6.1.11

El Buho de Arequipa

A modo de un adiós Domingo de Ramos, que no es el día santo antes de la crucifixión, no quería una crónica acerca de su ferial estadía en Arequipa, quería una entrevista y lo pidió justo frente a la persona indicada. Entonces indicado quedé yo de hacérsela, pero ésta no se realizó, es decir, tuvo una pregunta inicial pero nunca hubo, ni habrá, la pregunta que cierre el ciclo. Recuerdo que lo último que le pregunte fue algo como ¿a qué hora sale tu carro? Una semana después de partir de Lima hacia nuestra ciudad, Domingo de Ramos, el poeta fundador del movimiento Kloaka, estaba a punto de concluir su estadía en nuestra ciudad; y a mí sólo se me ocurrió preguntarle la hora de su salida. Quizá fue porque, días antes, ya había perdido el bus que tenía que llevarlo de vuelta hacia su ciudad, y yo, que de alguna manera era su custodio en Arequipa, me preocupé por el asunto del viaje. Debo confesar que me sentí algo así como un hermano atorrante, y es que al final de todo, Domingo, poeta subte que ha vivido sin duda muchas más vidas que yo, terminó por convertirse en un hermano mayor. Domingo de Ramos es un personaje peculiar pero firme, como sacado de una película de Martin Scorsese o una novela de Jack Kerouac. Su mediana estatura no tiene nada que ver con su osadía. Hay violencia en cada uno de sus actos y sus palabras, pero no es violento. Tiene por momentos en su rostro un gesto adusto, que intimida, que hace pensar que se levantará de la mesa y se irá mandando al diablo a todos, pero siempre vuelve su risa estentórea que aligera el ambiente. Unos días después de su llegada, estando en un bar cercano a la Católica, le pregunté acerca de sus primeros años, de su origen. Sabía que era de Ica y que nació el año 60, pero no sabía que había migrado junto con su familia hacia Lima apenas a los 5 años de edad. Ese dato lo recuerda mientras mastica una cerveza que no está lo suficientemente fría. Ya metidos en el tema quiso recordar el nombre de un viñedo cerca a Pueblo Nuevo, el barrio donde nació. Me da datos y me pregunta. Nadie en la mesa puede dar con el nombre y todo se sume en un silencio que ahoga la última cerveza que nos queda. Justo antes de partir hacia otro bar más amable y con menos bulla, el nombre salta de su boca de poeta de los 80. ¡Ocucaje!. Entonces, por un momento pienso que lo que quiere ahora ya no es cerveza, sino pisco, pero interrumpe mi pensamiento y mis planes para conseguir la botella y dice alegre: Yo nací en una casa cerca de Ocucaje. Luego fue el arenal de San Juan de Miraflores quien recibió a la humilde familia de Domingo. Tan humilde era que ni un libro había en casa. Lo dice con sinceridad y aplomo en un bar de la calle San Francisco, mientras departimos un grato momento entre nuevas cervezas y nuevos amigos. La conversación, que explora caminos distintos, es amena; se nutre de bromas, anécdotas, de viajes por Europa, situaciones en su vida cotidiana, en su juventud pasada. Todos saben y no saben que fue Domingo y su patota de amigos quienes iniciaron el movimiento punk en lima, que a ellos les tocó vivir la peor época del terrorismo…, pero ese es un tema ajeno, olvidado, que Domingo ni yo queremos tratar. Lo cierto es que la vida es una eterna paradoja. Ni un libro de literatura y menos de poesía en su niñez y ahora más de siete libros publicados y un libro del congreso que reúne toda su poesía. Pero el último libro de Domingo es de manufactura arequipeña. Para eso ha venido y no sólo para beberse toda la cerveza y el anís que se puede tomar con los antiguos y nuevos amigos, sino para presentar Demolido Fuego. Y es extraño, porque el día de la presentación, en el cual ciertamente existe la justificación para tomarnos todo el alcohol posible de los bares, ese día no celebramos. No fue hasta la mañana siguiente en que junto a su entrañable amigo Juan Almuelle pudimos conversar un rato más. En la mesa, servidos los picantes y llenos los vasos, una pregunta de Juan pone un poco tenso el ambiente. ¿Creo que estuviste mal, no? Pero pienso que a Domingo pocas cosas lo ponen tenso. Responde con normalidad. Sí, un año y medio entero sin gota de alcohol, con pastillas, encerrado en la casa de San Juan de Miraflores. De allí nació Dorada Apocalipsis, el último libro publicado en Lima. Hay risa cuando Domingo hace notar la relación del título con ese pasaje de su vida. Pero ahora está Demolido Fuego y la vida es otra, la celebración es otra; quizá porque la vida de Domingo está un poco más llena de Black Love. (Arthur Zeballos)