18.4.12

The Rolling Stone




Últimos días del primer Rolling

El director británico Stephen Woolley estrena "Stoned"

Carlos REVIRIEGO

¿Sobredosis o asesinato? Su muerte es una de las leyendas negras del rock & roll. Brian Jones, fundador de la banda The Rolling Stones, murió ahogado en la piscina de su casa con apenas 27 años. Treinta y cinco años después, el director británico Stephen Woolley apoya la teoría del homicidio en su película Stoned, a partir del 26 de mayo en salas españolas.

Varios supuestos se darán por obligados en cualquier película que quiera tratar con cierta dignidad el universo del rock & roll, como son sus inseparables compañeros el sexo y las drogas, pero hay uno que parece más indisociable todavía al género (si es que existe como tal): la personalidad indomable del protagonista. Un rebelde con causa o sin ella, consumido por un talento excepcional, un ser atormentado y hedonista que ha emprendido el camino de la destrucción atrapado en algún lugar entre el genio y la necedad. Aderezados estos ingredientes con una popular banda sonora (aunque no sean los temas originales, como es el caso) y una edición “estilo MTV”, el producto está servido para su disfrute.

Esta premisa no escapa a Stoned, largometraje que se centra en los últimos días del desaparecido y para muchos olvidado Brian Jones (interpretado por Leo Gregory), fundador y verdadero genio de The Rolling Stones.

Primera película que dirige el británico Stephen Woolley (productor de las películas de Neil Jordan y de algunas joyas del último cine británico como Little Voice o Intermission), quien ha investigado durante diez años la leyenda negra que rodea la muerte del ex-rolling, asegura que “para contar una historia como ésta en menos de dos horas tienes que tomarte licencias poéticas”.

Puede que lo que Woolley entienda por licencias poéticas sean algunos anacronismos como que Jones compre con 16 años un disco de Blind Willie Jones entonces inexistente o que el mánager de los Rolling, Tom Keylock (David Morrisey), hable de la conquista americana de los Beatles cuando no se había producido.



RAZÓN DE SER

En todo caso, la razón de ser del filme, por mucho que no se aviste hasta los minutos finales, es su apoyo convencido a la teoría contraoficial de que Jones fue asesinado, acusando directamente al constructor Frank Thorogod (aseguran que confesó el asesinato en su lecho de muerte en 1993), un veterano de guerra londinense al que contrató Keylock para que hiciera algunos arreglos en la granja de Cotchford donde vivía, enclaustrado, Jones.

La Policía británica archivó el caso al determinar una muerte accidental bajo los efectos del alcohol y las drogas, teoría plausible con el viaje autodestructivo que emprendió el ex-Rolling una vez expulsado del grupo (en una escena que subraya la petulancia de Mick Jagger).

De hecho, estupefacientes de todo tipo campan a sus anchas en la pantalla de Stoned (que podría traducirse como “colocado”), hasta el punto de que la película corre el riesgo de estancarse en subrayar su empleo indiscrimado y los excesos narcisistas y caprichosos del genio.

“Fue el mundo hedonista de Jones lo que lo llevó a su terrible y trágico fin”, sostiene el director, acaso justificando sus propios excesos con la imagen (nada que no se haya visto ya) para dar cuenta de las paranoias psicotrópicas del músico y su época.

“La muerte de Jones, semanas antes de los asesinatos de Manson, simboliza la muerte del sueño hippy”, aseguran los guionistas Robert Wade y Neal Purvis, quienes estructuran el filme entremezclando el relato de la extraña relación entre Jones y Thorogod con diversos flashbacks, a modo de caleidiscopio, de la vida del músico antes y durante la etapa Rolling Stones, incluyendo el capítulo marroquí en el que Keith Richards le “roba” a su amada Anita Pellenberg.

Tras la ruptura, Jones vive prácticamente aislado del mundo en su mansión, buscando su propio blues, entregado a relaciones sexuales indiscriminadas y a un descenso a los infiernos que terminará el 2 de julio de 1969 en el fondo de su piscina. Aunque no del todo convincentes, las razones de que Thorogod cometiera homicidio quedan abiertas al escrutinio del espectador.

Con todo, el crimen funciona como metáfora y radiografía social de unos tiempos en los que palpitaba la tensión entre el ciudadano medio y el outsider, al cabo de una revolución finalmente sofocada por el conformismo. “Porque algó está pasando y no sabes lo que es”, cantaba entonces Dylan, “¿no es así, Mr. Jones?”.