1.10.10

Arhur Penn. Gran maestro

Tenía 88 años y su cine influyó en autores como Martin Scorsese y Francis Ford Coppola 12345 Resultados: ononononon Juan SARDÁ | Publicado el 29/09/2010 Se fue como vivió, de forma discreta pero causando una profunda emoción. Aunque Arthur Penn nunca ha alcanzado el brillo de nombres como Scorsese o Spielberg, ha sido sin lugar a dudas uno de los cineastas más apasionantes del siglo XX, un verdadero maestro americano que ha parido obras de arte como las celebérrimas El zurdo (1958), El milagro de Ana Sullivan (1962), La jauría humana (1966) o la muy popular Bonnie and Clyde (1967). Por sólo estos títulos de los años 60, Penn se merece un lugar en el panteón de los genios. Su estilo contribuyó de forma decisiva a la creatividad de una década que removió los cimientos de la civilización occidental. Una revolución que en el apartado cinematográfico en seguida protagonizarían los cineastas arriba mencionados o Sam Peckinpah y Micke Nichols, herederos directos del estilo de Penn. Su estilo era ese glorioso no estilo de los maestros de Estados Unidos. Esa forma de hacer películas en la mejor tradición de Hollywood de contar bien las historias y hacerlo estando muy cerca de las cuitas de los personajes. Una tradición que Penn renovó e innovó sacando brillo a las películas, mostrando la realidad de una forma más cruda y aportando un punto de vista deliberadamente politizado. Por ejemplo, en la excelsa Pequeño gran hombre (1970) se atrevía a contar la historia del Oeste de forma que, por una vez, los indios fueron los buenos. La jauría humana sigue siendo hoy uno de los mejores filmes de todos los tiempos a la hora de analizar los comportamientos del ser humano cuando se siente masa. Quizá esa sagacidad para crear personajes viene de su temprana dedicación al teatro, afición que cultivó incluso cuando sirvió en la II Guerra Mundial, una experiencia que lo conmocionó profundamente y de la que viene su profunda preocupación por el ser humano y su suerte. Se casó, tuvo dos hijos, jamás recibió el Oscar que merecía más que muchos otros que sí se lo llevaron. Su legado artístico permanece como una de las joyas del cine. Lo mejor es honrarle emocionándose, de nuevo, con Bonnie and Clyde. Ese ambiguo y desconcertante alegato contra el capitalismo hoy más vigente que nunca.