6.9.10

Czeslaw Milosz

El escritor lituano, Premio Nobel en 1980, nos ubica en el más duro retrato del siglo 20: Las dos grandes guerras, el exilio y el nazismo. Su vida y obra son un reconocimiento al valor de la libertad. Abominó del nacionalismo, combatió a los nazis por asesinos y fue uno de los poetas críticos del llamado “socialismo real”. Pero fundamentalmente, el escritor polaco Czeslaw Milosz fue un poeta de profunda y sensual sensibilidad, con alusiones a diversas culturas, religiones y filosofías. Milosz, Premio Nobel de Literatura en 1980. Milosz nació el 30 de junio de 1911 en Szetejnie, en lo que hoy es Lituania, en el seno de una familia noble lituana. En la Universidad Vilnay, donde estudió derecho, publicó en 1936 su primer libro de poemas, “Tres inviernos”. Sin embargo su carrera se vio enfrentada al régimen nazi durante la Segunda Guerra Mundial y luego bajo la tiranía stalinista que eliminó la cultura en la que había crecido (su pasado aristocrático). De 1945 a 1949 Milosz fue diplomático del régimen comunista polaco, agregado cultural en la misión de Nueva York y secretario de la embajada en París. Sin embargo, en 1951, pidió asilo en Occidente, decisión que le convirtió en blanco de furibundos ataques, tanto del régimen comunista como de los círculos anticomunistas de la emigración polaca, donde la palabra “traidor” era traída y llevada con su sinsentido por todas partes. Durante la guerra fría, Milosz sobrellevó el peso de ser un intelectual en el exilio. Sus escritos, en polaco, no llegaban sus compatriotas, y eran pocos conocidos en el resto del mundo. En 1960 se trasladó de Francia a EEUU para trabajar como profesor en la Facultad de Literatura e Idiomas Eslavos de la Universidad de Berkeley, en California, centro cultural y de rebeldía de primer magnitud. Cuando en 1980 el campo socialista empieza a fracturarse (por errores propios del sistema y el eterno sabotaje del capitalismo mundial), Milosz se unió totalmente a las aspiraciones de independencia y democracias representativas (véase democracia burguesa) de su país por el Sindicato Solidaridad. Sus poemas solo fueron publicados en su país natal después que recibió el Premio Nobel en 1980. En el discurso que pronunció al recoger el Premio de la Academia Sueca, expresó: “Formo parte de la literatura polaca, desconocida en el mundo por las dificultades que genera su traducción a otras lenguas y de ahí que los escritores de mi idioma constituyamos una especie de congregación secreta que convive, ante todo, con los muertos, y en la que, las lágrimas y la risa, lo patético y lo ridículo, coexisten con derechos iguales”.