodeo. Determinados hechos que uno imagina traumáticos apenas repercuten en la correspondencia; así, el asesinato cometido por su amigo Lucien Carr pasa de puntillas por el libro, y lo mismo la terrible historia de Burroughs matando a su esposa mientras jugaba a ser Guillermo Tell. Eso sí, Kerouac y Ginsberg nos dejan unas crónicas animadísimas de sus drogotas viajes mexicanos que a mi juicio tienen más interés que las famosas Cartas de la Ayahuasca. También escrutamos su vida sexual, para descubrir las tensiones de Kerouac o los bandazos de un Ginsberg que, a los veintidós años, llega a escribir: “no voy a tener relaciones homosexuales nunca más; ahora mi voluntad tiene libertad suficiente para poner esto por escrito a modo de declaración final”. Y uno piensa en lo que vino después para él, y para todos, y piensa en Obama, y es optimista.



Al final, estas Cartas son tanto el retrato de una “generación desquiciada” (Kerouac) como el de dos individuos enzarzados en notable amistad, uno judío y el otro americano, “hijo de la naturaleza”, pero también, creo, con un sustrato católico más o menos visible. Esa amistad es de fuste: basta ver a Ginsberg aguantando un chaparrón rabioso de Kerouac en respuesta a unos comentarios críticos, y por cierto muy lúcidos, sobre aspectos de su obra. O a Kerouac ofreciendo su ayuda económica al otro. Basta ver sus distanciamientos y su admiración, su respeto y su comprensión. Nunca simpatizo con la voluntad estratégica de constituir grupos y generaciones para lanzarse a la conquista del mercado, y mucho de esto se intuye aquí y allá; pero la amistad no es inventada, y reconforta.



Joyce Johnson, que fue novia de Kerouac, tiene un libro que me gusta mucho, Personajes secundarios (Libros del Asteroide). Allí cuenta que, en los ochenta, asistió a una reposición de la película beat Pull my Daisy, en la que aparecen todos los miembros de la generación y se escucha la voz de Jack. Dice Johnson que su acompañante, anonadado ante lo que ha visto en la pantalla, pregunta: “¿de qué iba esto?”. Ella responde: “del derecho a seguir siendo un niño, creo”. Es curioso, porque lo último que leemos en el grueso volumen de estas Cartas lo escribió Ginsberg en 1963 y dice: “¡Todos somos niños! Sienta bien. ¡¡¡La palabra por fin!!!”. Tal vez aquí esté encerrada la belleza, pero sobre todo el fracaso final, de la generación beat: aspiraron a ser niños, pero apenas reinventaron la adolescencia.





Amigos Beat

Kerouac, Ginsberg... Los venerábamos. Hicimos de ellos dioses de la rebeldía, sin saber, acaso sin querer saber, que además eran hombres y, como tales, frágiles. Su abundante correspondencia, que cesó con la muerte del primero, muestra sin embozo la pasta humana con que estaba hecho cada uno. Ambos derraman un sinnúmero de revelaciones confidenciales en sus cartas. En ellas dan cuenta de sus respectivos abismos: la neurosis, la depresión, el horror a la soledad, la insoportable pérdida de la juventud; en fin, esos barros oscuros donde cada cual a su manera buscaba pepitas de oro literario. Se alaban y se critican. Se quieren y se detestan. Durante veinticinco años intercambian afecto, poemas, dudas, sugerencias, consejos, desde los márgenes de una sociedad que contribuyeron a cambiar a fuerza de rechazarla. Dos niños adultos, obsesionados por la literatura, inconformistas, cándidos, geniales. Lograron esa cosa inhabitual entre ególatras: ser buenos amigos. Fernando ARAMBURU

16.5.12

Carlos Fuentes ha muerto.

Carlos Fuentes

"Pregúntele a Hitler si son peligrosos el lenguaje y la imaginación"

Se fue un gran escritor aún me queda la lectura de Aura como una impresión honda que me causo al leerlo por primera vez. Las otras lectura de sus libros ya me resultaron más difíciles. Me quedo con algunos de sus libros emblematicos de su primera etapa.
Esta es una de sus últimas entrevistas.
BLANCA BERASÁTEGUI | Publicado el 09/10/2008

Una cabeza flotando como un coco a orillas del Pacífico. La cabeza cortada número mil en lo que va del año en México. Ha sido a machetazos. Acaba de dejar de sangrar y el cerebro ya no controla los movimientos de un cuerpo al que ya no encuentra. Es la cabeza de Josué, cuya única preocupación ahora es no morderse la lengua, para poder hablar y contarnos su historia. Josué es el protagonista de La voluntad y la fortuna (Alfaguara), la última novela del mexicano Carlos Fuentes, que hoy se pone a la venta. El escritor llega este fin de semana a España para recibir un homenaje, en vísperas de su 80 cumpleaños.


Carlos Fuentes ha construido un intenso y trágico mural de tonos violentos y hombres turbios. Otra vez. La voluntad y la fortuna es una novela turbadora, con continuas resonancias bíblicas y un México omnipresente y atroz. Es, sobre todo, una novela política en la que el escritor toma el mito de Caín y Abel, la fraternidad convertida en rivalidad, para retratar sin piedad las pasiones de la condición humana y los problemas de su país. He hablado por teléfono con Carlos Fuentes, desde Londres, en vísperas de su viaje a España, así que la conversación no ha tenido el tono, la cadencia y la puesta en escena que acostumbra el escritor, como buen actor que es también. Una pena. Ha faltado, quizá, la guarnición pero no la carne escueta de su palabra.

-Esa cabeza cortada flotando que narra la historia... es un comienzo impresionante...
-No, no espere que lo explique. Ahí está. No hay explicación previa. No voy a razonarlo porque se vendría abajo todo el edificio con un razonamiento, no lo haré.

-Cuéntenos entonces el proceso de escritura del libro, ¿por qué la voluntad y por qué la fortuna?
-Bueno, yo me baso en tres principios de El Príncipe de Maquiavelo, la voluntad, la fortuna y la necesidad. No podía poner “la necesidad” en el título porque quedaba muy feo, así que me quedé con la voluntad y la fortuna, que son dos de los pilares del pensamiento político de Maquiavelo. A partir de ahí, comencé la escritura, que me ha llevado tres años. Tengo muy clara la idea de que no hay realmente temas nuevos en literatura, la novedad es cómo los tratas, y yo he querido retomar aquí el mito de Caín y Abel, uno de los más viejos de la Biblia, pero desarrollándolo en el México actual. Le va bien el mito a México porque es un país enfrentado a sí mismo, muy dividido.

-¿Para escribir La voluntad y la fortuna ha sido necesario que escribiera antes La región más trasparente o La muerte de Artemio Cruz, por ejemplo?
-Por supuesto, por supuesto, todos mis libros descienden de libros previos para formar una familia. Yo creo que es una puesta al día, en cierto modo, de La región más trasparente, en el sentido de que es una novela política también, que trata de la vida de la ciudad, de la polis, y de la voluntad y de la fortuna de los personajes. Es la ciudad de México que retraté en 1958 y la ciudad de México de 2008, la ciudad tiene un rol protagónico en ambas novelas.

Narcoterrorismo y crimen

- Han pasado casi cincuenta años, y el paisaje que dibuja es aún más desolador, y la crítica más dura.
-Mire, la del escritor es una pulsión crítica. La misión del escritor no es aplaudir, es oponer reservas, oponer críticas, trazar alternativas, esto es lo único que yo pretendo hacer, y si la situación del país es una situación mala porque nos inventamos la novedad del narcoterrorismo y del crimen organizado, tenemos que encontrar la manera de combatir estos dos azotes, teniendo en cuenta que en el narcoterrorismo hay una gran responsabilidad de parte de los Estados Unidos porque la droga que sale de México finalmente se consume en los Estados Unidos. Quiénes son los capos americanos nadie lo sabe, pero hay que llegar a un acuerdo con ellos para actuar conjuntamente contra este terrible azote y, de ser posible, despenalizar el uso de las drogas.

-Narcoterrorismo y crimen organizado. ¿Son éstos, a su juicio, los mayores problemas que tiene que resolver hoy México?
-Yo creo que, al menos, han tomado prioridad sobre muchos otros problemas que tenemos, hay una lista muy larga, pero estos han asumido un papel protagónico en la vida de México de hoy.

- Aunque La voluntad y la fortuna nos hable de emociones humanas, de pasiones, de personajes, al final lo que resulta es un retrato desolador de su país, un país armado de rencor, “que es una tradición constante mexicana”, dice. ¿Está tan presente hoy el rencor en la vida cotidiana mexicana?
-Sí, es un rencor que se demuestra en la animosidad política, en el rencor del criminal, en el rencor de las bandas de narcos, que son movidas por un rencor social espantoso también, de manera que es una sociedad permeada de rencor, necesitada de estar contenta consigo misma. Que por lo menos sepa vivir consigo misma, tarea que tenemos por delante para poder celebrar estos centenarios y bicentenarios que nos vienen, y que son una oportunidad para revisar nuestra historia, quiénes somos y qué queremos ser.

-Sin embargo dice que no ha querido hacer una crítica de su país...
-No, no es lo que he buscado. Yo creo que la obligación es escribir buenos libros y dejar constancia del vigor del lenguaje y de la imaginación. Yo siempre digo, bueno, ¿la imaginación y el lenguaje no son importantes?, pregúntale a Hitler, que lo primero que hicieron fue prohibir libros porque tienen una imaginación y un lenguaje que no son los del poder.

La memoria y la imaginación

-Tal vez por eso pone en boca de su personaje que “ hubiera querido darle a la memoria el sobrenombre de la imaginación”.
-Sí, verá. Todos tenemos memoria, pero la memoria no es a veces la imaginación, es decir, la memoria la guardamos en el pasado como hechos pretéritos y no le dotamos de la imaginación que le damos al futuro. Estamos en función de la imaginación de lo que queremos ser mañana, pero no le damos la imaginación necesaria a lo que fuimos ayer, es lo que quiero decir.
-Son constantes en la novela las referencias a la religión y a la fe. A la trascendencia, más allá de la muerte, a ese “ser lo que somos porque somos lo que fuimos y lo que seremos”...
-Bueno, yo apelo a esa gran definición de la fe, creo que de Tertuliano, “es cierto porque es increíble”. Eso es la fe. Éste es el secreto de la religión, que apela a ese sentimiento de misterio que todos tenemos y que todo lo sacraliza. El problema es que la religión está tomando hoy un protagonismo que no le corresponde. Es la causante y el refugio de muchos conflictos. ¿Por qué? Porque han fracasado las ideologías políticas y como la gente tiene que creer en algo, empieza a creer más en la religión que en la ideología, pero a mí ni la religión ni la ideología me parecen soluciones buenas.

-¿Dónde están las buenas?
-En el uso de la razón, en la politica, en la imaginación, en la cultura, todo lo que es propio de la creación humana, incluyendo, claro, la religión, pero no como protagónica, lo mismo que la ideología. Lo malo es cuando la ideología o la fe se vuelven protagonistas y desplazan a todo lo demás. Entonces se nos olvida que está la razón, la inteligencia, las pasiones, la imaginación y que hay la cultura.

-¿Qué pasa ahora en México en el terreno cultural? ¿ Existe relevo para usted mismo, para Octavio Paz...?
-Desde luego, hay una generación muy vibrante de nuevos escritores mexicanos, el llamado “Crack”, con Cristina Rivera Garza, Jorge Volpi, Ignacio Padilla, Xavier Velasco, hay escritores excelentes, y ya son escritores de entre treinta y cuarenta años, y vienen nuevos y excelentes escritores detrás de ellos.

-¿Quién le interesa especialmente?
-Todos, yo soy amigo de todos, los leo a todos. Admiro a todos.

El Atlántico es muy ancho

-¿Y sigue la literatura española actual?
-Hasta cierto punto, porque el Atlántico es muy ancho, se ha vuelto muy ancho, ¿sabe? Pero lo sigo con mucho interés desde siempre porque considero que formamos parte de un solo universo literario, que es el de la lengua española

-¿Está al tanto de la política española actual, de las polémicas lingüísticas, por ejemplo?
-Sí, pero no la comento jamás en España.

-Vayamos a América, pues. Hábleme de ese populismo creciente en determinados países, que para unos es la gran amenaza de las democracias latinoamericanas, y para otros la gran esperanza
-No, cada país tiene su destino y hay realidades de poder. El país de verdadero peso en América del Sur es Brasil, su presidente es Lula y sabe cómo tratar a los demás países vecinos, es decir, a casi todos, salvo al Ecuador, de manera que hay que tener confianza en Lula respecto al trato con los vecinos, que van evolucionando cada uno de acuerdo con su política nacional.

-En la novela, uno de los protagonistas advierte que no hay que tenerle miedo a una revolución de las de antes: “Ténle miedo, dice, al tirano que llega al poder con el voto y se convierte en dictador electo”. ¿En quién estaba pensando?
-Bueno, a mí me parece que hay que dejar muy claro que tenemos regímenes democráticos, democracias en los que hay valores innegables, porque hay elecciones libres, parlamentos, prensa independiente, organizaciones obreras, pero la gente dice, ¿y cuándo como? Y en esa mitad de la democracia, que es la democracia social, la democracia económica, la democracia del alimento y del trabajo, es donde estamos fallando, y eso da lugar a la aparición de regímenes populistas que dicen que van a resolver esos problemas. No los resuelven pero llegan al poder. Por eso es indispensable que los gobiernos democráticos atiendan el reclamo social de la mitad de la población de América Latina.

-Habla mucho en la novela de las emigrantes mexicanos en Estados Unidos, “que tiene que desafiar las balas de los guardias, las alambradas y los muros”. A nuestro país llegan en pateras, quiero decir que el dolor del desterrado está en todo el mundo. ¿Ve alguna ventana clara, hay esperanza?
-Hay algunas ventanas muy claras. Por una parte, asegurar el desarrollo político, social y cultural de los países de emigración, que no tengan que irse de su país los trabajadores porque tienen trabajo, educación, cultura y bienestar en su propia patria. Ése es el más grande desafío que tiene este siglo. Luego van a seguir saliendo miles de expulsados por la pobreza, por la ignorancia, por la persecución, van a seguir saliendo muchas gentes de África a Europa, y de México y de América Latina al norte, de manera que ahí está un problema que tenemos que resolver nosotros, con la ayuda de la comunidad internacional.

-Con la de Estados Unidos, especialmente, tan recurrente en su obra.
-Estados Unidos va a tener que cambiar de régimen ya... porque es tan grande el fracaso de Bush y de sus políticas de Estado.... Es preciso un cambio a fondo de la política económica y de la política social de Estados Unidos, como pasó con Roosevelt tras el crack del 29.

-Confía en que gane Obama, está claro. ¿Cree que cambiarían sustancialmente las relaciones de Estados Unidos con México, tan importantes, si ganase las elecciones?
-No es que confíe, es que quisiera, porque creo que todos los ciudadanos del mundo deberíamos tener derecho de votar en las elecciones norteamericanas. En ese caso ganaría sin duda Obama. Y sí, creo que mejorarían las relaciones porque darían la oportunidad de que el presidente Calderón y el presidente Obama se sentaran a tratar los problemas bilaterales que nos aquejan, que no son problemas de México solamente, ni creados por México, sino que tienen una realidad bilateral méxico-norteamericana.

-Me gustaría que volviéramos a la novela, a los resortes que le han movido para escibirla, a sus anclajes tan profundos en la Biblia y a su largo aliento, tan alejado de la banalización rampante de tantos libros de hoy.

Gordimer, Goytisolo, Roth...

-Bueno, hay una constelación de novelistas en el mundo que se ocupan de asuntos muy importantes y lo hacen con la imaginación y el lenguaje propios de la gran novela, de la gran tradición novelística. Son gentes como Gordimer, como Goytisolo, como Günter Grass o Philip Roth, y esos son sólo algunos... Siempre se han escrito folletines, melodramas, pero pasaron sin pena ni gloria. Los que quedaron, y quedarán, son esos grandes escritores.

-Por La voluntad y la fortuna pasean también Artemio Cruz, Barroso, Federico Robles, algunos personajes que han aparecido en otras novelas suyas.
-Sí, yo soy muy balzaciano en eso, y recuerdo constantemente el eterno retorno de los personajes de Balzac; también en las novelas de Faulkner. En todos los casos le da gran resonancia y espesura a las novelas que se relacionan entre sí, y evocan su propio pasado y la dinastía de los personajes que voy creando a lo largo del tiempo.

-Me parece que La voluntad y la fortuna es la novela de un hombre desencantado y escéptico, incluso cínico.
-Bueno, es una novela escrita por una cabeza cortada, qué te parece... Pero sí, soy un pesimista ilustrado, mejor dicho, un optimista ilustrado, lo cual me convierte en un pesimista.






Dibujo de Grau Santos.












 

11.5.12

Esto va para Vargas Llosa y sus acólitos que estuvieron en la U. de Lima.

Carta abierta a Octavio Paz (1993) *


Escrito por Xavier Araiza








*(Esta carta abierta a Octavio Paz se publicó en la revista regiomontana Coloquio, en el año 1993. Hay textos que al paso del tiempo cobran vigencia por las ideas que palpitan en su entramado y sus efectos en los nuevos contextos: este es uno de ellos. Si ya entonces, en el apogeo del abstracto discurso liberal-democrático que soslayaba la lógica y el dogma triunfalista del neoliberalismo depredador (hoy en la debacle) era urgente un debate sobre la realidad cultural, política, económica y social mexicana e internacional, ahora el contexto de emergencia global en que vivimos exige de los intelectuales y escritores un diálogo, debate de ideas abierto, sin dogmas y prejuicios. En esos años noventa Octavio Paz era el poeta e intelectual mexicano con mayor proyección internacional, cabeza del grupo de escritores e intelectuales agrupados en la revista Vuelta de la que él fue director fundador. En el turbulento México de "estos días como frutas podridas, días enturbiados por salvajes mentiras, días incendiarios en que padecen las curiosas estatuas y los monumentos son más estériles que nunca" -dice el poeta Efraín Huerta- los fieles discípulos de Paz que le rinden tributo constantemente, con el ensayista Enrique Krauze, director de la revista Letras Libres, como su heredero y promotor principal, se han enfrascado en una polémica con las izquierdas (que ellos en paquete envuelto Fast Track, definen como estalinistas, arcaicas, no modernas), con la corriente política electoral antagónica al PRI y al PAN, que desde el año 2006 representa Andrés Manuel López Obrador y el movimiento MORENA, y recientemente con directivos y articulistas del periódico La Jornada y la revista Proceso. Krauze, en este "tiempo nublado" -diría su maestro Paz- del 2012 ha matizado su definición de AMLO como Mesías Tropical, título de su célebre ensayo publicado en Letras Libres (2006), reeditado, glosado, reenviado vía internet y celebrado Ad Nauseaum por intelectuales, periodistas, políticos y la Nomenklatura del poder económico y eclesial cargados a la derecha liberal y la ultraderecha fascista (el título "Mesías Tropical" sólo fue rebasado en intensidad propagandística por el goebbelesiano "AMLO, peligro para México") anuncia una autocrítica y la intensión de darle su voto en la elección presidencial de julio próximo. Enrique Krauze tiende la mano y llama constantemente al diálogo, al debate y la concordia entre los intelectuales mexicanos, llamado con el que coincidimos en Revista Pantagruélica que tiene vocación de izquierda no neoestalinista, menos arcaica, tampoco modernólatra y light, pero sí moderna y libertaria. De ahí esta carta rescatada del polvo de los archivos. Concluyo esta introducción parafraseando el dicho conocido: Se la escribí a Octavio Paz para que la leyeran los presuntos implicados en aquella última década del siglo XX, y, ahora reeditada, la lean los/las contemporáneos que siguen vivos: ciudadanos de izquierdas, derechas y del imposible y ficticio centro ideológico-político).



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Me convertí entonces en el teatro de muchos debates interiores que no tardaron en volverse discusiones públicas. O.P



Estimado Octavio Paz:



Le diré lo que pienso, sin rodeos.



Desde hace mucho tiempo usted es un hombre reconocido, apreciado y leído en el campo de las letras mexicanas y en los ámbitos literarios, académicos e intelectuales de otros países, como un poeta notable, un ensayista agudo y polémico, a veces abierto, a veces intolerante, muchas veces generoso, frecuentemente dogmático, pero siempre dispuesto al debate intelectual, al diálogo con los otros.



Aun con el apellido que lleva (ironías de la vida), usted es un guerrero, un luchador, un combatiente por unas ideas que cree válidas y adecuadas para este mundo que se derrumba en una crisis de efectos incalculables. Sí, se acabó el imperio fundado en el mal llamado socialismo real, que de realidad despótica tenía mucho y de socialismo poco, por no decir nada.



En varios ensayos usted ha tocado el tema. En algunas páginas se autoadjudica cierta clarividencia, cierta primogenitura de ideas que termina en un dogmatismo liberal, intransigente, ninguneador, excluyente. Según usted, en las izquierdas nunca hubo críticos del estalinismo, de sus efectos reales y sus fantasías autoritarias. La realidad es que muchos hombres y mujeres mexicanos, latinoamericanos y de otros países (entre los que me incluyo), jamás aceptaron el credo del padrecito Josef Stalin, pero tampoco han hecho la apología del capitalismo salvaje o del capitalismo tecnócrata edulcurándolos con esa engañosa abstracción que es, a veces, el discurso y la democracia realmente existente.



No cabe duda que sus escritos, como los de otros intelectuales de izquierda, han contribuido a revalorar la democracia, la pluralidad surgida de las repúblicas parlamentarias. Entre otros complejos fenómenos económicos, políticos, culturales y tecnológicos, esas ideas contribuyeron al desmontaje del siniestro laberinto del orden burocrático y policiaco construido por Stalin y sus secuaces. También es cierto que muchos hombres y mujeres de izquierdas (que no han capitulado para subirse al carro ideológico del capitalismo aderezados con las salsas agrias del liberalismo o el neoliberalismo), hoy en minoría, contra la corriente, en una atmósfera triunfalista, grotesca, creada por los señores del capital, han decidido no zambullirse en lo que Marx llamó "las aguas heladas del cálculo egoísta" de un sistema basado en la explotación y la depredación, que está acabando con la dignidad humana, la libertad, la justicia y con el planeta donde (al fin terrícolas) asisitmos, azorados, al espectáculo donde "todo lo sólido se desvanece en el aire".



Usted, estimado Octavio, no ha sido radical, incisivo, contundente con la crítica al capitalismo, como lo ha sido contra el burocratismo seudosocialista: se queda en el análisis del raspón en la epidermis y no penetra, no explora los tumores cancerosos de un organismo al que usted diagnostica como esencialmente sano. Receta una pomada cuando ni la cirugía mayor puede remediar el mal que pudre todos los órganos vitales del cuerpo del Capital. Como al totalitarismo estaliniano, al capitalismo también le llegará la hora de su colapso. ¿Cuándo? Bueno, esa es materia para las fantasías de los profetas, los magos y los futurólogos que surgen y se multiplican cada fin de milenio. No creo equivocarme si digo que usted, con toda su sensibilidad e imaginación de poeta (debo decirle que desde mi adolescencia soy lector atento de su poesía y reconzoco que ha sido esencial en mi formación literaria), su amplia cultura y su pasión por la crítica, no va al centro de los problemas que afectan dramáticamente al nuevo orden (¿o desorden nuevo?) en el que dominan los barones del Dólar, del Marco y del Yen: se queda en la periferia, no va al fondo, su crítica es tan leve como leve era la preocupación por la guerra y el reclamo que –según Bertolt Brecht- hacía aquel tendero alemán a los militaristas hitlerianos: temía que en un momento dado las bombas de la aviación enemiga destrozaran los cristales de SU tienda. Lo demás: el fanatismo, los campos de concentración y exterminio, la locura asesina de los nazis, le tenían sin cuidado. Sin duda exagero con el símil (usted no tiene mentalidad de tendero y menos simpatiza con la ultraderecha), pero tenía ganas de decirle esto.



Publico estas líneas, don Octavio, porque he decidido asumir la responsabilidad del que provoca, ejerce y defiende la crítica, el debate de ideas. Soy consciente de ser un escritor incómodo que causa reacciones a diestra y siniestra, es decir: de las izquierdas dogmáticas y oportunistas (hundidos en la cultura priista, estatólatras, debido a un raro fenómeno ideológico y a la vez psicológico); y de las derechas, en sus versiones que van del Opus Dei y Provida, al panismo conservador y cínico que usted y el historiador Enrique Krauze consideran esencialmente democrático, al posmodernismo primermundista, hasta el priismo autoritario y dedólatra. Claro, no soy un curioso francotirador que se cree apolítico. No: me defino socialista, democrático, libertario, aderezado con yerbas anarquistas, condimentos iconoclastas y sabrosas salsas humorísticas. En suma: Soy un libertario convencido de que fue bueno el derrumbe del Imperio de la URSS, aunque debo decir que me dan risa Yeltsin y sus secuaces, demócratas y libremercadólogos de última hora. Estoy convencido, también, que el Imperio norteamericano y el capitalismo no tienen salida: sus contradicciones son insalvables. ¿Cuándo surgirá el Gorbachov del Imperio de la Mac Donalds, la Coca Cola y el dólar?. Qué fantasiosa y oportunista idea del "fin de la historia", el "fin de las ideologías", el triunfo del capitalismo hasta el final de los tiempos (¿se refiere al apocalipsis?), predicaba no hace muchos meses, Francis Fukuyama, el ideólogo del neoliberalismo capitalista, en su libelo precursor de la estandarización cultural y política del mundo a partir del American Way of Life. Tal vez surja –ojalá- un socialismo democrático, creativo, que respete la libertad del individuo, sensible a los graves problemas de las naciones y los ciudadanos del mundo, capaz de recuperar los enormes logros del capitalismo, y de poner en práctica la utopía marxiana. ¿Será cierto que en nuestra época –como han dicho Charles de Gaulle y Louis Althusser- "El futuro dura mucho tiempo"?



Paso a otro asunto, don Octavio.



Me gusta el teatro. Me apasiona el teatro... pero en el escenario. He leído con placer los usos que usted hace de la metáfora teatral. En su libro Pequeña Crónica de Grandes Días, abundan. En primer lugar las líneas que dan pie al epígrafe de esta carta. Encontré también: "... como si se tratase de una tempestad de teatro...", "...teatro de propagandistas y demagogos...", "... la historia es un teatro fantástico: las derrotas se vuelven victorias...", "... nuestras conciencias son también el teatro de los conflictos y desastres de este fin de siglo...", "...el teatro de nuestros actos y pensamientos se desmorona continuamente...", "...desde la Independencia la América Latina ha sido el teatro de incontables experimentos políticos...".



De estas frases suyas retomo la del "teatro del propagandistas y demagogos", para decirle, simplemente, que es una pena que venga a Monterrey, casi secuestrado, en exclusiva para la Familia Tec (así se hacen llamar, en un arrebato propio del sentimentalismo Kitsch). Es dudoso que en la familia 2200 (es, aproximadamente, el número de butacas en la sala del Teatro Elizondo) de sus miembros estén realmente interesados en escuchar sus ideas en torno a El Laberinto de la Soledad, digo dudoso porque el vocero del Clan ha dicho que la Familia también la forman empleados, mozos, secretarias, y que ellos quieren acudir a su conferencia seguramente no para oír lo que usted dirá, don Octavio, sino a verlo, simplemente a verlo en persona para constatar si es parecido al que sale en la televisión. Seguro, que muchas personas que pertenecen a la Family Tec jamás han oído su nombre o no lo ubican como el gran escritor mexicano que es usted.



Pero eso no es todo. El arquitecto y poeta Alfonso Reyes Martínez, en un arrebato voyeurista y de amor por las multitudes, ha declarado a la prensa: "Octavio Paz no viene desde la Escuela de Verano de la Universidad en los años 50, creo que ahora que es un intelectual de primer orden debe verlo más gente". Para verlo a usted seguramente el poeta estaba pensando en el estadio de los Rayados del Monterrey, o en el estadio de los Tigres de la UNL. Tal vez en el parque de beisbol.



La verdad es que a pocos, muy pocos, les interesa escucharlo, intercambiar ideas o abrir un debate en torno a su libro, a las ideas que sobre México y los mexicanos sustentaba usted en 1950, y las que, al paso del tiempo que todo lo corroe y transforma, sustenta en este México de gobernantes autoritarios y gobernados rebeldes y contestones.



Es triste decirlo, pero a usted lo han traído a la celebración del Cincuentenario del Tecnológico para exhibirlo, no para escucharlo. Quieren que la Family lo vea en vivo y a todo color, y montan, con mucho humor involuntario y no pocas situaciones absurdas, un "teatro de propagandistas y demagogos". ¿No cree usted que estamos asistiendo, una vez más, (Televisa lo hace todos los días) a una obvia y burda manipulación de su imagen? ¿No cree usted que a la Family (salvo honrosísimas y no pocas excepciones, hay que decirlo) le vale gorro Ladera Este, Estación Violenta, Las trampas de la fe, El Ogro Filantrópico, y sus posiciones como intelectual crítico? Hay en todo esto un hecho evidente: usted es un famoso, un Premio Nobel, un personaje que hará lucir el Cincuentenario del Tecnológico de Monterrey.



Son las leyes del mercado capitalista y los usos de la cultura en la era de la imagen, de la cosificación, en la sociedad del espectáculo global. Importan las obras artísticas e intelectuales sólo en calidad de objetos para la compra-venta. Y lo peor: esta lógica implacable convierte a los artistas y los intelectuales en figurines despojados de su valor cultural y de la práctica política que como ciudadanos ejercen.



Así, los manipuladores de imágenes, sin pudor pero con mucha liviandad -diría nuestro querido amigo Carlos Monsiváis-, emparejan a los artistas e intelectuales con los astros del futbol, con las estrellas de la canción de moda, con los campeones del box, los políticos exitosos y carismáticos, los hombres más ricos del país, y en el descuido hasta con los célebres Capos del narcotráfico.



Creo, estimado Octavio, que eso es justamente lo que los imagólogos de la televisión privada han hecho con su figura y con sus ideas. No hay duda que la difusión de su conferencia a la Family Tec ha sido tratada con esa mentalidad. Ellos piensan: Octavio Paz es una personalidad, un escritor Premio Nobel conocido internacionalmente, crítico de las izquierdas, ergo: Octavio Paz es uno de los nuestros, una imagen que vende. Sobra decir que con ese formato cultural, la crítica, el diálogo, el debate, no existen; y cuando tratan de abrirse paso entra la multitud fascinada con el culto al Personaje, los moderadores: filtran, manipulan, censuran, es decir: atajan las palabras que empeñan la imagen; los movimientos y tonos que subvierten el orden; las ideas que provocan pensamientos y agitan a los presentes. Difunden profusamente los chismes y escaramuzas entre los escritores e intelectuales, pero no abren al debate y la información a la Familia y sus clientes, por ejemplo, a lo que dice usted en su libro Posdata y la razón moral y política de su renuncia a la embajada mexicana en la India los días posteriores a la matanza de estudiantes y ciudadanos en la plaza de Tlaltelolco el 2 de octubre. Los imagólogos del poder prefieren sociedades idólatras y desinformadas. Entonces, no es de extrañarse que deseen convertirlo en Ídolo Nacional de la Literatura y la Ideología, en el Presidente Eterno de la República de las Letras Mexicanas. Usted lo ha dicho: son "Grandes Especialistas en el Arte de la Beatificación y Momificación".



Carl Bernstein, el periodista que con Bob Woodward destapó el caño del Caso Watergate y publicó el libro All the President's Men, a propósito de los medios informativos estadounidenses (yo agregaría a las instituciones educativas y culturales) ha escrito en su ensayo La Cultura Idiota (Nexos no. 177. Sep-1992): "Cuando cubren la vida real, los medios -semanalmente, cada día y cada hora- abren nuevo terreno a la malinformación. La cobertura está alterada por el culto a la celebridad; por la reducción de las noticias en beneficio del chismorreo, que es la forma más baja de la noticia; por el sensacionalismo que es siempre un alejamiento del estado verdadero de una sociedad; y por un discurso político y social que nosotros –la prensa, los medios, los políticos y la gente- estamos convirtiendo en una cloaca (...) Estamos en vías de crear, en suma, lo que merece bautizarse como la cultura idiota. No una subcultura idiota, que bulle bajo la superficie de todas las sociedades y que proporciona una diversión inofensiva, sino la cultura misma. Por primera vez en nuestra historia, lo desaforado, lo estúpido y lo vulgar se están convirtiendo en nuestra norma cultural, incluso en nuestro ideal de cultura (...) Las fallas de la prensa han contribuido inmensamente al surgimiento de una nación de show dialogado en la que el discurso público se limita al desvarío, al delirio y a la pose (...) La realidad es que hoy los medios de comunicación son probablemente la más poderosa de todas nuestras instituciones; y están dilapidando su poder y haciendo a un lado su obligación. Ellos –más exactamente nosotros- hemos abdicado a nuestra responsabilidad y la consecuencia de nuestra abdicación es el espectáculo, y el triunfo, de la cultura idiota".



Salvando las diferencias (después de todo allá se dicen primermundistas), la crítica de Bernstein dice mucho acerca de la mayoría de nuestros medios de comunicación e instituciones de educación y cultura. Usted debe saber, don Octavio, que Monterrey es la ciudad latinoamericana que más imita a Gringolandia. Muchísimos de sus ciudadanos que les encanta llamarse Regios, de clase media para arriba, sueñan con que la otrora ciudad conocida como la Sultana del Norte se parezca a San Antonio, Houston o Dallas,Texas.



Otro asunto que no quiero pasar por alto es el que tiene relación con mi opinión sobre la polémica Vuelta-Nexos. Creo que esa polémica estuvo (y está, potencialmente) centrada en los intereses de intelectuales más o menos distantes, pero siempre en la órbita del poder: unos, bajo la mirada todopoderosa del Ojo Filantrópico del Príncipe; otros, bajo la tutela mercantilista del Ojo Electrónico y el dinero privado del Dueño. La cuestión es que ambos, en las condiciones actuales de México, representan, simbolizan, al Padre Padrone despótico.



Al respecto, recientemente, en abril de este mismo año, como lo hago con usted ahora, escribí una carta pública a Carlos Fuentes en la que le decía: "En estos días, en otro contexto internacional y otro México muy distintos, en otro panorama intelectual y literario (República de las Letras, diría José Agustín), sus críticos –Digamos Enrique Krauze, Octavio Paz y los escritores que se agrupan en la revista Vuelta- ¿respiran por la herida y sus críticas son chicas o miserablemente locales, como usted lo ha afirmado? Pienso que su posición, como las de los escritores que organizaron el Coloquio de Invierno, chocan con las del grupo Vuelta, difieren no sólo en torno a los conceptos democracia, neoliberalismo, libre mercado, justicia, identidad nacional, modernidad, sociedad civil, socialismo, libertad... Creo que es una batalla por el control de las instituciones oficiales de cultura, batalla que se define entre los Dueños y sus Gerentes (con el tigre Azcárraga a la cabeza) y los intereses del Estado-gobierno-priismo. Ambos poderes se mimetizan, se confunden tanto que hasta intercambian los papeles principales (como en las obras teatrales de Luigi Pirandello).



En fin. Pienso, Carlos, que aún con los matices, individualidades y diferencias que existen en ambos bandos (Nexos y Vuelta), en el fondo no es más que pleito de familia, una muestra clara de que los intelectuales mexicanos no se mueven con la libertad necesaria para enfrentar al Dueño y al Príncipe, en un solo movimiento y discurso crítico, es decir: a los intereses de los empresarios de la última cena (la de la charola para financiar las campañas del PRI), y a los intereses de sus amigos en el poder: los tecnócratas y los dinosaurios adoradores del ancestral Dios Dedo".



Como puede ver, don Octavio, aunque usted y yo no tenemos la misma visión sobre las izquierdas post Muro de Berlín y disolución de la URSS (reitero: no todas las izquierdas mexicanas, lationamericanas o internacionales fueron, o son, estalinistas, neoestalinistas o dogmáticas), sí coincidimos en la crítica radical al burocratismo autoritario seudomarxista que en nombre del socialismo real cometió crímenes y difundió mentiras injustificables. No coincidimos en la visión que tenemos del México actual, del neoliberalismo, la idea de democracia y el papel de los escritores e intelectuales en esta hora de definiciones y compromisos que anuncian un orden neoliberal peor que el que conocemos ahora, que va rumbo a la debacle planetaria.

9.5.12

Entrevista de Karen Vila (III) . Última parte.


Karen Vila: ¿Tú crees que el odio es un sentimiento necesario?

Domingo de Ramos: Yo creo que sí, porque también te lleva a no soportar las injusticias.  Por ejemplo aquí el peruano no tiene odio, le es indiferente al odio y confunde las cosas, y  hay tanta tiranías y no se atreve a salir a las calles a manifestar su repudio su inconformismo y es por eso que le pasa lo que le pasa y no se tira abajo un sistema, el poder, o a los políticos. Porque después de su pataleta no tiene un proceso de odio, no agarra las armas para cambiar las cosas y soporta, soporta y soporta. En ese sentido es pacífico y a la vez no tiene espíritu de rebeldía, por eso es necesario el odio.



K.V.: Y este letargo que te atormenta tanto de las personas del país, la has sentido más en la ciudad ¿?

D.R.: Sí, porque acá hay una pasividad terrible. El hombre de esta ciudad es muy pasivo, muy receptivo, más que actuante o tener propuesta, es una frustración su accionar o su inercia ante las cosas.



K.V.: Otra cosa es que hay referentes como muy específicos, o lugares como el bar la Mía Farrow ¿Con qué intención lo plasmas?

D.R.: Sí, es una cantina que existía en mi barrio ahora en vez del bar hay una farmacia. Lo puse para testificar, que en ese lugar yo hablo con mi grupo de amigos militantes hablo de política, no hablamos nada de poesía, y allí complotábamos contra el poder, contra un alcalde corrupto, y sacábamos pronunciamiento y volantes entre otras cosas.



K.V.: También comparas la ciudad con los muslos de alguien, ¿corporalizas mucho la ciudad?

D.R.: Sí, la ciudad para mi tiene un sentido femenino. No sé por qué tengo esa fijación, pero la ciudad la veo como una mujer.



K.V.: También aparecen espacios como los parques, que esa época eran lugares oscuros? ¿?

D.R.: Sí, pero no estaban enrejados. El parque era un sitio de libertad, porque podías hacer el amor ahí, o podías fumar o drogarte o emborracharte y nadie te molestaba.



K.V.: ¿En algún momento te dirigías a alguien más, como una persona que tiene un tiempo, que hace algo o un amor frustrado a hacia alguien?

D.R.: Sí de hecho, pero está entre líneas. Allí encontrarás amores frustrados deshechos por alguna razón. Para mí también la ciudad  le tengo esa sensación, algo que no se acaba como un gran edificio, como un gran elefante blanco y no se porque, como los cambios que tiene que haber en esa sociedad pero que no se realizan nunca.



K.V.: Para ti ¿Cuáles serían las armas para cambiar esta sociedad?

D.R.: Como poeta creía que la poesía podía cambiar al mundo, pero no. Eso es imposible. La otra posibilidad es la política. Hacer una política honesta como decía Mariátegui con hombres y mujeres probos y si no se puede que el mismo pueblo se levante porque sólo  él puede hacerlo. Pero como poeta no.



K.V.: El medio de la revolución del Movimiento Kloaka era el amor a la vida como medio de cambio ¿Eso todos lo tenían en común?

D.R.: Sí claro era nuestra propuesta en ese tiempo ante la guerra interna, el aparato del estado que mataba a diestra y siniestra como en el otro bando. En este fratricidio era  vital entonces el amor, la solidaridad. Pero ese discurso no se pudo dar plasmarse para que el país no se desangre, porque se alzaba un discurso hegemónico que se enfrentaba al discurso de los alzados en armas y nuestro discurso aparecía como de unos hippies no tenía un asidero en la realidad, más sí en las cuestiones mentales, en lo ideológico. Y ese discurso se va desgastando porque hay una guerra de por medio. Hay dos sistemas intolerables uno al otro, y un discurso así no tiene sentido, tú no puedes poner una rosa en un tanque que dispara.



K.V.: ¿Este fue uno de los motivos por los que se disolvió el Movimiento Kloaka?

D.R.: La realidad nos disolvió. La imposibilidad de que esos sueños se cumpliesen, frustrados de alguna manera. Eso cundió en el grupo, a todos. Entonces fue mejor disolvernos, cada uno con sus cosas, pero tristes porque no se lo logró lo que el Movimiento quería.



K.V.: También existe una especie de barrer con todo de forma física o espiritual entre el sujeto poético y la ciudad ¿?

D.R.: Lo que pasa es que hay un sentimiento de vanguardia, la vanguardia nunca está con las masas sino con el que grupo que lo dirige. Esa cuestión era más política, y pensábamos que éramos la vanguardia de la poesía de ese tiempo, que no estaban a nuestro nivel, y éramos soberbios, éramos jóvenes, pero esa soberbia se frustro como grupo, y no tuvimos la capacidad de conectarnos con las voces del pueblo, con los que proponían ellos o trataban de insinuarnos un camino y no le dimos la atención necesaria.



K.V.: Otra de las cosas es la presencia de los obreros ¿Tú has visto mucha gente obrera?

D.R.: Sí claro, el barrio donde yo vivía habían obreros, volvían de trabajar más desgastados, y más cosificados que nunca, ese era el problema. Iba una persona y regresaba una cosa, en ese viaje se iba envejeciendo, y se volvían una sombra, anulándose de por vida.



K.V.: Otro tema es el tema del calor o el fuego ¿Es como algo relacionado a la cólera?

D.R.: No, yo creo que el fuego era una especie de purificación. Cuando los antiguos quemaban al cuerpo en una pira, el cuerpo comenzaba a diluirse a ser parte de la naturaleza, al fuego lo veo como purificación no como destrucción y además tenían un sentido ritual.



K.V.: También aparecen algunos escenarios interiores, dentro de espacios y ya no en la calle ¿?

D.R.: Hay varios caminos, pero ya es más subjetivo. Es un yo poético que ya no transita en la calle, sino que está recorriéndose el mismo viéndose el mismo, viéndose a través de un espejo y viéndose reflejarse así mismo, es como en un poema intimista.



K.V.: ¿Es el único?

D.R.: Sí, los demás son en la calle. Por ejemplo Banda Nocturna es un manifiesto de mi generación, cuando decía derribar las gordas columnas de la justicia que al final acaban  en nada y reflejaba un sentido de frustración de mi generación, pero no digo que todos sean así, sino es el sentimiento de ser joven en los años 80.



K.V.: ¿También has sentido a Lima como la gran nada en algún momento? Con una falta de espíritu y una humanidad reflejada en la ciudad ¿qué tanto eso a calo en ti? Como un lienzo en blanco…

D.R.: Si, lo que pasa es que Lima se hace monstruosa y ajena, como escribía Ciro Alegría, Lima es ancho y ajeno para un provinciano como yo. Entonces se pone agresiva y te hace sentir un extranjero en sus propias calles y esos sentimientos lo he tratado de plasmar desde la perspectiva de un provinciano pero en poesía.



K.V.: ¿Cómo nace tu interés en hablar desde una voz provinciana?

D.R.: Es que toda mi vida he estado rodeado de provincianos y yo he asimilado mucho eso, la gente venía a mi casa, y mis tíos familiares venían y hablaban que les parecía Lima y hablaban con castellano muy particular como mascado, entre imágenes y dialectos que no entendía muy bien o en su dulce idioma del runasimi. Y no era un problema en ser un provinciano y que ser crítico de una ciudad como Lima.



K.V.: Una de las cosas que aparecen en el recorrido es que aparece la información ¿qué sentías tú cuando la ciudad te informaba?

D.R.: Bueno la ciudad no me informaba yo era protagonista de la información ya que era un activista dentro de la ciudad mas cuando ingrese a la universidad, pero no tanto como en los años 90 donde la propuesta era del estado que cuyo sistema era la de desinformar a través de lo que se llama psicosociales ese tiempo y había una prensa amarilla y roja que hablaban sobre los delincuentes, que en algún momento ese mundo lumpen se le veía como algo heroico y que asaltar un banco era toda una hazaña y que ellos eran unos héroes eran unos “Robin Hood”, ese mundo lo utilizaba y también su modo de vida porque era marginal y fuera del sistema. Esto era cotidiano y gracias a esta prensa y a los gobiernos de turno es que la población se sumió una ignorancia total en una mediocridad que hasta ahora arrastramos y se ha pronunciado más hoy en día.



K.V.: La pregunta final sería ¿qué significaba para ti Lima en los años 80?

D.R.: Para mí, Lima era más amable, me gustaba porque no había muchos edificios que rompían con la perspectiva, había una Lima colonial que también me interesaba y me gustaba. Era más armónico que ahora. El caos de la ciudad tenía su encanto, hice del caos una opción poética, un aporte poético a partir del caos. Cruzar sus calles era una sorpresa diaria y cotidiana, algo nuevo había, algo nuevo que yo descubría e incluía en mi discurso, por eso  me gustaba Lima.



K.V.: Ya con respecto al presente ¿qué significa para ti Lima, en esta época?

D.R.: No lo sé, Lima se ha desfigurado para mí, en muchos aspectos, hay edificios supermercados enormes, con una actividad comercial enorme, que están desnaturalizándolo. Esta Lima ya no me pertenece, es una Lima que ya no la siento. Es una Lima que no está cambiando para bien, sino para mal. Eso creo.



K.V.: ¿En la época de los 80 que espacio simbolizo Lima?

D.R.: Para mí, la parte más simbólica era el Parque Universitario, que de niño lo he frecuentado en donde he encontrado personajes que yo jamás voy a ver otra vez, entre estos he encontrado al personaje de mi libro el “pastor de perros”, que a eso las 3 o 4 de la mañana iba con una jauría de perros. Por eso me gustaba el Parque Universitario.