19.2.09

Leído en la presentación del libro Las cenizas de Altamira en La Noche de Barranco

*Por Victoria Guerrero ¿Estamos aquí para rescatar un libro? Sí y no Yo diría que estamos aquí para celebrar a un Poeta y, de manera personal, a un amigo, porque Domingo de Ramos le ha sacado el jugo a la poesía y a la vida, con todo lo que ambas tienen de difíciles y perturbadoras. Domingo de Ramos, hoy, invitándonos a rescatar su libro, nos anima a la relectura y a la confírmación -para aquellos puristas de la literatura- de que hace mucho tiempo, él y su poesía, han llegado a las ligas mayores y forman parte importante de nuestra tradición poética. Lo mejor para aquellos que lo queremos y admiramos su trabajo, es que no ha tenido que conceder nada, ni en la actitud, ni en el lenguaje ni en la temática. Desde Arquitectura del espanto, su primer libro, publicado en 1988 hasta Erótika de klase (2004) pasando por Pastor de perros (uno de sus libros más celebrados) y las Cenizas de Altamira, Domingo ha sabido imponer tercamente su propio estilo y su propia manera de “decir”, ambos políticamente in-correctos. Poeta de la migrancia, poeta de las márgenes le han dicho, lo hemos definido -nosotros los críticos- que nos gusta clasificar, a veces, amansarlo todo; pero en la poesía de Domingo algo genial siempre queda “chúcaro”, imposible de doblegar y clasificar como él mismo. Algo tierno y amargo estallan en versos que parecen no tener fin donde el lenguaje se vuelve un espacio de lucha y sensaciones. En ese contacto violento y deslumbrante con la urbe surge una poesía bella e impura, repleta de neologismos, “errores ” gramaticales que adquieren en su poesía una riqueza singular. La riqueza del sujeto migrante que se ha criado entre lenguas y, por lo tanto, su escritura siempre lleva la marca, la huella ingrata (o feliz, según se vea) de esa ruptura. Debo confesar que mi lectura de las Cenizas de Altamira es reciente. No tuve la oportunidad de leerlo hace 10 años, cuando recién se publicó, en 1999. Este libro es el más conceptual y elaborado de su producción. Como objeto, explora los intersticios entre la poesía y la fotografía, además del diseño. Uno se lleva a las manos un pequeño dossier de artistas famosos como Herman Schwartz, y de otros que lo son recientemente como José Carlos Martinat o Cherman. Las Cenizas es un libro de pérdida y crisis, que narra el descalabro de una ciudad y, a la vez, su posibilidad utópica de reconstrucción. Es un pachacuti que está esperando el momento exacto para volver. De allí que todos los personajes nos hablen a partir de su ruina, tanto corporal como espiritual. Altamira es el lugar primitivo, la cueva en la que el hombre representó a la naturaleza y se distanció de ella para dominarla. Este poemario, es la “venganza” de aquella naturaleza doblegada por la cultura. Finalmente, Altamira termina siendo la metarreflexión de un artista periférico sobre el origen de la cultura occidental. Digamos que era necesario poetizar la destrucción de la gran metropoli, porque solo de sus ruinas (de sus “cenizas”) puede ser posible la construcción de un cuerpo, una ciudad y un arte nuevos. Incluso me sentiría tentada a decir la fundación de un “Amor Nuevo” que invariablemente, dentro del poemario, se esfuma delante de los personajes, cuyo espíritu es oscuro, torvo, angustiado, como aquel “Nevermore”, aquel graznido profético de Poe, que canta uno de los personajes de este libro. Los personajes no tienen memoria, ni huella, solo olvido (y no sé por qué eso me recuerda a nuestra terca historia presente de olvidos y eternos retornos políticamente vergonzosos) . Por eso la ciudad y los cuerpos se hunden, y uno se convierte en el espectador indiferente de su caída. Solo queda la soledad indescriptible de los personajes que se enfrentan a la Muerte. Y cito aquí unos versos del poema “Ulladina”, que reflejan este sentir: Dejas lo que no dejas indistintamente sin otro movimiento fijo Que mis ojos enroscándose en tu cinura Y sin sentido abierto a la vera de cualquier sueño Busco un cuerpo más roñoso que el mio Para fingir recordarte o vararte y darme de espalda contra tu olvido Con ese sondaje delgadísimo con que trato de apresarte Pero inutilmente la realidad es un rinoceronte blanco Como blancos son tus pies mojados y estoy reconociendome Y solo la ciudad es verdad es incierta la pasión las palabras El holograma de un hombre sin zapatos pañales tendederos Allí donde me cuelgo ganchudo como una bella soledad Donde no me oyes porque tú no me oyes …. Encuentros y desencuentros El recorrido de Domingo, como sujeto, es realmente fascinante. De su Ica natal a los arenales de San Juan de Miraflores, su encuentro con el mundo Sanmarquino y sus viajes a Europa han construido a un artista que se ha nutrido de todo lo que sus ojos podían ver y aprehender en espacios tan radicalmente disímiles entre sí. Si Arquitectura del espanto y Pastor de perros poetizan el encuentro frontal y desencantado de la urbe limeña y sus márgenes, Las Cenizas surge de su deslumbramiento con Europa. Su primer viaje en 1996, luego de Ganar el Copé por su libro Ósmosis, lo llevan allá. Una de sus escalas: el aeropuerto de Moscú, donde percibe los rezagos de la caída ideológica y las miradas de rechazo hacia lo extranjero. Posteriormente, Barcelona abriría un poco su mirada, pero fueron la convivencia del museo y la modernidad de París lo que lo fascinaron y a la vez lo agredieron. El Nuevo mundo no resultó siendo más bello ni menos salvaje que nuestro mediocre mundo sudaca. Él mismo lo declaró en una entrevista al diario Correo de Trujillo en el año 2007: En ese viaje la impresión de Europa fue muy fuerte. Lima se me empequeñeció, se hizo una ciudad enana llena de liliputienses. En los cuatro meses de mi viaje se cayeron varios mitos de mis lecturas, del cine y de la poesía, y toda la cultura occidental. La actitud de los europeos ha caído, hablando con dureza, da asco. Son gente que se está amurallando para que la gente no entre en su territorio, y ellos pueden entrar a todo el mundo. Me dio una mala impresión. Todas esas experiencias cambian tu poética. Desde esa primera impresión hasta hoy muchos viajes y muchos versos han corrido, felizmente y para bien de nuestra poesía. Desde el muchachito militante del colegio, con brazalete rojo en el brazo, luego integrante del movimiento poético Kloaka hasta el reconocimiento de su obra fuera, en Europa y recientemente en los Estados Unidos. Para los que hemos tenido la oportunidad de estar cerca de Domingo en los últimos tiempos, sabemos del hombre sensible que es, del luchador constante que ha intentado superar la enfermedad, que se ha levantado de sus cenizas (si cabe ello para esta celebración, una metáfora de un libro y un artista reencontrados) y que ha gozado con el hallazgo de una familia y una nieta, símbolo de ternura y vitalidad. Y esas noches en las que Victoria Guerrero pelea con Domingo de Ramos por “ni un solo trago más”, es que te digo que te quiero, que te queremos aquí para celebrar esto y lo que se viene, tu “Dorada Apokalypsis”. Lima, 16 de febrero de 2009. *Poeta y crítica y directora de la revista Intermezzo Tropical.

2 comentarios:

Michael dijo...

MUY BUENA LA FOTO..QUIEN LA TOMO?

Presencia dijo...

Ahora también.. en PResencia Cultural.

http://www.presenciacultural.com/blog