29.7.10

Daniel Johnston

Resulta difícil hablar de Daniel Johnston sin caer en la reiteración sistemática de su esquizofrenia, su frustración o su vacuidad sentimental por un amor inalcanzable. Al igual que resulta difícil no caer en el tópico del artista aislado y maltratado por sí mismo, sin terminar pecando de exacerbado erigiendo al protagonista como un genio. Todas esas filias y fobias son un cóctel taciturno e igualmente morboso que inevitablemente confluyen en un punto: 'The devil and Daniel Johnston', donde Jeff Feuerzeig muestra a un hombre maníaco depresivo y enamorado de un recuerdo. Un documental sin desperdicio que se proyectará mañana en La Casa Encendida como colofón de su ciclo de películas 'Salud mental, exclusión y cine'. Este ciclo es la continuación de una serie anual en colaboración con la Fundación RAIS, que trabaja con problemas de exclusión social. "El cine es un buen modo de sensibilizar a la gente y hacer que se interesen en estos temas", asegura la comisaria del ciclo Isabel Sánchez. Por ello han realizado varias muestras de cine y documentales sobre inmigración, exclusión o marginación. 'The devil and David Johnston' es la última proyección de un ciclo de cuatro películas y cinco documentales centrados en diferentes problemas de salud mental. Depresivo y pasional Johnston, nutrido de esa imagen de castigado por el mundo, se ha obsesionado en vida y obra por temas tan adyacentes como el amor no correspondido, la muerte o el proselitismo religioso. Su génesis musical tomó como referente a The Beatles y en particular a John Lennon, pero su carrera nunca terminó de consumarse. Con unos ahorros grabó una maqueta casera acompañada de una ilustración propia como portada. Y aunque el lastre del desamor siempre le acompañó, sus primeras composiciones tenían letras más optimistas. Incluso irradiaba adoración por los súper héroes de la obra de Jack Kirby así como por el Capitán América. Pero después esta oleada de súper poderes sus composiciones giraron hacia una tristeza sistemática y locura autodestructiva. Sobre todo por el rechazo de su musa inalcanzable, Laurie Allen, un amor frustrado que ha torturado al músico desde la juventud. "Johnston convive con un problema de salud grave y duradero, pero a la vez es una persona muy relacionada con la creatividad", señala Sánchez. Quizá sin todos esos ápices de locura y tormento, Johnston habría guiado su carrera con más continuidad pero su relación con las discográficas ha sido igual de volátil como su vida. El fracaso de su álbum más prometedor, 'Fun', en 1994 finalizó su relación con la casa de discos Atlantis Records, ya que sólo 6.000 personas compraron el disco. La segunda ruptura profesional fue con Elektra Records, esta vez por un momento poco lúcido del músico. Pese a todo Sánchez no culpa a su esquizofrenia de su intermitente cariz profesional, sino que declara que "Johnston es ante todo un gran artista de una creación e imaginación extremas".