7.5.10

Ionescu . !Dios, haz que crea en ti!

¡Dios, haz que crea en ti! Eugéne Ionesco . Dramaturgo del teatro del absurdo junto con Samuel Beckett son los puntales de esta corriente, uno de los grandes renovadores del género que tuvo muchos puntos en común con Sartre y Albert Camus. Sus obras son. La cantante calva, El peatón del aire, El porvenir está en los huevos; Jacques o la sumisión…El rinoceronte, Las sillas, La lección, El maestro, El asesino sin sueldo, Rinoceronte y otros relatos. Ionesco escribe sobre sus miedos y fantasmas que lo abruman desde su infancia. Aquí algunos fragmentos. A los cuales podría suscribirme tranquilamente. ¡Dios, haz que crea en ti! “¿Cuándo me di cuenta por primera vez de que el tiempo “pasaba”? A los cuatro o cinco años me di cuenta de que me haría cada vez más viejo, de que me moriría. Hacia los siete y ocho años me decía que mi madre iba a morir un día y me trastornaba ese pensamiento. Sabía que ella iba a morir antes que yo. Aquello se me presentaba como una interrupción definitiva del presente, porque todo era presente. Un día, una hora, me parecían largos, sin límite. No veía su final…Intento, desde entonces, todos los días, asirme a algo estable, intento desesperadamente volver a encontrar un presente, instalarlo, ampliarlo.” “Hace ya bastante tiempo que he nacido. Hace, a la vez, mucho tiempo y muy poco tiempo. Todavía no he llegado a comprender lo que me ha pasado. Me queda muy poco tiempo para comprender lo que todavía no he comprendido y no pienso que pueda lograrlo. Tampoco he llegado a admitirme a mí mismo…Las satisfacciones que he buscado para colmar una vida, un vacío, una nostalgia, pocas veces han conseguido enmascarar el malestar existencial. No he sido verdaderamente feliz más que borracho, pero el alcohol mata la memoria y sólo he conservado recuerdos brumosos de mis euforias.” “En cuanto llega la noche me invade el pánico. Llega a mis espaldas, o más bien me hundo en ella. Un océano negro en el que me ahogo. Deseo la soledad pero no puedo soportarla. Pienso en ellas dos, siento miedo por ellas. Miedo a morir, a no volverlas nunca más. Necesito el alcohol. Basta un vaso para que desaparezca el miedo. En la seguridad surge la agresividad, se extiende. El aburrimiento también se expande en la seguridad, pero cuando estoy furioso todo va mejor todavía.”