15.12.11

Ellen Von Unwert. La fotografía como explorador del erotismo



Ellen Von Unwerth: "El erotismo es la mezcla de físico y personalidad"

Debido a la reciente edición del lujoso álbum de imágenes la ex supermodelo y fotógrafa alemana desvela las claves de su trabajo


Carlos REVIRIEGO


La historia de Ellen von Unwerth (Frankfurt, 1953) sería común en el cine. Actores y actrices con frecuencia invierten sus papeles y se colocan detrás de las cámaras para dirigir películas. Pero en el arte de la fotografía es algo insólito. Von Unwerth comenzó trabajando como modelo profesional en los años setenta, pero al cabo de los años sintió la necesidad de robarle la cámara al fotógrafo. “Un novio que tuve me dio una cámara y me enseñó a usarla. En un viaje a Kenia tomé fotografías de niños y de la población en las calles. Las imágenes se publicaron en la revista francesa JILL. Me divertí mucho haciendo esas fotos y pronto se convirtió en una pasión”, explica la fotógrafa desde su estudio en París. Poco a poco, Von Unwerth fue abandonando su rol de modelo para fotografiar a sus amigas, concediéndoles toda la libertad que ella siempre había ansiado cuando se encontraba frente al objetivo. “Cuando comencé a sacar fotos desarrollé un estilo espontáneo que gustó a mucha gente. La diseñadora Katharine Hamnett quiso que fotografiara su campaña tras ver mis fotos. Rápidamente empecé a realizar editoriales para Vogue, ID, Interview Magazine, The Face, Vanity Fair... por citar unas pocas”. Su nombre lleva tres décadas asociado a la más alta reputación del universo de la moda, en su vertiente publicitaria y también creativa.



Madonna, Carla Bruni, Liv Tyler, Vanesa Paradis, Monica Belluci, Uma Thurman, Eva Mendes, Kate Moss, Eva Green, Gisele Bündchen, Linsay Lohan, Dita von Teese... la flor y la nata del mundo de la interpretación y de la moda, así como grandes celebridades, han posado con descaro, sensualidad y salvaje naturalidad para la cámara de la artista alemana. “Mi relación con todas ellas va más allá de lo estrictamente profesional”, sostiene. Sólo de ese modo logra colocar a las mujeres que retrata en un estado de absoluta comodidad y relajación, y capturar así instantáneas que revelan una profunda intimidad, entre el juego travieso y el erotismo silvestre. “Mi estilo espontáneo procede de mi energía, que de algún modo consigo contagiar a las modelos. Maquillo a mis amigas y les pido que interpreten escenas delante de la cámara. Me encantan las sesiones de fotografía llenas de vida y de diversión. ¡Es casi mejor que una fiesta! Siempre pongo la música alta y nos divertimos de lo lindo durante la sesión”.



Ese febril estado de permanente celebración de la vida (y del cuerpo) es el que transmite la extraordinaria selección de imágenes reunidas en Fräulein, prologadas por Ingrid Sischy y epilogadas con un texto autobiográfico de la propia fotógrafa ilustrado con algunas imágenes familiares. El texto de Sischy, colaboradora de Vanity Fair, destaca el componente gamberro, transgresor y canallesco de la poética de las imágenes de Von Unwerth, a quien en una ocasión Drew Barrymore le dijo: “Ellen, me encanta trabajar contigo porque haces que saque lo mejor de mí. ¿O será lo peor?”. Es precisamente en esta intersección entre lo bello y lo patético, lo sensual y lo pornográfico, lo espontáneo y lo calculado, lo angelical y lo satánico (con fotografías íntimamente conectadas a los universos de El Bosco, de Toulose-Lautrec y de Andy Warhol), donde encuentra sus mejores imágenes la fotógrafa de Frankfurt, en busca de la “precisión del gesto” que considera que toda buena fotografía debe atrapar para lograr su objetivo.



Las fotografías de Ellen von Unwerth trascienden la mera connotación erótica o pornográfica para convertirse en auténticas piezas de arte, de una calidad excepcional y, sobre todo, una privilegiada mirada de “insider” a las fantasías sexuales (lésbicas, sadomasoquistas, voyeurísticas, orgiásticas, etc.) de sus modelos. “El erotismo es la mezcla de físico y personalidad -explica-. Me gusta la gente que derrocha ambas cosas y que tienen un brillo especial en los ojos”. Y es que sus fotos son retratos de la carne, pero en todas ellas hay también un estudio sobre el misterio de la mirada, casi siempre enredada en el deseo y la lujuria. Imágenes que se abisman a la naturaleza de la sensualidad femenina, reivindicando la evocación sensual del cuerpo bien sea mediante contrastados juegos de luz, posturas acrobáticas (que seguramente ninguna de las modelos hubiera adoptado ante otro fotógrafo), miradas de morbosa candidez (como las de Claudia Schiffer, con cuyos retratos conquistó Von Unwerth la notoriedad) o representaciones pictóricas de fantasías sexuales con una alta connotación de deseo que se antoja particularmente masculino, y que adquieren mayor misterio y fascinación si caben al conocer la condición heterosexual de la fotógrafa.



Consciente de que “el estilismo y la decoración influyen enormemente en el aspecto fotográfico”, porque provocan una relación de las modelos con el entorno, Von Unwerth tiene preferencia por fotografiar en espacios crápulas, proclives al espectáculo, genuinos escenarios de representación como music-halls, cabarets o circos. “Todos esos lugares son muy inspiradores para mi trabajo. Si estoy en un cabaret o en un circo, puedo imaginar la historia y mi fantasía viaja en el tiempo de forma inmediata”. Muchas de sus imágenes evocan así la atmósfera de libertinaje moral del periodo de entreguerras berlinés. “Cineastas como Fellini, Visconti, Fritz Lang, Lubitsch y Rossellini han influido mucho en mi trabajo”, asegura Von Unwerth. Y sin duda el cine gravita por toda su obra. No sólo por sus retratos a iconos contemporáneos de la gran pantalla, especialmente por la elaborada “puesta en escena” de sus fotografías, y por el desarrollo de una serie de técnicas fotográficas que evocan el sentimiento lírico del cine mudo.



Bien sea en fotografías para revistas de moda o en los retratos personales que ha realizado a lo largo de los años (ambas vertientes están perfectamente representadas en el álbum de Taschen), Von Unwerth se mueve con idéntica comodidad tanto en la composición detallada de posadas como en los retratos espontáneos. Las fotos están tomadas en ocasiones bajo una concepción estética del feísmo, donde conviven lo sucio y lo grotesco con la inocencia y el descaro, de modo que la actitud transgresora de ciertas imágenes -“Tengo un corazón punk”, asegura la artista- se transmite en sus métodos de experimentación con el grano de las imágenes y, sobre todo, el fuera de foco. “Los desenfoques de mis fotografías son el resultado de mi intento por atrapar momentos espontáneos para los que a veces la técnica no es tan rápida como mi mente”.



Las imágenes de Fräulein reúnen una selección de 25 años de trabajo, por lo tanto hay en este álbum de fotografías, a modo de una antología de la sensualidad, imágenes realizadas tanto en emulsión analógica como en tecnología digital. “No es difícil trabajar con cámara digital, pero es como un pintor utilizando un pincel en lugar de un lápiz -afirma Von Unwerth-. A veces, cuando mi estado de ánimo me lo pide, aún hago fotografías en analógico”. Dice que su corazón de fotógrafa siente predilección por el blanco y negro -“aporta mayor drama y es más intemporal que el color”-, de ahí que predominen los tonos grises en el libro, si bien las imágenes en color resaltan por su aproximación naturalista, con un predominio de tonos en la órbita del rojo. Von Unwerth asegura que apenas practica el “retoque fotográfico”, una técnica digital que “ha cambiado profundamente el arte de la fotografía”. Y añade: “Antes no se podía engañar con tanta facilidad, así que las grandes fotos eran aún más sorprendentes. Además, las manipulaciones se han salido de madre y han perdido fiabilidad respecto a la imagen capturada. ¡Todo el mundo quiere parecer que tiene veinte años!”.



Von Unwerth también ha dirigido cortometrajes para diseñadores de moda, vídeos musicales y portadas de álbumes de grupos como Duran Duran o All Saints, así como spots publicitarios para grandes firmas. Sostiene que se siente afortunada por haber podido desarrollar una carrera tan dilatada en la cúspide de la fotografía, donde prácticamente se instaló con sus primeros trabajos. “Mi carrera como modelo se terminó abruptamente cuando empecé a dar consejos sobre iluminación y ajustes de cámara a los fotógrafos con quienes trabajaba”, escribe Von Unwereth en Fräulein.



Al finalizar la entrevista, envía tres consejos para los jóvenes fotógrafos que quieran poner a prueba sus talentos. [Ahí van: 1) Experimenta con luces y tonos y confía en ti mismo. 2) Trata de encontrar lo que te gusta y reflexiona de qué manera puede inspirar tu trabajo. 3) Siéntete libre de fotografiar tu mundo.] Confianza, inspiración y libertad. Tres conceptos que recorren felizmente su obra fotográfica.