3.5.12

Entrevista a Domingo (II) parte


ENTREVISTA A DOMINGO DE RAMOS
Poeta integrante del Movimiento Kloaka
Taller de Investigación, FAU, PUCP por Luz Karen Vila Solier



Karen Vila: También aparece la imagen de una Lima contaminada, con humo esmog ¿cómo se dibujaba este imaginario en ti?
D.R.: Todos los carros en Lima botaban humo negro, entonces tenía siempre ese esmog en la cara, todos los días, en esos años había una polución tremenda que ahora no hay, ahora es otra cosa, ahora ya no veo esos carros con humos negros, porque ya no se permite. En aquellos años los veíamos a diario y era normal parecían barcos de vapor, pero en el asfalto.

K.V.: Con respecto al color gris de la ciudad ¿?
D.R.: Sí, claro. No sé si has visto la película de F. F. Coppola La ley de la calle, mírala. La película es gris y sólo los pescados rabiosos son a colores, todo lo demás la ciudad, los personajes, las cosas son en blanco y negro. Yo creo que esa atmósfera era Lima, era blanco y negro, no tenía colores.

K.V.: ¿Tú te sentías parte de ese blanco y negro?
D.R.: Claro, a mí me gustaba.

K.V.: ¿No sentías a nadie, fuera de este blanco y negro?
D.R.: No, sería rarísimo. La grisura es para mí, como lo estético de Lima, Lima es gris. Mi poesía no es que sea gris, sino participa de ese gris.

K.V.: Otra de las cosas que también aparece, lo oscuro de la ciudad
D.R.: Yo pienso que Lima en ese tiempo era oscura, muy oscura

K.V.: ¿Por qué?
D.R.: Porque lo había interiorizado así, podía salir e igual me parecía oscura, tétrica. A mí no me gustaban las playas, no iba a las playas, por eso no tenía muchos colores no. Y tal vez sea este motivo que muy poco hablo del mar y de la playa como tema en mis poemas.

K.V.: Otra de las cosas que también aparece, es el recordar a alguien a través del recorrido urbano ¿es como la memoria a través de la ciudad no?
D.R.: Sí, una especie de nostalgia que es también para dinamizar el poema y llevarlo a ser un retrato impresionista de la ciudad. Los recuerdos se me subían a la mente suavemente como si estuviera navegando. Es bastante recurrente porque es parte de una nostalgia creada, no vívida, porque en ese tiempo todavía no había recorrido el mundo como ahora.

K.V.: Otra de las cosas que aparece es el tiempo, siempre se ubica en un momento la poesía ¿siempre ha sido necesario esto para ti?
D.R.: Sí, lo que pasaba es que empezaba con un hecho de ubicarme, dónde estaba, en que parte a qué hora estaba y luego empezaba nuevamente el desarrollo del poema y ya dentro del desarrollo del poema comenzaba a desvariar porque esa era la única forma de alcanzar el goce estético. Yo siempre he sido un hedonista con la palabra, me gusta darle un sentido y un ritmo, por eso empezaba desde el inicio como algo realista, pero ya después no estaba en ninguna parte. Me adentraba por territorios desconocidos que la poesía suele llevarnos donde no había tiempo ni lugar es como el poema de Eliot que dice que lugar que región es este. No me  acuerdo el poema completo pero así empieza.

K.V.: Otro tema importante es la deshumanización de las personas ¿?
D.R.: Sí, y lo percibo en todas las ciudades. He estado en NY y es lo mismo, al igual que París. Este sistema te deshumaniza, te tergiversa, te lleva a la locura porque tiene entes e instituciones que al hombre lo llevan a la locura y detrás de eso está el poder y detrás de eso está el dinero y otras cosas que enajena a los hombres, lo alienan. Es por eso que considero que estas ciudades deben ser más humana, pero no lo pueden ser porque hay un sistema detrás que es antihumano y por eso la maquinaria deshumanizadora está hecha de medios salvajes como el capitalismo que no le interesa la vida y en esto coadyuvan la prensa, las propagandas consumistas, la televisión que te llevan a entender la ciudad como un espacio ajeno, competitivo, como la prolongación de la jungla donde el más fuerte es el que triunfa.

K.V.: Este sentimiento de supervivencia está vinculado mucho con los personajes que son vulnerables marginales, los que no son de acá, los que han venido a trabajar los que han migrado ¿Cómo nace en ti este interés de retratar la crueldad de la ciudad para con ellos?
D.R.: Porque yo soy parte de ellos, me pongo en el pellejo de ellos como provinciano que soy. A pesar de haber vivido en cierta forma cómodamente pero soportando el racismo y todas las taras que tiene esta sociedad, me solidarizo con ellos y los asumo y me asumo.

K.V.: En el transcurso de tu vivencia en la ciudad ¿has tenido contacto con costumbres de Ica?
D.R.: No, no he tenido. Yo no he ido a Ica hasta después de 20 años y he ido para hacer gestiones, mi partida de nacimiento para postular a la universidad y desde aquella vez con visitas esporádicas hasta el día en que tome contacto con una hermosa morena por la cual iba de vez en cuando a visitarla ya que estudiaba en la San Luis Gonzaga y luego nuevamente para recoger mi partida de nacimiento pero con un proyecto de un documental sobre mi vida que esta haciendo la cineasta y antropóloga danesa Ulla Dalum Berg donde filmo una parte del departamento, el distrito donde nací y la Municipalidad donde estuvo asentado mi partida y que ahora ya no existe puesto que se derrumbo en el ultimo terremoto que hubo en el sur.

K.V.: Otra cosa que aparece es la droga ¿has tenido contacto con eso?
D.R.: Sí, pero lo mío no es la droga, era una cosa ensayística, era un experimento tal como decía Rimbaud. Era solo para tener otra percepción y saber qué cosa produce, pero jamás he escrito borracho o drogado. Yo he escrito todos mis libros sobrio y lúcido.

K.V.: ¿Sentiste en algún momento que tu experiencia con la ciudad era marginal? ¿Por esta relación con el sistema, como parte de un experimento de la ciudad? Porque existías en un espacio dominado por el poder ¿?
D.R.: Pero yo me salía del poder, a la marginalidad. Y creía que en lo subterráneo no llegaba el poder, entonces ahí era libre, y en la poesía soy libre, porque para mí, la poesía es el último sitio de libertad que tiene el hombre, donde puedo expresar todo lo que siento y todo lo que quiero. Eso me interesa eso me gusta. Pero también a la vez de irme a la marginalidad, de no pertenencia al sistema, no estar en un banco 8 horas encerrado. O sea no tener una rutina que te desgaste y que te anule, porque la rutina te anula, por buscar un acomodo un puesto o el poder, por buscar cosas creados por el sistema para que tú seas parte de un ladrillo en esa pared. Buscaba espacios donde especialmente su poder no influenciara físicamente, porque lo otro es mental porque cuando uno es artista no existe esa cosa. No te liga nada aunque lo tengas en la vida diaria. La poesía te desintoxica, te abre mundos paralelos.

K.V.: En el poema Declaración de amor entre un sordo y un ciego, hablan dos personas que son ciegos y mudos a que te querías referir con eso¿?
D.R.: A una pareja de enamorados, una de las personas es sorda y el otro es ciego y no hay comunicación El fracaso es irremediable en esta relación porque tienen punto de vistas muy dispares y eso es algo que no logran conciliar. Y lo que hago es un contrapunto, que luego dramatizo como una obra teatral en donde ninguno de los dos ni se ven ni se escuchan y no pueden solucionar nada y he querido reflejar lo absurdo de las cosas en ese poema.

K.V.: Aparecen otro personajes como prostitutas y también aparece el ser humano que se termina convirtiéndose en sombra.
D.R.: Claro es como algo efímero, como son las relaciones con las prostitutas que se convierten en una sombra o en un fantasma que viene y tiene sombra de mujer y luego desaparece.

K.V.: ¿Has sentido la ciudad de alguna manera fantasmal?
D.R.: Yo creo que sí, hay personas las he visto como espectros poblando esta ciudad. Porque no tenía un peso o masa corporal, porque tenía una actitud muy opresiva y no tenían nada de misterio. Mas misteriosa era una mujer que pasaba y se difuminaba en las luces de neón. Es como ver un cuadro de Marcel Duchamp, un desnudo bajando la escalera, por ejemplo donde no ves nada,  no hay nada, tú tienes que imaginarla traerla ahí, hacerla corporal en tu mente. Y hay momentos en que la ciudad me parece así.

K.V.: otra de las cosas inquietantes es el frio de la ciudad verdad ¿?
D.R.: Sí, porque sentía el frío humano, lo insolidario. La indiferencia, mata al hombre. Hay un poema de John Donne que decía que el hombre no es una isla, es un continente. Y todos somos parte de esta humanidad como en el clásico poema de Masa de Vallejo.

K.V.: ¿Y en ningún momento sentiste el sentimiento de colectividad en la ciudad?
D.R.: Si en un momento, con los integrantes del Movimiento Kloaka también en el partido en donde he militado, y en donde vivo, ahora ya no pero antes si, cuando se organizaban para solucionar problemas que a todos nos atañen. Pero cuando venias a esta ciudad del centro ya era otra cosa, totalmente diferente.

K.V.: También aparece la gente muchedumbre como sólo grandes masas y… ¿?
D.R.: Hay un poema de Eliot que se refiere a eso, pero él está recreando a Dante Alighieri en su Divina Comedia, cuando dice “tan larga fila, que habría creído yo que la muerte hubiese deshecho tanta”. Yo sentía así a la ciudad, esa multitud la veía así. En la ciudad eran solo una masa, es tan impersonal, no tienen perfil, no tienen personalidad, son masa informes,  masa y nada más, es algo anónimo como muertos.

K.V.: Hay mucho también de odio y de un conflicto bien marcado con la ciudad y con el sistema.       
D.R.: Sí porque el odio es un sentimiento noble como el amor, entre el odio y el amor hay una delgada línea. Los europeos odian y aman, son muy extremistas, por eso siempre han tenido guerras la para luego tener una paz duradera.