22.11.11

Tenían 20 años y estaban locos


Varios Autores

Edición de Luna Miguel









Entre Sex Pistols y Roberto Bolaño. En efecto, en la canción emblema del punk “God save the Queen” se oye en el estribillo una frase famosa como pocas en la historia del rock: “There's no future… for you”, que era la expresión más genuina y violenta de una(s) generación(es) que, expulsadas del sistema, gritaban su rechazo al mismo y ¿por qué no? también su desesperanza (¿habrá que añadir que es de la máxima actualidad porque el sistema no ha hecho sino em- peorar?). Tomando pie en tal expresión, justo para invertirla, Luna Miguel titula el prólogo de esta antología “Future for us”, en lo que es ya una toma de posición decisiva. Para quien encuentre esa referencia como ajena a la (alta) cultura, el título de la antología remeda unos versos del poema Los perros románticos de Bolaño, uno de los verdaderos acontecimientos en la literatura reciente en español.



El caso es que con esa doble introducción se presentan aquí poemas de hasta veintisiete autores jóvenes (nacido en 1984 el mayor y en 1992 los menores) y, por tanto, su formación no ha sido sólo en los libros, los cafés, las tertulias, al modo tradicional, que también, sino que ha encontrado otra fuente de información en el universo virtual. No es asunto despreciable, ni mucho menos. El presente libro tiene su precedente en Internet, el tumblr Estaban locos, en el que son muchos más y de variadas nacionalidades los poetas participantes, precedente que es ahora además su secuela. Como dice Luna Miguel, “son autores que luchan en la calle, en la red y en el papel” y casi todos los poetas incluyen en su nota biográfica una dirección de correo electrónico o de blog. Pero, aparte de estos datos, lo que importa es que son fruto de una cultura nueva, naciente, que, descansen los apocalípticos, no borra a la galaxia Gutenberg, sino que la incluye junto a una accesibilidad a los textos de todo tipo casi ilimitada, la comunicación inmediata que conecta a cualesquiera ciudadanos de la aldea global (a los conectados, claro), una idea de flujo de la palabra impensable hasta hace muy poco, que aún no sabemos bien cómo y hasta cuánto está transformando la cultura. Sin embargo, en la base de todo ello continúan estando la escritura y la lectura, ya sea en papel, ya en una pantalla. El humanismo continúa.



Al ofrecer hasta veintisiete poetas, esta antología adolece de dar muestras más bien escasas de cada uno de ellos, tres o cuatro textos es lo más general, pero en algún caso sólo dos, lo que dificulta el formarse una idea cabal de qué traen estos autores. Aunque hay que añadir que estas escuetas presentaciones han de tomarse como invitaciones a entrar en la red -con lo que el libro no es ya el fin en sí mismo, sino la entrada a otra textualidad mayor-, donde el lector interesado encontrará bastantes más elementos de juicio, además de que casi todos estos poetas cuentan con algún libro publicado o han sido incluidos en algunas antologías.



Dicho esto, y yendo a lo que aquí se lee, no carecen de interés los poemas recogidos aquí de A. Guirao, U. Velasco, M. Salvador, A. Acerete, J. del Río, O. L'Autremonde y, más en general, he de decir que en todos los autores he encontrado, en muy variadas formas, impulso poético y al lector interesado creo que le sucederá otro tanto y agradecerá a Luna Miguel, y a La Bella Varsovia, la oportunidad de tener conocimiento de lo que viene, que es ya lo que hay. No estará de más agregar que ya puede ser que en algunas de las afirmaciones que aquí suscribo me equivoque, pero ahí quedan, como también las palabras (sabias) de Dámaso Alonso cuando advertía que la crítica literaria, ante la obra de los contemporáneos, fracasa y no por ello el maestro dejó de ejercer tal función.

Leonar Cohen

MÚSICA

'Old ideas'



Lo nuevo de Cohen, en enero



Leonard Cohen en un concierto.
Cassidy

Efe
Madrid

Actualizado martes 22/11/2011 16:16 horasDisminuye el tamaño del textoAumenta el tamaño del textoLeonard Cohen publicará finalmente el 31 de enero el duodécimo disco de su carrera, 'Old Ideas', que define como "el más abiertamente espiritual" de su trayectoria, y no a finales de este año.



El nuevo álbum de estudio del canadiense, recientemente galardonado en España con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras, sucederá a 'Dear Heather' (2004), según ha anunciado el cantante en una nota de prensa de la que se hacen eco diversos medios especializados. El título de la primera canción que podrá escucharse de 'Old Ideas' será 'Show Me The Place', de acuerdo con la nota de prensa que citan medios internacionales como Pitchfork o NME, que aguardan la publicación inminente de dicho material en la página web oficial del artista.



'Going Home', 'Amen', 'The Darkness' y 'Anyhow' son algunos de los nombres de los diez temas nuevos que incluye este trabajo, canciones que ya ha tocado para algunas personas. A su paso por España, el cantante de 77 años dijo sobre ellas que "parece que gustan", pero no quiso desvelar si habrá una gira a raíz de su edición.



Cohen, que obtuvo el Príncipe de Asturias por saber contar la vida "como una balada interminable" y haber creado "un imaginario sentimental" en el que se funden la poesía y la música, es el autor de álbumes míticos como 'Live Songs' (1973), 'New Skin for the Old Ceremony' (1974), 'Death of Ladies Man' (1977), 'Recent Songs' (1979), 'Various Positions' (1984) y 'I'm Your Man' (1988).

18.11.11

Novela de Guillermo Valdivia Carpio


Lima es el escenario donde un antihéreo recorre sus calles brumosas y húmedas de esta novela trasgresora del escritor peruano Guillermo Valdivia. Néstor Batanero es el nombre del protagonista que usa su cuerpo y sus habilidades amatorias y carnales para ir desnudando e interrogando sobre nuestro presente sobre una sociedad puritana y de espaldas al deseo, al Eros que es como una alternativa de vida opuesta a esa Lima gris que nos oprime en meandros reductores sin alicientes para la vida, en una carpintería narrativa que nos atrapa desde el comienzo hasta el fin. El narrador nos pone al tanto de sus más inverosimiles historias en contextos distintos donde este personaje llega a fraguar con sus potenciales clientes las mentalidades con que esta compuesta nuestra modernidad, apelando al cuerpo y al sexo como arma de su arribismo y su doble moral y asi dejarnos ver sus miserias y las tragedias con que se mueven los hilos represores de nuestra sociedad. 

10.11.11

Un estudio de Las Cenizas de Altamira por el narrador y estudioso Richard Parra

Las cenizas de Altamira (CA) (Lima, 1999), del poeta peruano Domingo de Ramos, es un complejo poemario que se pregunta por la memoria y la escritura, por su destrucción y transformación. En términos temáticos, aborda la experiencia multicultural y se configura como un viaje por territorios nuevos y peligrosos para un sujeto definido por la carencia de hogar, el nomadismo y que habla desde los intersticios de los espacios sociales. Es, en tal sentido, está configurado en medio de tensiones culturales y geopolíticas entre centro y periferia, en medio de la noción de frontera y de la violencia de los éxodos.


Estructurado como un montaje poético-fotográfico, ¬CA se presenta como un poema polifónico. Ofrece diversas perspectivas: la del enunciador; la de un ficcionalizado Eliseo Diego (en CA, personificación de la Cultura barroca); y la de —quiero plantearlo— la Mujer (fantasía masculina descrita como ciudad, como hembra y como hija). Así, formalmente, CA se instala en la modernidad literaria; evoca, por ejemplo, a Pound (Cantos), a Eliot (Waste Land) y Rimbaud (“je est un autre”).

Aún así, respecto a lo femenino, considero que en CA se halla presente un discurso único que articula el devenir poético: uno que imagina a la mujer como un enigma y que se desestabiliza ante su presencia; un discurso que se feminiza y que se mueve pendularmente desde, por ejemplo, la identidad de Poeta (el mundo del reconocimiento social, Paterno, el de la Cultura) hacia la mierda (una posición pasiva, obscena y espectacular que es vista como femenina); un discurso que encuadra lo político e histórico en lo erótico y lo subordina a él.

Leído de esa forma, CA trabaja de forma dialéctica con conflictos sociales, existenciales e íntimos; sin embargo, en última instancia, no busca superarlos ni ofrece soluciones satisfactorias; por el contrario, el enunciador persiste en ellos. Tal es la estrategia de su poética. En tal sentido, es una escritura de la repetición de ese movimiento pendular antes descrito (entre la Escritura y la mierda), un gesto masoquista que culmina con la muerte.

A grandes rasgos, en CA el enunciador emprende un desplazamiento que es a la vez intertextual, erótico, poético y metafísico hacia un espacio (el cementerio de Altamira) en donde la palabra desaparece y se transforma en ceniza. CA, asimismo, construye sujetos precarios cuya materialidad se ve amenazada, a mi entender, por lo femenino (una ciudad hembra como Altamira y una serie de presencias e imágenes femeninas) y por una dialéctica entre el deseo y la muerte, entre la agencia y la pasividad. CA exige una pregunta por la imposibilidad de la relación sexual y por la escritura poética como manifestación del goce femenino: "la excitación está en cómo lo cuenta, y esta excitación que reside en el discurso en sí es el goce femenino" (Zizek, Visión, 243).

Conflictos y pulsiones de muerte



El poema empieza por crear un conflicto entre la Cultura y lo femenino. Narra, por ejemplo, el Origen (en un sentido mítico y sagrado) y coloca al enunciador en una posición subordinada a la tradición (al Génesis, la Divina Comedia y Pessoa). Este, en efecto, es un gesto de apropiación transcultural. A partir de entonces, se inicia un tránsito signado por una retórica que combina la polifonía, el barroco, la cita, la oralidad y el diálogo. Ahora bien, otra estrategia de sentido aparece paralelamente: la idea de que se va borrando las “huellas al pasar” (10). Es decir, una política contraria a la acumulación barroca (que, quisiera mencionar, es afín a la acumulación capitalista). Una pulsión de muerte, un gesto suicida que se repite: el poema se escribe al tiempo que se va borrando. Dicho borramiento está expresado literalmente como feminización: “como estoy ahora ennegrecido / inmigrado / tonsurado pleno de mariconada / como me estoy yendo / como me estoy borrando / casi casi / imperceptiblemente / de / tu corazón” (20). Por lo tanto, se destaca una oposición clave: la Cultura como discurso normativo que otorga cimientos al enunciador frente a lo “virtual” (simulacro), “garrapatoso” (intrusivo, parasitario) y peligroso de lo femenino (19).

Noto, asimismo, que “Estoy en Luz” es un poema que problematiza la relación entre la Cultura y lo femenino. Por un lado, se escribe desde la autorreferencialidad: “Estoy en luz se dijo Diego” (57); “Diego se habla” (59). Por otro, plantea una relación negativa con la mujer: “me ofende hasta la hermana vieja”; con la ciudad que ha sido hasta entonces referida como mujer: “el trafico el comercio”; con la sangre de Cristo (sangre femenina, a mi entender) y con todo lo que es luz (dar a luz). Aún más, Diego se imagina “madre” usurpando de esa manera esa irremplazable función femenina.

Ahora bien, la luz que no hace mucho ofendía al enunciador se opone ahora a un nuevo signo asociado a la mujer: lo oscuro, lo precario y lo enfermo: “y desde que el ocaso se mudó a su lento y violado mundo / hay una invisibilidad de virgen en sus costas / con sus mujeres irreparables tumorosas despojadas ensortijadas / anticipadas cascarrientas” (58-9). La contemplación de estas mujeres genera en Diego, el Poeta con quien el enunciador mantiene un pacto homosocial-cultural, asco; por eso contiene “su nariz renacentista en el abismo” (59).

Lo interesante de este momento es que Diego se entrega a un goce puro (la droga, “el crack”) y no a la relación sexual que siempre —por definición— es fallida (Lacan): “Lo que la droga promete es un goce puramente autista, un goce accesible sin el desvío a través del Otro (del orden simbólico), goce generado no por las representaciones fantasmáticas, sino que ataca directamente nuestros centros de placer neuronal” (Zizek, Visión, 245). En este lugar, por consiguiente, de forma radical la Cultura borra lo femenino, porque prefiere un goce “puro” autista.

A la múltiple insistencia de la libido, Freud la denominó “pulsión de muerte” que paradójicamente se refiere a un fenómeno inmortal, repetitivo:

For the way immortality appears within psychoanalysis: for an uncanny excess of life an "undead" urge that persist beyond the (biological) cycle of life and death, generation and corruption. Freud equates the death drive with the so-called "compulsion to repeat", an uncanny urge to repeat painful past experiences that seems to outgrow the natural limitations of the organism’s death (Zizek, How, 62-63).

El título del poema “La cena de las cenizas” refiere a ese acto circular de repetición, transformación y acumulación (en este caso, de incorporación). Esta vez se repite el relato del Origen mezclando la mitología andina (en la extendida versión del eterno retorno) con un marxismo (light) formulando así una suerte de collage posmoderno del que habla Frederic Jameson (Juan Carlos Ubilluz quizá lo llamaría kitsch). Por ello, en ese nuevo Principio, se ubica un grito "tan dialéctico como un Pachacuti" (25). Tal movimiento, además, se reviste de nostalgias “imperiales” (“los hombres se arraigaron siempre como un imperio”, 26), en el sentido vallejiano de la expresión. En este lugar, asimismo, como lo ha mencionado González Vigil, CA se entronca con una literatura transcultural ejemplarizada por José María Arguedas.

Se está por lo tanto —de nuevo— en el lugar de la cita, del Padre, de la tradición, de la Cultura y la Ley: un lugar estable que se hace necesario para el enunciador al momento de transitar por Altamira: por eso, realiza un autentico self-fashioning que lo convierte en un "danzante entre dos mundos" (26). De tal forma la circularidad en CA no solo actúa a nivel gramatical: lo circular se manifiesta también como un volver a la tradición, a un discurso Paterno que se materializa como influencia, intertextualidad, reciclaje y collage.

Ciudades arcaicas y lo femenino



En este punto, quisiera destacar la imagen de la ciudad como mujer. Altamira designa por un lado lo arcaico. Una cueva europea en la que el hombre primitivo practicó un arte que, entre otras cosas, mimetizó los cultos a la fertilidad. En CA, además, se conjuga con una referencia al colonialismo: se trata de una ciudad ordenada, letrada y escrituraria pensada como centro del poder virreinal (Rama). Por lo tanto, las oposiciones campo-ciudad y sociedad agraria-industrial enmarcan el conflicto. En esas coordenadas, el enunciador, por ejemplo, “al volver a las aldeas analfabetas”, afirma que una grúa le rebanó la cabeza y que "anduvo como un turista sin telo resbalando hasta el ahogadero de un río techado abruptamente" (28). Se trata, por consiguiente, de una modernidad que interviene en el paisaje y que desterritorializa y aliena al enunciador. Es una modernidad que destruye el orden establecido y obliga al sujeto o bien a negociar con las fuerzas transformadoras o bien a desplazarse hacia el exilio. La voz poética preferirá el Éxodo.

Así, CA contiene una escritura preocupada por la historia, que ve en las ruinas y cenizas el espesor violento del colonialismo, de la lucha de clases y de las relaciones imperiales globales. No se trata de una creación poética —a la cristiana— de la nada, sino de una reconstitución de un mundo violentado, de un transitar sobre él con la experiencia, con la materia, con la erótica y con palabras que no describen ni dicen, sino que dislocan y borran. Se trata de una reconstrucción que se alimenta no solo de las ruinas que contempla, sino del fracaso que representa ese proyecto utópico. Como el ángel de la historia que analiza Walter Benjamin, la escritura de CA invierte la temporalidad y asume una ética para reflexionar sobre la historia: no sobre los documentos de la Cultura, sino a partir de las ruinas de la barbarie.

Así, el poema culmina con una visión apocalíptica en la que el cuerpo se desintegra y se vuelve ceniza por la emergencia de la violencia política, ideológica y militar ("fascistas o yanquis enroscados en sus tanques" 36) propiciada —curiosamente— por el Señor. Como en Benjamin, esta visión se construye revestida de mística. Así, en ese caos final, el enunciador contempla a Dios, un dios al que pinta como rebelde, como sustento de la naturaleza, como ejemplar nómade, aunque caótico y oscuro como un ateo. En tal sentido, a primera vista, se trata de un Dios ambiguo que es visto como protector, pero que, al mismo tiempo, genera la destrucción del mundo; también es una divinidad que fracasa a pesar de su rebeldía; por eso, el sujeto termina exiliado en un espacio donde no solo todo está calcinado, sino en el que el capitalismo en su expresión consumista (Coca Cola y Marlboro Ligth) se ha apropiado del mundo como consecuencia de la apertura del volcán (imagen erótica violenta) llevada a cabo por el Señor (36).

Esta supuesta ambigüedad de Dios no niega lo cristiano, por el contrario, lo subraya. Zizek, citando a Kierkegaard, destaca el lado cómico del cristianismo: el momento en que lo más sublime y lo más abyecto se igualan: la encarnación. El miserable sufriente es directamente Dios (Visión, 152-3). Por lo tanto, este abandono divino de Dios al sujeto de CA registra este rasgo cómico inherente al cristianismo: "Lo cómico representa también un dominio que surge cuando el horror de una situación va más allá de los límites de lo trágico. Y es que aquí que entra en acción el amor propiamente cristiano: no es el amor por el hombre como héroe trágico, sino el amor a lo miserable o abyecto a lo que queda reducido un hombre o una mujer luego de haber quedado expuesto a la explosión arbitraria de la ira divina" (Zizek, Visión, 162).

Funciones barrocas



En términos poéticos, la escritura en CA posibilita una expresión que se define como fundacional ("Estoy con mi pulimentada lengua para designar las cosas más absurdas de mi casa las nuevas fundaciones y fundiciones" 27), una escritura que se niega a los límites, a las mediciones, que plantea un goce interior, una autorreferencialidad ("galopo en mi galope" 27), un rondar en la repetición. Se trata, como ya lo ha apuntado Tulio Mora (González Vigil, "Magma"), de un gesto barroco.

Lacan, en "On the Baroque", vincula lo barroco con el cubrirse, con la exhibición, con la evocación del goce doloroso ("jouissance"), pero sin copulación. Su ausencia es necesaria, puesto que en la realidad es el sustento de las fantasías:

In everything that followed from the effects of Christianity, particularly in art —and it’s in this respect that I coincide with the "baroquism" with which I accept to be clothed— everything is exhibition of the body evoking jouissance — and you can lend credence to the testimony of someone who has just come back from an orgy of Churches in Italy —but without copulation. If copulation isn’t present, it’s no accident. It’s just as much out of place there as it is in human reality, to which it nevertheless provides sustenance with the fantasies by which that reality is constituted (Lacan, "On the Baroque", 113).

De tal forma, se concluye que la forma barroca del poema se condice con la negación del acto sexual y el borramiento de la mujer.

En consecuencia, articular memoria y borrarla es uno de los conflictos del poema. Un paralelo es la confrontación entre una escritura patriarcal que nombra y establece (Génesis, la referencia a Eliseo Diego) frente a una escritura femenina donde los sentidos se dispersan en lo acuoso, en lo innombrable: “el mar donde entramos renunciando a todo lo que tenemos” (29). Altamira es vista, entonces, como mar. Uno que ahoga, que embriaga, que genera una borrachera que elimina el recuerdo. Lo femenino no solo amenaza la memoria, sino la Cultura del enunciador. Por eso, lo vincula a la contemplación de la "cultura chicha" (31). Por ese desorden, sin embargo, el enunciador se entiende erotizado por Altamira: "amaré tu caos" (33), sostiene.

El carácter indecible y enigmático de la sexualidad femenina ha sido discutido por Lacan, quien habla, por ejemplo, de la oscuridad de la vagina. Sostiene, en ese sentido, que el psicoanálisis ha renunciado a develar lo que hay en el jouissance (el goce con dolor lacaniano) femenino: "This being because the vaginal orgasm has kept the darkness of its nature inviolate" ("Guiding" 89). Lacan añade que la simbología asociada a la mujer tiene un carácter inconsciente e histórico al mismo tiempo: "If in this instance symbols have a purely imaginary hold, it is probably because the images are already subject to an unconscious symbolism, in other words to a complex -an apt moment to remind ourselves that images and symbols for the woman cannot be isolated from images and symbols of the woman" ("Guiding" 90). Dicha simbología es establecida por el hombre con el fin de asegurarse unidad. Así, Jacqueline Rose explica: "Within this process, woman is constructed as an absolute category (excluded and elevated at one at the same time), a category which serves to guarantee that unity on the side of the man. The man places the woman on the basis of his fantasy, or constitutes a fantasy through the woman" ("Introduction - II", 47).

Por eso, en CA, la construcción de la mujer combina la oscuridad ("la penumbra formada entre las nalgas de mi mujer" 43) con lo que la Cultura ha dicho sobre ella: su vínculo a la naturaleza, a los ritos agrarios, al agua, a la maternidad (el culto a la Pachamama, por ejemplo) y, en este caso específico, a la tradición poética en la línea de José María Arguedas (ver el poema "De Malena", 49-51). En "insufrible fuego" se combinan imágenes religiosas de la mujer con las de oscuridad: se la llama "Madonna china" (68), "santita hembrita" (69); pero también el enunciador destaca que no sabe nada de ella (65). Aparece así la idea de la mujer como hueco: "Donde tu gruta me hinco" (68). Lo significativo es que el enunciador dialoga con la mujer por medio de un habla circular, tautológica: "te hablo hablando como defecada sala rielante aplastado sobre tu cuerpo como un imbécil" (66).

"Ulladina", por su lado, trabaja el tema de la rememoración melancólica. Se trata en términos de Zizek de una posición femenina: "La lección es que el verdadero goce no está ni en el acto en sí ni en la excitación por la expectativa de los placeres por venir, sino en su rememoración melancólica (...) ¿se puede decir que esta posición melancólica del futuro anterior es femenina, mientras que el goce generado por la excitación de los placeres es masculina?" (Zizek, Visión, 243).

Así, CA presenta a un sujeto que entiende a la mujer como "una cosa del pasado" (76), como "ligada a otro destino" (76) y ubicada entre árboles "fantasmales" (77). Dicho deseo expresa la necesidad de "fingir recordar" (77) a la mujer ausente, sin la cual "no hay memoria" (78). La mujer pertenece a una "fábula inexpresable" (78). La relación con ella no parece mediada por un idioma: "un idioma un sepulcro de agua que hay entre tú y yo" (81). Por consiguiente, la relación con ella no sigue el camino de la oralidad, sino el de la escritura, que, dicho sea de paso, no es correspondido. Por eso, el enunciador culmina en una posición pasiva ("depongo el hilo muerto / la tibia muerta" 82), nuevamente sin territorio, "presto como un hueco rencor entre la arena" (83).

A pesar del gesto melancólico, el enunciador en el fondo no lo es. Zizek explica, por ejemplo, que el melancólico es aquel que, al contrario de lo que se piensa, posee el objeto deseado; lo singular de la melancolía es que se ha perdido el deseo por dicho objeto:

The melancholic is not primarily the subject fixated on the lost object, unable to perform the work of mourning on it; he is, rather, the subject who possesses the object, but has lost his desire for it, because the cause that made him desire this object has retreated and lost its efficiency. Far from accentuating to the extreme the situation of frustrated desire, melancholy occurs when we finally get the desired object, but are disappointed with it (Zizek, How, 67-8).

El poema culmina con la muerte y con la cerrazón de la escritura. Ello comienza con una inmersión en lo femenino, "en un denso hueco como de mujer" (90). Continúa con una visión apocalíptica de Altamira, zafada de la "armonía universal" (91). El movimiento del enunciador es ahora autodestructivo ("embiste su futuro" 92), revela una pulsión desintegradora, asume una posición pasiva espectacular: "contemplen mi herida operen mi angustia" (92). Al mismo tiempo, se rompe su vínculo con la ciudad, la vida política y social ("no entiendo mi propia ciudad la que me abandona" 93). La muerte, además, no es consecuencia de una confrontación directa con las fuerzas agresoras, porque se registra un goce en la pasividad: "mi tronco quebrado por una pala mecánica" (95).

Paralelamente, la Mujer retorna como hija. Como materialidad y fin de lo sexual. Sin embargo, su presencia remite a lo posthumano. Poseedora de un cuerpo que "no sirve" (98), interesada en la pregunta por su padre esa hija parece ocupar la jerarquía que la cultura masculina históricamente le ha otorgado. No es mujer, es escritura ideológica. Es objeto de amor cortés (ver Zizek, Metastases). Es repetición de la tradición; en otras palabras, el anclaje al mundo Paterno, al de la seguridad y la Ley. Por eso no es raro que la materialidad femenina sea negada: "mi alma es Embra menos mis huesos" (99); ni que la Mujer quede convertida en "Inmaculatti ceniza" (100).

(Curiosamente las fotografías que ilustran Las cenizas de Altamira muestran a una mujer desnuda bajo un umbral. El punto de vista —oblicuo— está ubicado en el lado oscuro. Se mantiene además una perturbadora distancia con el cuerpo de la mujer a la cual no se le ve el rostro; por otro lado, el catre ubicado en la región iluminada carece de colchón, lo que refiere su inutilidad para ser el sitio de la experiencia sexual. Otra fotografía presenta el primer plano de una abertura que refiere a una vagina y, tras ella, ruinas. Otra, presenta lo que no sabemos si es un cuerpo de mujer revestido de una sustancia o una escultura: en ambos casos refieren a la cosificación del cuerpo de la mujer.)

En CA, la mujer pertenece al campo de la herida, pero se trata de una herida que produce un goce mediado siempre por la palabra ("entre floreo y floreo" 101). Por eso el último movimiento describe el cuerpo de la mujer deteriorado por lo "metavenéreo" y "metainfeccioso de su alma" (102). Todo se queda en la interpasividad, solo en la localización de la acción y no el goce que siempre está fuera del sujeto. El poema culmina con la sumisión de la escritura a la Ley y con la definición de la palabra poética como palabra estéril: las cenizas se desploman en "una plegaria" (103) o en "canciones inútiles" (109).

Por lo tanto, lo que aparece en CA es la manifestación de la pulsión de muerte: "La matriz elemental de la pulsión no es la de trascender todos los objetos particulares hacia el vacío de la cosa (que es accesible sólo en su representación metonímica), sino la de nuestra libido que queda ‘pegada’ a un objeto particular, condenada a circular a su alrededor para siempre" (Zizek, Visión, 105). En otras palabras, CA manifiesta cómo lo femenino desestabiliza el pacto social masculino que atraviesa la ideología estética que lo ha generado.



BIBLIOGRAFÍA



Benjamin, Walter. Illuminations. New York: Harcourt, 1969.



González Vigil, Ricardo. "El magma de Domingo de Ramos". En: http://domingo-de-ramos.blogspot.com/2009/01/el-magma-de-domingo-de-ramos.html.



Lacan, Jacques. "Guiding Remarks for a Congress on Feminine Sexuality". En: Feminine Sexuality. Jacques Lacan and the école freudienne. Juliet Mitchell y Jacqueline Rose (editoras). Trad. Jacqueline Rose. London, New York: Norton, 1982.



---, "On the Baroque". En: The Seminar of Jacques Lacan XX. On Feminine Sexuality. The Limits of Love and Knowledge. Trad. Bruce Fink. London, New York: Norton, 1975.



Ramos, Domingo de. Las cenizas de Altamira. Lima: edición del autor, 1999.



Zizek, Slavoj. Visión de paralaje. Trad. Marcos Mayer. Buenos Aires: FCE, 2006.



---, How to Read Lacan. London, New York: Norton, 2006.



---, The Metastases of Enjoyment: On Women and Causality. London, New York: Verso, 2006 (1994).



©Richard Parra, 2010

9.11.11

Marcel Duchamp


El fabuloso Duchamp cuyo concepto sobre pintura y plástica no existiria el arte de hoy y que lo vi sus obras en su esplendor en los museos de los Estados Unidos. Algún día hablare o poetizare sobre su obra cuando en un próximo muy cercano vuelva a nuevamente en busca de su arte.

El cineasta argentino Eliseo Subiela

Empezó a hacer cine en la década del 80 y rápidamente se hizo conocido por su estilo inconfundible que lo hace el cineasta argentino más polémico. Unos lo odian y otros lo aman. Pretencioso e intolerable para unos, sensible y entrañable para otros. Conversamos con él sobre cine y otros temas imprescindibles.
Patricia Wiesse

–Tu cine genera muchas pasiones.
–Sí, podría llenar una sala de gente que está en contra.

–Has dicho que te gustaría que el cine transforme conciencias. ¿El que cumplas una función social como cineasta no es una postura un poco moralista?
–No, me parece un poco ambiciosa. Pero sí creo que debo cumplir una función social. Algunos cineastas dicen que no. Es la herencia de mi generación. Esta esperanza de que podemos mejorar el mundo.

–¿Y eso no te encasilla a nivel cinematográfico?
–No, no es algo que tengo presente conscientemente al momento de escribir mis guiones. El riesgo sería el panfleto. No.

–Tú dices que el cine tiene que ser poético, porque para lo otro están la televisión y las cámaras de seguridad. ¿Es una crítica al cine posmoderno?
–Es una crítica al cine malo, sin historias, sin emoción. Ese cine posmoderno me parece que fue una moda que afortunadamente está pasando; hubo una moda alentada por cierta crítica muy esnob, de películas que algunos llaman ‘tediometrajes’, que eran muy aburridas y en las que la idea era no contar nada y que casi no hubiera nadie detrás de la cámara, que está quieta como si fuera una cámara de seguridad. Ése es un cine que no me interesa.

–¿Está pasando esa tendencia minimalista?
–Creo que sí. Borges decía: “El mejor antologista es el tiempo”. Deja que pase unos años a ver qué queda de eso. He vuelto a ver películas del cine argentino, que es el que más conozco, con historia, con emoción.

–Tu cine tiene muchas referencias literarias, poéticas, reflexiones filosóficas. ¿De dónde nace ese estilo?
–Me gusta mucho la literatura, escribir, la palabra. Le doy mucho valor al texto. Pero, además, la influencia de mis comienzos fue la nouvelle vague francesa, sobre todo Godard, que hace un cine muy literario.

–¿Cuál es el límite al mezclar lenguajes diferentes?
–No llego al límite de Godard, que es un provocador, y que dijo que la película ideal era un señor leyendo un libro. El límite sería la no acción; mientras no deje de haber acción, está bien. Eso es justamente lo que criticamos al minimalismo que mencionaron. El límite es aburrir al público.

–Si un personaje habla y habla puede llegar a aburrir.
–Si no frena la acción, no. En una última película de Ken Loach, a quien admiro, hay una escena donde dos personajes en semipenumbra se pasan hablando como diez minutos sobre Dios, la trascendencia de la vida, de la muerte. Es uno de los diálogos más literarios que he visto en el cine, y una de las escenas más maravillosas. Cuando leo el guión de El lado oscuro del corazón me da miedo. Digo: “Con esto no se puede hacer una película”. Y lo increíble es que no solo la hayamos hecho sino que haya sido tan exitosa comercialmente. Es una hazaña.

–Tú eres muy audaz. En tus películas las vacas hablan, Benedetti recita en alemán. ¿No te da temor?
–Creo que el arte es riesgo, y sin riesgo nada tiene sentido. Tampoco la vida. Pero no creas que me atrevo a todo. Estoy empezando; ya verán lo que viene.

–¿Hay algo a lo que no te has atrevido?
–Sí, muchas cosas. Una mayor aproximación al mundo de los sueños, al pensamiento visual de los sueños. Pero le coqueteamos al riesgo todo el tiempo. No sé si vieron No mires para abajo, mi penúltima película. Es de mucho riesgo, porque es una especie de didáctico sobre sexo. El eslogan era: “Para aprender a hacer el amor como Dios manda”. Y si bien hay una historia de amor, es una especie de didáctico sobre el sexo tántrico.

–¿A Mario Benedetti le gustó El lado oscuro del corazón?
–Le gustó mucho. Una vez me dijo que era la mejor traducción al cine de su obra literaria. Y le llamaba la atención que fuera la traducción de su poesía y no de su prosa.

–¿Hay una estética subielista?
–Hay un estilo. No sé si ahora, pero cuando yo empecé en 1985 e hice Hombre mirando al sudeste, el cine latinoamericano se atrevía menos a lo fantástico. Era realista, político. Pero creo que soy inclasificable, para bien o para mal.

–Algunos critican que caes en estereotipos como el del loco sabio en Hombre mirando al sudeste.
–Estereotipos, no. Que ya se ha dicho todo, sí. No pretendo ser original. Me han acusado de cursi en El lado oscuro del corazón.

–Tú sabías que te iban a decir que era cursi.
–No. Sí sabía que estaba transitando por una zona de mucho riesgo. El lado oscuro… es un bolero filmado, y creo que éste es parte de la razón del éxito que tiene en América Latina, en México, Colombia. Acá pegó más Despabílate amor.
–¿Las críticas no te afectan?
–Si no se meten conmigo sino con la obra, tienen derecho a hacerlo. Sí me molestan.

–¿Te gusta provocar?
–Sí. El arte tiene que ser provocador, riesgoso. Le temo a todo, pero no me frena. Ahora estoy haciendo una película con una cámara de fotos, lo que también significa riesgo. Si no fuera así, me aburro.

–En Rehén de ilusiones, uno de tus personajes dice que tu mayor temor era dejar de amar. ¿Suscribes lo que dice?
–Absolutamente. Yo asocio eso con la vejez y con la muerte. Recuerdo a un amigo y poeta cubano a quien yo amé, Eliseo Diego: a los 80 y pico de años se enamoraba todas las semanas de alumnas, y se lo contaba a toda la familia. Yo lo amaba por eso. Me parece que la energía de la vida es eros, y de eso habla No mires para abajo.

–Tus detractores dicen también que haces un uso excesivo del realismo mágico. ¿Tuviste alguna influencia de la novela latinoamericana?
–No, yo jamás hablé de realismo mágico. Yo digo que lo mío es realismo sospechoso. No, no tiene nada que ver con García Márquez, aunque yo vivo en este continente y estoy nutrido por esta cultura. Pero diría que mi influencia viene de la literatura fantástica argentina. Me siento más cerca de Cortázar o de Bioy Casares.

–¿Tú sientes que haces cine de autor?
–Sí, hay un cine firmado, como en mi caso. En esta categoría están los directores que se juegan las tripas en cada película.

–¿Qué cineastas argentinos te gustan?
–Leonardo Fabio; fui su asistente. Solanas antes de que quisiera ser presidente; le va muy bien en política.

–¿Mujeres?
–Lucrecia Martel tiene un mundo propio.

"Creo que el arte es riesgo, y sin riesgo nada tiene sentido. Tampoco la vida. Pero no creas que me atrevo a todo. Estoy empezando; ya verán lo que viene".
–Todas tus películas están en Polvos Azules y mucha gente te conoce por eso. ¿Qué opinas de la piratería?
–Seguro que si voy me da un ataque. Yo estoy en contra del ‘pirataje’, nos perjudica mucho. La mayoría de nosotros somos productores de nuestras películas. Quizás algunos músicos hayan encontrado una salida con ese sistema por el cual facturan cuando bajan sus canciones. Nuestras películas se bajan gratis de Internet.

–Hay mucha nostalgia en tus películas. ¿Qué extrañas del pasado?
–Son melancólicas, pero no extraño nada del pasado. Todo tiempo pasado fue peor.

–¿Y las utopías? ¿El creer en algo?
–Yo sigo creyendo. No extraño un mundo que creía, porque nos fue muy mal. Gran parte de ese mundo fue una gran farsa. Pero sí tengo gran respeto por mi generación, por el nivel de compromiso y sacrificio personal. Al margen de eso, creo que fuimos autoestafados, autoengañados. Hubo estafadores, tienen nombre y apellido.

–¿Uno de ellos fue Mario Firmenich?
–Sí, qué informados que están. Hubo mucho liderazgo de delincuentes como otros que han terminado trabajando para los secuestradores. Se perdió toda una generación en Argentina por culpa de esos estafadores. El sueño valía la pena; el problema estuvo en los hombres. El comunismo es fantástico, el problema es en qué lo transforma después el ser humano.

–¿Estuviste comprometido políticamente?
–Adherido: participé.

–¿Fuiste peronista?
–No lo sé. Ser peronista y ser argentino es un misterio.

–¿De izquierda?
–Sí. En el ‘68, ‘69. Hacía militancia cinematográfica. Hicimos una película: Mayo, los caminos de la liberación, de 10 directores. Hace poco se recuperó el negativo en Alemania y la dieron por televisión el año pasado; todos menos mi episodio, porque sigue siendo considerado subversivo, lo cual me llena de orgullo.

–¿Tuviste problemas? ¿Te viste obligado a salir del país?
–Por suerte, no. Estuve en cosas que por mucho menos hubo gente que desapareció. Pero nunca fui un tipo sospechoso. Además, trabajaba en publicidad, era un buen chico y ganaba mucho dinero. Difícil que ese tío hiciera una película subversiva.

–¿Puedes contar ahora qué cosas hiciste?
–Algunas sí, otras no. Yo no fui guerrillero, pero colaboré con el movimiento. Mi participación más concreta y arriesgada fue la de esta película.

–¿De qué trataba tu episodio?
–Era un didáctico sobre cómo fabricar y arrojar bombas Molotov. Era muy divertido, estaba tratado como una especie de programa culinario. Una voz de mujer muy dulce iba explicando y te enseñaba cómo tirar la bomba.

–¿Y qué opinas del ‘kirchnerismo’?
–No, de política no quiero hablar. Soy empleado público, porque todos los cineastas argentinos dependemos del Instituto del Cine.

–Sobre la Revolución cubana, ¿cómo ha cambiado tu percepción sobre lo que está pasando ahí?
–De eso tampoco quiero hablar. Mi relación con Cuba es de amor; es un lugar de mi corazón. Me da pena, me da bronca, y empiezo a tener esperanzas a través de conversaciones con amigos que siguen viviendo en Cuba. Creo que la cosa va a cambiar a algo que no imaginamos, que los cubanos son muy imaginativos, valerosos, y soy optimista.

–¿Cómo ves la democracia en Latinoamérica a partir de los años 80?
–Es la mejor etapa que yo he presenciado. Los jóvenes no tienen idea de lo que hemos vivido: la mayor parte de mi vida me la pasé con dictaduras. Estas democracias imperfectas e injustas son lo mejor que ha habido en este continente.

–¿Y este último escándalo de corrupción que ha ocurrido con el asesor de las Madres de Mayo?
–Es lamentable. Me da mucha pena. Ensucia un poco la imagen de las Madres, que son maravillosas, venerables. Pero ese sector de las Madres ha cometido errores —ustedes saben que están divididas—. Un delincuente como ese señor. Ésa es una historia de ese realismo argentino: que un señor que fue preso porque mató a su padre termine trabajando con las Madres, es Cortázar. Creo que por eso es un país con una literatura tan buena.

–¿Situaciones que solo se dan en América Latina?
–En mi época juvenil, la patria grande era un eslogan político, sobre todo desde un país que se la tiraba de muy europeo. Y yo empecé a sentir de verdad la patria grande de manera conmovedora hace pocos años. Me emociona cuando vengo aquí, cuando voy a México, a Colombia. Siento que soy de acá.

–Sientes que ha habido un cambio en los argentinos, que ahora se han aproximado al resto.
–Me parece que sí; algunos golpes nos han venido bien, nos han bajado del caballo. Me parece que los dirigentes políticos de los últimos años han hecho buenas cosas, sobre todo Kirchner. Yo no soy oficialista, pero le reconozco esa apertura hacia América Latina, ese proyecto de trabajar en conjunto.

–¿El punto de inflexión fue esta gran crisis económica?
–Siempre vivimos en crisis; pero claro, la última fue muy fuerte.

–¿Crees en Dios?
–No. Cuando escucho a Bach, sí. Si estamos hablando de un señor barbudo que me cuida, no. Creo en el misterio, en lo que no sé, en el doblez de todo y en el milagro de la vida. Y creo que tenemos una misión. ¡Soy muy contradictorio!

–Tú estuviste hace mucho tiempo en Lima haciendo publicidad. Cuéntanos qué hiciste por acá.
–Estuve un par de veces haciendo comerciales de cigarrillos. Trabajaba mucho para Philip Morris. Es gracioso, porque el cigarrillo me dio de vivir mucho tiempo y casi me mata. Tuve un infarto en Barcelona, triple by pass, fundamentalmente por culpa del cigarrillo.

–¿Eres un converso?
–Llegué a fumar tres paquetes por día. Es una droga.

–¿Estás de acuerdo con las leyes que restringen el fumar en lugares públicos?
–Absolutamente.

–Sobre la luz de Lima, dices que te encanta. Nosotros vemos siempre la ciudad nublada, no nos gusta nuestro cielo.
–Yo hago un elogio fotográfico. Si me toca vivir siempre con esta luz, no sé qué me pase. Por suerte está el pisco sour para compensar. Es una luz tamizada, pareja que no produce sombras y es ideal para hacer fotografía. De las ciudades que conozco, junto con París, son las dos ciudades más propicias fotográficamente.

–¿De qué equipo de fútbol eres?
–Del San Lorenzo, aunque últimamente me aburre. Ahora soy más del Barza.

–¿Messi o Maradona?
–Messi, lo cual quizá solo quiere decir que soy más exitista.

8.11.11

Las Cabañas para pensar

El mito de la cabaña

Una exposición recorre las construcciones que sirvieron de refugio intelectual a figuras como Heidegger, Mahler, Woolf o Lawrence de Arabia


Huir del molto vivace de la urbe y refugiarse en el tempo sosegado de la naturaleza. El sueño secreto de los ejecutivos agresivos es y ha sido también el modus operandi de pensadores y creadores célebres, que plantaron su escritorio en un pequeño cubículo perdido en medio de ninguna parte. Un acto de higiene mental, una poda de lo superfluo necesaria para encarar una nueva página en blanco. Dicen que el primero fue Henry David Thoreau (1817-1862), considerado como uno de los padres de la literatura norteamericana y ecologista pionero. Su retiro en los bosques de Walden Pond (Massachusetts) duró dos años y de aquello nació Walden, su obra más conocida junto a La desobediencia civil.

Además del caso de Thoreau, el Centro José Guerrero de Granada reúne en Cabañas para pensar los casos de los filósofos Ludwig Wittgenstein y Martin Heidegger, los compositores Edvard Grieg y Gustav Mahler, el dramaturgo August Strindberg, los escritores Knut Hamsun, George Bernard Shaw y Virginia Woolf, el poeta Dylan Thomas, el cineasta Derek Jarman, y, por último, el explorador y escritor Thomas Edward Lawrence, más conocido como Lawrence de Arabia. La muestra, abierta al público hasta el 22 de enero, se compone de un conjunto de fotografías realizadas en los lugares en los que están emplazadas estas construcciones, además de sus planos arquitectónicos, maquetas y documentación diversa.

Cabañas para pensar muestra este aislamiento obligado como un deseo de retorno a lo esencial y, a la vez, como un cambio de rumbo en el pensamiento que de lugar a una nueva etapa creadora. Una fusión entre intelecto y naturaleza que Heidegger describió así: "La elaboración de cada pensamiento no puede ser sino ardua y severa. El esfuerzo por acuñar las palabras se parece a la resistencia de los enhiestos abetos contra la tormenta".

Cineasta Lars von Trier

Lars von Trier

“No soy nazi. Le he hecho un flaco favor a mi película y me arrepiento de lo que dije”



Beatrice SARTORI

Un gran director que no controla su discurso. Eso es lo que parece Lars von Trier ante los medios de comunicación. ¿El resultado? 'Persona non grata' en Cannes por “entender” a Hitler. En esta entrevista matiza sus palabras y explica 'Melancolía', último filme que llega hoy a nuestra cartelera.


De un modo u otro, Lars Von Trier (Copenhague, 1956) siempre se las apaña para que se hable más de él que de su trabajo. Y no es que el interés, y hasta el exceso, no acompañe a sus películas -con filmes como Rompiendo las olas (1996), Dancer in the Dark (2000) y Dogville (2009)-, sino que siempre encuentra algún argumento para perpetuar su fama de polemista profesional. En la última edición del Festival de Cannes, cuando tuvo lugar esta entrevista, su afición a generar ruedas de prensa incendiarias probablemente tocó techo. O más bien fondo. En un arrebato de torpeza mayúscula, declaró públicamente su simpatía por Adolf Hitler: “Entiendo al hombre, no es lo que llamaríamos un buen tipo, pero simpatizo con él un poco”, dijo. Frente a las reacciones y presiones que automáticamente se dispararon en un país que sufrió la ocupación nazi, la dirección del prestigioso certamen no tuvo más remedio que declararle ‘persona non grata' con efecto inmediato.

Al día siguiente, en un hotel de la localidad de Mougins donde se alojaba, lejos del centro neurálgico del certamen -“para evitar coincidir a la hora del desayuno con mis enemigos”, aseguró-, el danés se mostraba arrepentido (de hecho, había emitido un comunicado pidiendo disculpas) pero también algo excitado. Acaso como un niño que ha desatado un torbellino de cuyos efectos aún no es del todo consciente. “¡No conocía esas expresiones latinas! -gritaba- ¡No pertenezco a la cultura mediterránea! Tuvieron que traducírmelo… ¡y me gustó el significado!”. Más que una deportación en toda regla, el deshonroso título ‘persona non grata' se tradujo en que Von Trier, de entonces en adelante, no podría acercarse a menos de cien metros de La Croisette. Y, probablemente, que su película no iba a ser premiada.

- ¿Se vetará en algún país el estreno de Melancolía?
- Lo ignoro. Creo que sin duda tendrá problemas, sobre todo en Francia y Estados Unidos, porque los lobbies judíos son muy poderosos. Y eso que ellos tienen también cosas de las que avergonzarse. ¿Se olvidan del Gobierno de Vichy o del Ku Klux Klan? Yo he comprobado que no puede pronunciarse la palabra Hitler en vano.

Un tremendo error

- ¿No siente que le ha hecho un flaco favor a su película?
- Sí. Y me arrepiento. Sólo quería quitarle pompa a la rueda de prensa, pero fui un estúpido danés haciendo el idiota y cometiendo un tremendo error. Supongo que no podré volver por Cannes... Me arrepiento y creo que voy a hacer un voto de silencio, como ciertas órdenes monacales...

El anunciado voto de silencio llegó varios meses después, el 5 de octubre. Tras ser interrogado por la policía neozelandesa sobre las acusaciones de la fiscalía gala que penden sobre él -por justificar de forma pública crímenes de guerra, comportamiento penalizado por la legislación francesa-, el danés emitió un comunicado en el que aseguraba que de entonces en adelante se abstendría de “realizar cualquier declaración pública o entrevistas”, pues se había dado cuenta de que no posee “las habilidades necesarias” para expresarse “de forma inequívoca”. Ahora que Melancolía se estrena en salas españolas, la entrevista que concedió a El Cultural justo después del torbellino mediático adquiere mayor relevancia.

- Cuando habla de sus enemigos, ¿a quiénes se refiere?
- Sé que me he ganado una legión más de ellos tras mi desastrosa intervención. Quiero aclarar que no soy un nazi. Los orígenes de mi familia son judío-alemanes. Mis cuatro hijos tienen nombres judíos. Pero cuando hablo de mis enemigos me refiero sobre todo a ese asesino de películas que responde por Harvey Weinstein. Él destrozó mi película Europa... No quiero nombrarle más. Le encanta la publicidad gratuita. Pero hablemos de mi película.

No es fácil hacerlo. Una vez más, su trabajo entraña la semilla de la discordia. Para algunos, su visión del fin del mundo fue el filme más bello y sobresaliente del certamen. Para otros, su proyecto más banal, tibio y plomizo. De lo que no hay duda es de que es la película más controlada del danés, en la que menos excesos argumentales y licencias estilísticas se permite. Von Trier empapa la película con el sentimiento de pasividad, pérdida y pesadumbre de su protagonista, tomando como base pictórica y sonora la desolación del romanticismo alemán, envolviendo sus imágenes con los acordes de Wagner. “Amo Tristán e Isolda por su pulsión romántica y porque habla de cómo la muerte de algún modo nos purifica -explica Von Trier-. Es un sentimiento muy danés y alemán. Por eso, considero Melancolía una película esencialmente romántica”.

La boda como metáfora

- El apocalipsis que retrata es íntimo y no colectivo. ¿Quería alejarse de las películas que tratan el fin del mundo?
- Considero que hay una metáfora muy importante: la boda. El filme es en su primera parte el relato de una boda truncada. La novia, Justinne, quiere una celebración a lo grande para huir de sus horribles padres. En un castillo, con cuadras y caballos. Y su hermana [Charlotte Gainsbourgh] se la organiza. Pero Justinne siente una tristeza que no sabe de dónde proviene. Por eso pensé también en que el planeta fuera denominado “Melancolía”, pues Justinne cae en un estado que la hunde a medida que el enorme planeta avanza hacia el colapso con la minúscula Tierra. El fin del mundo es esa boda que acaba siendo un infierno...

- Es curioso que escribiera la historia pensando en Penélope Cruz, que es en cierto modo la antítesis de Kirsten Dunst. - Bueno, fue Cruz quien contactó conmigo porque quería trabajar en una de mis películas. Hablamos muchas veces de potenciales proyectos. Es una actriz que me gusta mucho. Lo tiene todo muy claro. Pensé que Melancolía era perfecta para ella. Pero se echó atrás. Nunca sabré si por miedo. Lo cierto es que le salió Piratas del Caribe, de la que me reservo mi opinión, y ¡hasta la vista, baby! Creo que hubiera estado muy bien.

Kirsten Dunst, que se desnuda por completo por primera vez en su carrera en Melancolía, ofrece sin duda una de sus interpretaciones más intensas y memorables en la piel de la joven deprimida, como si un personaje de Bergman se hubiera colado en un rodaje de Von Trier. No en vano, y contra todo pronóstico, la norteamericana fue galardonada en Cannes con el premio a la mejor actriz (igual que Charlotte Gainsbourgh por Anticristo), a pesar del mal trago que le hizo pasar el director danés, sentado junto a ella, durante la rueda de prensa. “En esos momentos la vi muy incómoda, pero ella ha sido muy feliz durante el rodaje”, sostiene el cineasta.

Dirigir actrices

- Almodóvar tiene fama de rodar “contra” sus actrices. Dice que sus interpretaciones mejoran. ¿Es también su técnica?
- No creo, nunca lo he pensado así. No quiero que sufran, pero sí que habiten sus personajes. El de Björk en Bailar en la oscuridad acaba condenada a muerte, el de Kidman en Dogville, atada como un perro y violada por todo un pueblo, y el de Bryce Dallas Howard en Manderlay luchaba sin éxito contra la esclavitud. No eran películas precisamente cómicas, así que tenían que sufrir en la medida en que sufrían sus personajes. Eso es lo que les demandé. Es la clase de compromiso que pido a mis actores. No hay más.

- Melancolía es un título confuso. Justinne sufre de depresión, más que de melancolía.
- A través de mi psiquiatra, supe que la melancolía es un estado de tristeza del alma casi insuperable, y que una persona melancólica confronta un cataclismo desde la templanza, mientras que una persona normal entra en el pánico absoluto. Es lo que pasó en el Titanic. Todos sabían que morirían, el caso es cómo cada uno reaccionó a ello. La orquesta, por lo visto, siguió tocando...

- Aparte de las influencias románticas, ¿cuáles han sido sus referencias para el filme?
- He releído a Thomas Mann, sobre todo Los Buddenbrook, y en el plano formal me ha influido mucho El último año en Marienbad, de Alain Resnais. También me he inspirado en mi terrible madre para crear el personaje de Charlotte Rampling, que es ciertamente odioso.

Su retiro de la escena pública no significa su jubilación del arte cinematográfico. Lars Von Trier ha anunciado ya dos proyectos de largometraje con la suficiente carga de interés como para no tener que centrar de nuevo la atención en su persona. El danés ha prometido embarcarse en una suerte de refilmación de Las cinco condiciones (2003), un filme-ensayo en el que desafiaba al cineasta Jorgen Leth a recrear su cortometraje El hombre perfecto, y que ahora realizará junto a Martin Scorsese. También ha anunciado el rodaje de La ninfómana, que promete desatar nuevas controversias: “Será una película exclusivamente sobre sexo. Mostraré al detalle la vida erótica de una mujer desde que nace hasta que cumple 50 años. No habrá penetraciones. Me he basado en entrevistas que estoy haciendo a cientos de mujeres, algunas de las cuales llegan a hablar de sus experiencias hasta tres horas. En lo literario, me estoy inspirando en todo Marcel Proust, sobre todo en En busca del tiempo perdido”.

Está visto que Lars von Trier no pierde el suyo. Desde que Epidemic le llevó a la bancarrota se ha acostumbrado a caer mal, y le complace. Le llamaban “rudo bastardo”, algo que, dice, atesora. Parece que las depresiones, abucheos, críticas, expulsiones y crucifixiones finalmente le han frenado. Pero como dicen: ladran, luego cabalga.



Un apocalipsis de cámara

En cierto modo, Melancolía no es una película sobre el fin del mundo. El apocalipsis es su carcasa, pero no su contenido. Lars von Trier se propone contagiar un estado del alma asociado a la depresión, más que lanzar una muy descabellada hipótesis sobre el posible destino de la Humanidad. No es el Apocalipsis de las conflagraciones y las multitudes al que nos ha acostumbrado el cine de catástrofes, tampoco el de la recreación socio-científica de un cataclismo global, sino que, más bien como el Sacrificio de Tarkovsky (película con la que Von Trier ya quiso dialogar en Anticristo), es un apocalipsis de cámara. La iconoclastia de Von Trier invierte una vez más la ecuación. La actividad heroica es sustituida por la pasividad de los personajes, las multitudes en pánico son aquí personajes aislados en un castillo, escrutando el cosmos con un telescopio.

El espectáculo visual queda confinado en el prólogo, que probablemente contiene los imágenes más bellas y memorables del filme: un montaje en slow-motion de pinturas románticas abrasivas, mientras la Tierra colisiona con un planeta diez veces mayor. La pieza de Jean Genet Las criadas propulsó la imaginación del cineasta danés hasta desembocar en una película que se quiere reflejo de las angustias y tristezas de nuestro tiempo. Melancolía, estructurada en dos capítulos, contrasta el modo en que las hermanas Justinne (Kirsten Dunst) y Claire (Charlotte Gainsbourgh) se enfrentan con actitudes opuestas a la inminente colisión planetaria: con sosiego y resignación la primera, con miedo y rabia la segunda. La antesala de una desastrosa boda, filmada como una amarga sátira de costumbres o un melodrama atrofiado, da paso a un estudio de la desesperación humana en las horas previas a la hecatombe. Un compás de espera sorprendentemente tedioso en manos de un cineasta que nunca se ha caracterizado por aburrir al espectador. Envuelta en la perpetua contradicción -como un plano final que encuentra una extraordinaria clase de belleza en la más absoluta de las devastaciones-, Melancolía vuelve a mostrar que las más fructíferas controversias de Von Trier siempre acontecen en la pantalla.

CARLOS REVIRIEGO

7.11.11

Holderlin



La despedida

¿Queríamos separarnos? ¿Era lo justo y lo sabio?
¿Por qué nos asustaría la decisión como si fuéramos

a cometer un crimen?
¡Ah! poco nos conocemos,
pues un dios manda en nosotros.

¿Traicionar a ese dios? ¿Al que primero nos infundió
el sentido y nos infundió la vida, al animador,
al genio tutelar de nuestro amor?
Eso, eso yo no lo hubiera permitido.

Pero el mundo se inventa otra carencia,
otro deber de honor, otro derecho, y la costumbre
nos va gastando el alma
día tras día disimuladamente.

Bien sabía yo que como el miedo monstruoso y arraigado
separa a los dioses y a los hombres,
el corazón de los amantes, para expiarlo,
debe ofrendar su sangre y perecer.

¡Déjame callar! Y desde ahora, nunca me obligues a
contemplar
este suplicio, así podré marchar en paz
hacia la soledad,
¡y que este adiós aún nos penenezca!

Ofréceme tú misma el cáliz, beba yo tanto
del sagrado filtro, tanto contigo de la poción letea,
que lo olvidemos todo
amor y odio!

Yo partiré. ¡Tal vez dentro de mucho tiempo
vuelva a verte, Diotima! Pero el deseo ya se habrá
desangrado
entonces, y apacibles
como bienaventurados

nos pasearemos, forasteros, el uno cerca al otro
conversando,
divagando, soñando, hasta que este mismo paraje del
adiós
rescate nuestras almas del olvido
y dé calor a nuestro corazón.

Entonces volveré a mirarte sorprendido, escuchando
como otrora
el dulce canto, las voces, los acordes del laúd,
y más allá del arroyo la azucena dorada
exhalará hacia nosotros su fragancia.

Versión de Helena Araújo

3.11.11

El cuestionario de Proust. Allen Ginsberg



El siglo pasado a través de los ojos de sus mayores celebridades, eso es lo que se desprende de los famosos cuestionarios Proust que, siguiendo el modelo ideado por el escritor, publicó Vanity Fair en Estados Unidos. Reunidos hace años en un libro, con las famosas caricaturas de Robert Risko, llegan por fin a España gracias a la editorial Nórdica y al empeño de su editor, Diego Moreno, que vuelve a acertar con este volumen de 101 entrevistas en las que las grandes figuras de la cultura del siglo pasado (actores, directores, escritores, dramaturgos, diseñadores...) abren las puertas de su mundo interior. Un divertido y revelador libro de culto.