2.12.09

"Una historia que no se puede fijar"

“Una historia que no se puede fijar”: La silenciosa algarabía de Paolo de Lima[1] Por Domingo de Ramos De un tiempo a esta parte, da la casualidad que en varias presentaciones que he hecho de libros de poesía hay lecturas en común de jóvenes poetas que hacen de los escritores de una tradición tan robusta como la peruana unos clásicos. Y es que la mirada de estos autores recurre a ellos, a quienes leen y convierten en su referente más inmediato. Estoy hablando, concretamente, de la poeta Blanca Varela, fallecida hace poco tiempo en esta ciudad capital. ¿Y qué hay de común entre estos jóvenes poetas? La verdad que muy poco. Son muy distintos entre sí tanto en generación como en género. Sin embargo, Blanca Varela es el único nexo donde se puede decir que coinciden plenamente. Silenciosa algarabía, tercer poemario de Paolo de Lima, escoge un verso de la citada autora de Concierto animal anunciando un nuevo giro a su poética; es decir, distinta a sus primeros libros Cansancio, de 1995, y Mundo arcano, del 2002. El breve conjunto empieza con un poema que dará el tono a toda la producción del libro: “Una historia que no se puede fijar”, donde el sujeto poético confronta la realidad, los sueños y los deseos muchos de ellos con un tono que en primera instancia podría denominarse como derrotado al no poder fijar la historia, ese flujo de tiempo en que la humanidad crea no solo su edad en el espacio físico y mental sino lo cronológico y sus intervalos con el poder que conflictúa toda relación humana; así como también hace mención a la vejez y su lento devenir que acabara en la nada. El acendrado nihilismo empaña todo el texto. Fragmentarios versos que van a darse con una musicalidad exaltada pero contenida. Y es que Paolo de Lima pertenece a una generación a la cual se le ha dicho de todo. Desde “generación postmoderna”, “generación X”, “de la Globalización” o “del Tercer Milenio”. De Lima perteneció al grupo Neón muy a inicios de los años 90, después de la caída del muro de Berlín y al final de la “guerra sucia” iniciada por el Estado peruano en su enfrentamiento con Sendero Luminoso y el MRTA. El ascenso al poder del fujimorato y la disolución de la democracia formal burguesa; la captura de Abimael Guzmán y gran parte del comité central de su partido; las conmemoraciones del Quinto Centenario del viaje de Colón a las Américas; y el colapso ideológico y político del orbe soviético y el desprestigio de los socialismos realmente existentes. Todos estos acontecimientos y fenómenos sociales marcaron a su generación y es aquí en este poema donde ello se hace patente. Tal estado de ánimo se trasmite en todos los versos, si bien desde una interiorización sumamente reflexiva y consciente de los límites y alcances de la palabra poética. Cito: “Una historia que no puede fijar, nómada / y errante Historia que no se cuenta Ni a si / misma siquiera Sin pasado No tiene relación / con nada Ni con el tres ni con el mañana”, dice el poeta para terminar con “Una historia que no se puede fijar, que nadie desea, / que nadie (no hay nadie) desea fijar”. El énfasis con que termina el poema permite pensar que se opta con una ida sin salida; un sin retorno y sin memoria. Los otros textos siguen estas coordenadas diseñadas por el primer poema antes citado, pero con una desazón existencial frente al absurdo de la existencia que lo lleva a enumerar las cosas porque están allí sin alma y sin objeto construyendo voces neutras aglomeradas que van empujando como un tren verboso recorriendo grandes ciudades, grandes metrópolis como una orquesta anárquica de jazz que van de Nueva Orleans a Ottawa, ciudad donde el poeta residió, a Boston o Filadelfia, y “así ira marcando su vuelo / en el cielo con ese paisaje debajo / y no sé si es en la mañana o en la madrugada”, como se lee en otro de los poemas de Silenciosa algarabía. Lo que sí se puede pensar es que estamos ante una poesía metafísica o, como señala Roger Santiváñez en la contra carátula del libro, en “un devenir neobarroco” que expresa la realidad como hecho carnal o efímero en el idioma y a través de una mirada que no interpreta ni organiza en líneas lógicas ni sentimentales su objeto sino que prefiere dejarlos fluir en una especie de naturalidad bárbara en la plenitud del silencio, el angustioso silencio que lo acompaña a lo largo del libro. Es una poesía escéptica de sí misma, opuesta a la confianza en el poder y vitalismo comunicativo de la poesía de las generaciones anteriores. Sin duda, Paolo de Lima abre un capítulo original en la ya nutrida trayectoria de su generación. Salve. Miraflores, 30 de noviembre del 2009 [1] Texto leído el lunes 30 de noviembre del 2009 en la Feria del Libro “Ricardo Palma” de Lima durante la presentación de Silenciosa algarabía (Tranvías Editores), en la que también formaron parte Victoria Guerrero, Martín Rodríguez-Gaona y, como moderador, Óscar Limache.

1 comentario:

John dijo...

Paolo de Lima no es sólo uno de los mejores poetas de su generación, pese a las envidias de sus contemporáneos, sino un crítico lúcido e informado. De lejos, junto con Luis Chueca, de las mentes críticas más valiosas surgidas en los 90.