15.4.11

Congreso internacional sobre Arguedas

CONGRESO INTERNACIONAL CONGRESO INTERNACIONAL JOSÉ MARÍA ARGUEDAS VIDA Y OBRA (1911-1969) Lunes 18 de abril Lugar: Palacio de Osambela 10:00 a.m. Palabras de Marco Martos Carrera, Presidente de la Academia Peruana de la Lengua. Inauguración a cargo de Juan Ossio Acuña, Ministro de Cultura. Conferencias 10:30a.m. «Aproximación a la narrativa de José María Arguedas en el centenario de su nacimiento» Eugenio Chang-Rodríguez (Academia Peruana de la Lengua ) «José María Arguedas y la construcción del lenguaje de la identidad mestiza» Nelson Osorio Tejeda (Universidad de Santiago de Chile) Mesa 1 11:30a.m. 1.«El sincretismo religioso, una perspectiva, en Los ríos profundos de José María Arguedas» Emma Aguilar Ponce(Universidad de San Martín de Porres) 2.«Una poética del cuerpo en Los ríos profundos de José María Arguedas» Víctor Rumay Najarro(Universidad Nacional Mayor de San Marcos) 3.«Los ríos profundos: hacia una infancia de la historia del Perú» Alejandro Zamora (York University - Toronto, Canadá) 4.«Once piedras vallejianas en Los ríos profundos» Vicente Cervera (Universidad de Murcia - España) 5.«Reflexiones arguedianas: el castellano» Ricardo Falla Barreda (Universidad Nacional Mayor de San Marcos) Lugar: Casa de la Literatura Peruana Mesa 2 3:00p.m. 1.«Poética de Los ríos profundos» Humberto Alexis Rodríguez (Universidad Distrital Francisco José de Caldas - Colombia) 2.«Los ríos profundos: la búsqueda (in)viable de un mañana con voces múltiples» Lenin Lozano Guzmán (Universidad Nacional Mayor de San Marcos) 3.«El forastero andino en Los ríos profundos» Julio Noriega Bernuy (Knox College - EEUU) 4.«Los estilos de pensamiento en Los ríos profundos de José María Arguedas» Camilo Fernández Cozman (Academia Peruana de la Lengua) Mesa 3 4:30p.m. 1.«Arguedas y el visionario de la diversidad y pluriculturalidad: en el Perú están todas las sangres y todas las oportunidades» Efraín Cáceres Chalco (Universidad Nacional de San Antonio Abad del Cusco) 2.«La construcción metafórica sobre la comunidad peruana en el discurso de la lengua española en la novela Todas las sangres de José María Arguedas» Víctor Huamalies Chinto (Universidad Nacional Federico Villarreal) 3.«Todas las sangres en el pensamiento identitario de Hispanoamérica» Rolando Álvarez (Universidad de Guanajuato - México) Mesa 4 5:30 p.m. 1.«Tradición y modernidad en Todas las sangres» Nécker Salazar Mejía (Universidad Nacional Federico Villarreal) 2.«Los vectores y las paradojas en Todas las sangres de José María Arguedas y en Pedro Páramode Juan Rulfo» Christian Egoavil (Universidad Antonio Ruiz de Montoya) 3.«José María Arguedas: Todas las sangres de los condenados» Fernando Muñoz Cabrejo (Universidad Nacional Mayor de San Marcos) Mesa 5 6:30 p.m. 1.«La otra modernidad y el socialismo peruanos según José María Arguedas en El zorro de arriba y el zorro de abajo» César Ángeles Loayza (PUCP / UNIFÉ) 2.«Fracturas del discurso crítico y el discurso clínico en El zorro de arriba y el zorro de abajo» Gladys Flores Heredia (Universidad Nacional Mayor de San Marcos) 3.«La ciudad de Lima en El zorro de arriba y el zorro de abajo» Sonia Luz Carrillo Mauriz (Universidad Nacional Mayor de San Marcos) 4.«La escritura de José María Arguedas en la dirección de El zorro de arriba y el zorro de abajo» Manuel Pantigoso Pecero Academia Peruana de la Lengua ) 5.«El zorro que calla y el zorro que habla: tradición y ruptura en El zorro de arriba y el zorro de abajo»Crisanto Pérez Esain (Universidad de Piura) Martes 19 de abril Lugar: Casa de la Literatura Peruana Mesa 6 11:00 a.m. 1.«Oda al jet o del espacio de revelaciones sobre lo divino en lo humano» Yesabeth Muriel Guerrero Universidad Nacional Mayor de San Marcos) 2.«¡Somos todavía! Tinkuy y dolor cósmico de Tupac Amaru Kamaq Taytanchisman (A nuestro Padre Creador Tupac Amaru), de José María Arguedas» Antonio Rodríguez Flores (Universidad Nacional Mayor de San Marcos) 3.«Katatay, sabotaje y epistemología poética» Javier Morales Mena (Universidad Nacional Mayor de San Marcos) 4.«La poesía quechua de José María Arguedas: la categoría runa» Gonzalo Espino Relucé (Universidad Nacional Mayor de San Marcos) 5.«Análisis y presentación de un CD musicalizado de Katatay de José María Arguedas» Samuel Cavero Galimidi / Rómulo Cavero Carrasco(Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle) Mesa 7 3:00p.m. 1.«Sujeto migrante y lírica andina: análisis de "El forastero" de José María Arguedas» Américo Mudarra Montoya (Universidad Nacional Mayor de San Marcos) 2.«La agonía de Rasu-Ñiti y la inclusión de José María Arguedas en el universo de lo real maravilloso» Reynaldo Santa Cruz (Universidad Nacional Mayor de San Marcos) 3.«La pasión sádica en Diamantes y pedernales» Segundo Castro García (Universidad Nacional de Ancash «Santiago Antúnez de Mayolo» -Huaraz) 4.«La perspectiva del autor implícito en la obra de José María Arguedas.De una visión indigenista a una visión andina» Manuel Larrú Salazar (Universidad Nacional Mayor de San Marcos) Mesa 8 4:30 p.m. 1.«Arguedas ¿traductor o traidor?» María Luisa Roel Mendizábal (Universidad Nacional Mayor de San Marcos) 2.«Actualidad de un entusiasmo y varias admoniciones: Arguedas ensayista del Perú de ayer y hoy» Bernardo Massoia Peralta (CONICET - Argentina) 3.«Arguedas y el ensayo: El indigenismo de Arguedas desde las crónicas y documentos coloniales» Christian Fernández (Louisiana State University - EEUU) Mesa 9 5:30 p.m. 1.«Las escuelas de Rendón Wilka y Paco Yunque son excluyentes. El magisterio arguediano o el reto de educar en el Perú» Julio Yovera Ballona (Universidad Nacional Mayor de San Marcos) 2.«Lectura polifónica de "El sueño del pongo". Construcción de un método de lectura en la formación de profesores de literatura» Elmer Manayay Tafur (Universidad Nacional Pedro Ruiz Gallo - Lambayeque) 3.«José María Arguedas en La Cantuta (memoria y docencia)» Raúl Jurado Párraga (Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle) 4.«Arguedas: una escritura de la reciprocidad y la ética» Fernando Rivera Díaz (Tulane University - EEUU) 5.«Arguedas, entre la utopía y la realidad» Tito Cáceres Cuadros (Universidad Nacional San Agustín de Arequipa) Miércoles 20 de abril Lugar: Palacio de Osambela Mesa 10 10:00 a.m. 1.«Alegorías de la nación heterogénea. Abyección, africanía y violencia en El Sexto de José María Arguedas» Richard Leonardo Loayza (Universidad Nacional Federico Villarreal) 2.«Música, danza, canto y poder en Arguedas: Una aproximación a las luchas simbólicas en El Sexto» Jorge Terán Morveli (Universidad Nacional Mayor de San Marcos) 3.«Hombres y rejas en El Sexto, de José María Arguedas» María Dolores Adsuar Fernández (Universidad de Murcia - España) 4.«La poética neorrealista en El Sexto: la construcción de la marginalidad» Dante Ramírez La Torre (Universidad Nacional Mayor de San Marcos) Mesa 11 11:30 a.m. 1.«Lo oculto que se hace presente» Aymará de Llano (Universidad Nacional de Mar del Plata - Argentina) 2.«El mestizaje cultural en los escritos antropológicos de José María Arguedas» Renatto Merino Solari (Universidad Científica del Sur) 3.«El amor como sentimiento vivificador en José María Arguedas» Mauro Mamani Macedo (Universidad Nacional Mayor de San Marcos) 4.«José Martí y José María Arguedas en Nueva York». Raquel Chang-Rodríguez (City College - Graduate Center, CUNY) Lugar: Casa de la Literatura Peruana Mesa 12 3:00 p.m. 1.« Arguedas, entre el fuego y el desierto (estancia en Ica)» Jesús Cabel (Universidad Nacional Jorge Basadre Grohmann - Tacna) 2.«Arguedas, utopía moral» Danilo Sánchez Lihón (Universidad Nacional Mayor de San Marcos) 3.«Editar a José María Arguedas: el caso de Yawar fiesta» Antonio Cajero Vázquez (El Colegio de San Luis - México) 4.«Yawar fiesta, alegoría de las transformaciones socio- culturales del campo y de la ciudad» Gabriela McEvoy (Lebanon Valley College - Pennsylvania) Mesa 13 4:30p.m. 1.«Presencia de Arguedas en la plástica peruana actual» Paolo de Lima (Universidad Nacional Mayor de San Marcos) / Victoria Guerrero (PUCP) 2.«Arguedas, la Utopía andina, Vargas Llosa» Bernardo Rafael Álvarez (Universidad Nacional Federico Villarreal) 3.«El indigenismo de Arguedas en las primeras aproximaciones del joven Vargas Llosa» Jorge Valenzuela Garcés (Universidad Nacional Mayor de San Marcos) Conferencias 6:00 p.m. «La escritura utópica de José María Arguedas» Miguel Ángel Huamán (Universidad Nacional Mayor de San Marcos) «Forasteros y "forasteritos" en la narrativa de Arguedas; el caso del arpista "upa" don Anselmo (Diamantes y pedernales)» Tomás G. Escajadillo (Universidad Nacional Mayor de San Marcos) Ceremonia de clausura: 7:00 p. m. Presentación de las Actas del Congreso Internacional José María Arguedas. Vida y obra. Aníbal Paredes Galván, Editorial San Marcos. Marco Martos Carrera, Presidente de la Academia Peruana de la Lengua.

13.4.11

El barroco español. Juan de Ribera

El joven Ribera en Italia.Exposición. Hace ya muchos años que estuve por el Museo del Prado en Madrid allá por los 90 cuando emprendí mi primer viaje vía Aeroflov. Fue mi primer viaje por el mundo sin querer, sin desearlo. Mi destino era España sin embargo las circunstancias no lo quiso así y me di la media vuelta al mundo,como esta línea era tan barata en su momento hacia escala en varios puntos del planeta. Conocí al menos los aeropuertos de Miami, Irlanda,Estocolmo y Rusia (30 horas de vuelo). En este terminal estuve varado una semana mientras se hacían los cambios de vuelo que me llevaban a mi destino final, mientras tanto sobrevivía durmiendo en el suelo o en las bancas como un fakir desempleado comiendo en una especie de comedor popular donde iba con mis recipientes de plásticos a que me den mi ración del día, y después de almorzar unos caldos extraños y exóticos me ponía a dar una vuelta por el aeropuerto sin saber ningún idioma, salvo el español y fisgoneaba para no aburrirme por todas partes siempre en el día y me encontraba con seres que nunca en mi vida había visto. Recuerden que era mi primer vuelo en avión y las mas larga que he realizado hasta ahora. Mi asombro era descomunal veía seres espectrales, fantasmales ,seres que había visto solo en cine o en televisión de aventuras y que nunca imagine que existieran en la vida real. Toque a un fakir en el colmo de mi audacia porque me creí un Santo Tomas de Aquino ,tocar para creer y solo por unos centavos lo veía echarse sobre su cama de púas, más allá un contorsionista, un ilusionista, un enorme negro calato que se reía como un hipopótamo y que por no se sabe que circunstancia hizo de ese sitio su territorio su habitat natural con algunos plantones de plátanos y palmeras y su hamaca de acero. Yo no me acercaba para nada lo veía a lo lejos, por el ala del este habían unos barbudos con túnicas y turbantes que se tiraban al suelo a una hora señalada, después hacia el ala norte veía a unos jaladitos que hablaban como en la calle Capón o en el barrio chino de Lima; eran menuditos y flacos con sus mujeres e hijos que estaban cocinando algo oloroso y humeante de su enorme olla con harto fideos y presas que no pude distinguir bien que cosas eran. El hervor no me dejaba apreciarlo pero el color verdoso y espumante parecía que era un cocido como los que hacen aquí el aguadito de pollo. Seguí mi camino sus caras no eran nada amistosas, al regreso porque ya no quería seguir por temor a perderme me tope con unos gordos malayos o creía que eran ellos por las pelis de Tarzán medios con taparrabos cargando javas de madera con harta frutas y oliendo a pachuli que me maree al pasar por su lado. A decir verdad que para ellos yo era un ser invisible y en ese trance una tienda árabe unos beduinos sentados tomando té y conversando entre ellos como si estuvieran en un oasis. Creí que era producto de mis mareos la falta de comida la sed y las ganas de ir a un sitio seguro donde guarecerme porque ya se estaba haciendo tarde y de noche yo no andaba nunca por esos lugares muy alejado de donde salí...Felizmente todavía era de día porque no se prendían las luces. Hasta que llegue al territorio de los sudacas donde me acomode en un improvisada colchoneta y me puse a conversar con argentinos, cubanos, colombianos, chilenos, mexicanos que estaban esperando el mismo avión que yo hacia la madre patria...Un semana solo fue una semana en que recorrí el mundo en un aeropuerto varado como un cachalote en la costa. Así llegue a Madrid por la madrugada. Al fin llegue mi destino final y en donde visite el gran Museo del Prado donde vi estas maravillosas pinturas que he colgado para ustedes.

Poema inédito

Oración Oledor de miasmas mareado tatuado con esquirlas diurnas buceando sobre el azul bucólico del desierto colgado como candelas bajo el hielo extremo de las casas fosa ganándole palmo a palmo a la vida subiendo penas zumbando alrededor como un redentor extraviado sepulturero prematuro y audaz buscador de refugios del mal precario cazador de la fuerza centrípeta en el corazón de la palabra en sitiadas plazas resonando ecos huecos Tú con nuestras ausencias y que ayunas en nuestras fiestas Tú de la razón disfrazada que predices ingenuamente contemplando ciego tus innúmeras escaldaduras quemaduras y ampollas y excoriaciones tiñosas y pustulosas por los avisos de las bengalas negras como cuervos y los augurios de los gallinazos que dialogan con la luz La muerte en todos sus desastres La dinamitación de tus bases La reducción de los sueños a simples cenizas La desaparición de todas las aduanas por las llamas El regreso de una serie de acciones virulentas militares y moderadas y con pólvora en el ojo pero que nunca golpeó tu achatada cabeza Oh infierno aquí viene nuestro entierro el mío y el tuyo qué peste es esto qué sed? Perderé la posta de la realidad? mientras más panes negros rebanes y más vidrios tajes y más troncos peles y sobre más estrellas llores y más carne de toro cortes y más minas machaques más ardiente será el fuego más largo el hongo expansivo más espeso el caldo huracanado del vacío mayor será la grasa en tu codo entumecido y más alegres los humos despabilándose desde tu garganta al nuevo cocido mental blindado aturdido por un odio feroz y sin fin

Clint Eastwood el premonitorio...el arte que se adelanta

Clint Eastwood evoca sus fantasmas El estadounidense regresa a los mundos de ultratumba en Más allá de la vida Carlos REVIRIEGO Clint Eastwood vuelve hoy a las salas españolas con Más allá de la vida, una película coral donde vivos y muertos entran en contacto. El filme mantiene una estrecha relación con las presencias espectrales sobre las que el autor de Gran Torino ha construido su ya legendaria filmografía. Hay testimonios post-morten que guardan extraordinarias similitudes. Quienes han regresado para contarlo hablan de una luz, de una sensación dulce, entre el sueño y la vigilia, de siluetas y voces que nos esperan al otro lado. Experiencias transformadoras. Esto le ocurre a la atractiva periodista francesa Marie LeLay (Cécile de France) en el espectacular arranque de la última y desconcertante película de Clint Eastwood, Más allá de la vida (The Hereafter), que llega a salas españolas después de haber dividido a crítica y público norteamericanos. Marie Lelay, que conduce un programa de entrevistas en la televisión francesa, es tragada por un tsunami para, inesperadamente, regresar a la vida. Por unos instantes, ha cruzado el telón y no descansará hasta encontrar una explicación a aquello que ha creído vislumbrar más allá de la vida. Lelay es el catalizador de tres historias cruzadas, una multiplicidad narrativa infrecuente en el cine de Eastwood. Paralelamente a su investigación, en otros puntos del planeta, Marcus, un niño británico (Goerge McLaren) con una madre drogadicta, sufre una terrible pérdida, y el norteamericano Georges (Matt Damon), lector amante de Dickens, lucha contra su poder oculto para conectar con los muertos. Historias que hablan idiomas distintos (como en Cartas de Iwo Jima, Eastwood no le teme al cine subtitulado) que están llamadas a converger y a nutrirse de sentidos inesperados. Cuenta Steven Spielberg que cuando leyó el guión de Peter Morgan (guonista de The Queen) no lo dudó un instante: “¡Esta película la tiene que dirigir Clint!”. Podría haber pensado en M. Night Shyamalan, en González Iñárritu o en su amigo Peter Jackson (Más allá de la vida bien podría ser la versión seca y desnuda, sin engalanamientos new age, de The Lovely Bones), pero por algún motivo pensó en Clint Eastwood. En apariencia, nada en esta historia nos hace pensar en el carácter de Harry Callahan que resucitó recientemente en Gran Torino, o en el cineasta que ha insuflado una saludable madurez a los géneros clásicos del cine norteamericano mientras glosaba la historia de su nación. Pero las apariencias siempre han sido muy malas consejeras para leer el cine de Eastwood. Lo visible y lo invisible En cierto modo, el último de los cineastas clásicos americanos hace explícito en su 33 largometraje aquello que ha venido convocando durante toda su carrera en la pantalla con delicadeza y artes esquivas. Si obviamos el artificio del guión -una trama que acaba dependiendo de que alguien busque en Google “qué pasa cuando mueres” o que encuentra su clímax ¡en la Feria del Libro de Londres!-, Más allá de la vida se articula como un sólido relato coral que cree en las segundas oportunidades, una fábula calmada y lúgubre sobre los secretos de la muerte. Pero es sobre todo una película de fantasmas, que confronta la vida y la muerte, lo visible y lo invisible, otorgándoles la misma relevancia. En verdad, desde el universo onírico de su debut con la hitchcokiana Escalofrío en la noche (1971), el autor de Los puentes de Madison -donde la historia secreta de una madre difunta transforma la vida de sus hijos- ha lidiado con estas dependencias entre lo terrenal y lo espiritual. Por supuesto ninguno de sus westerns -Infierno de cobardes (1973), El fuera de la ley (1976), El jinete pálido (1985), Sin perdón (1992)...-, con sus ángeles vengadores que irrumpen en el horizonte como presencias metafóricas más que físicas, podrían entenderse obviando su dimensión fantasmal, mientras que personajes como Red Stovall de El aventurero de medianoche (1982) o el Charlie Parker de Bird (1985) se pasean por toda la película como cadáveres vivientes salidos de un filme de Jacques Tourner. Espectros en el jardín Si la muerte -la memoria, el pretérito, la Historia- es siempre el fondo gris oscuro que otorga sentido a las acciones de los personajes eastwoodianos, resulta en cuerto modo natural esta incursión de Clint Eastwood en el ignoto territorio de ultratumba. Sólo en dos ocasiones se había acercado a “fotografiar” el más allá con la explicitud y el aplomo con que lo hace ahora: en su película para televisión Vanessa in the Garden (1985), donde dirigió para la serie Cuentos asombrosos un cuento gótico en torno a un pintor (Harvey Keitel) y su musa; y, sobre todo, en la también infravalorada Medianoche en el jardín del bien y del mal (1997), película mágica donde las haya, sobre los fantasmas de la historia que pueblan Savannah, donde el periodista John Celso (John Cusack) debe establecer comunicación con las ánimas para resolver el misterio de una comunidad tomada por los fetiches del pasado. La sacerdotisa Minerva de Medianoche en el jardín del bien y del mal emerge ahora como el precedente más claro del Matt Damon que da vida a George en Más allá de la vida, un instrumento de telequinesia doblegado por su talento. Pero si la Minerva de aquel filme hacía gala de sus poderes de médium -“Para entender a los vivos, hay que comunicarse con los muertos”, decía-, George los vive como una maldición de la que su hermano trata de sacar tajada financiara. Y es que Eastwood, como acostumbra, revisita temas nucleares en su filmografía (el amor inesperado, la infancia maltratada, las segundas oportunidades) y los conecta con asuntos de actualidad, fundamentados en abruptas catástrofes (naturales, financieras o terroristas) que maneja sin sentido sensacionalista, apenas para mostrarnos lo cerca que estamos todos, en cualquier momento, de la desaparición. Puede que Más allá de la vida gestione con dudoso hermetismo demasiados ingredientes, pero también es una película al viejo estilo: directa, sin alardes, incluso ingenua. De esa ingenuidad resulta una escena final extraña por lo que tiene de ridícula y conmovedora al mismo tiempo, de cándida y sentimental. La aparente luminosidad que desprende Más allá de la vida se nutre sin embargo de secuencias lúgubres y frías, de total oscuridad. Hay algo magnético en este filme que, como la pulsión de muerte, nos atrae tanto como nos repele.

Sidney Lumet entrevista

Sidney Lumet, el cineasta invisible Carlos REVIRIEGO “¿Cómo te gustaría que te recordaran?”, le pregunta el New York Times en una entrevista grabada como epitafio, que no ha visto la luz hasta ahora. “No me importa una mierda”, contesta Lumet. Siempre quiso pasar de puntillas por la vida. Incluso en sus películas, nunca quiso que la sombra del hombre que había detrás de la cámara asomara por los fotogramas. Y es que alrededor del legado cinematográfico de Sidney Lumet -desde 12 hombres sin piedad (1957) a Antes que el diablo sepa que has muerto (2007), dos obras maestras que inauguran y clausuran una obra tan irregular como apasionante- ha girado a lo largo de los años uno de los grandes debates sobre el que se ha construido el cine moderno: ¿qué es el estilo?, ¿qué es un autor cinematográfico? Lumet ha representado durante décadas la imagen del director sin estilo, el cineasta omnívoro capaz de enfrentarse a cualquier clase de historia. El anti-autor. Su consigna es que cada película pedía su propia forma, y que la mirada del cineasta debía plegarse a las exigencias de la historia, nunca al revés. Su formación en el teatro y la televisión hicieron de él un concienzudo y trabajador artesano de su oficio, con un espíritu más bien académico, pero también con una capacidad asombrosa para adoptar múltiples formas de dramaturgia a su trabajo, pulsando el corazón emocional de cualquier clase de historia que tuviera entre manos. Por eso abordó todo tipo de géneros, si bien el drama jurídico o criminal es el que más desarrolló. Puede que no fuera un director muy personal, pero siempre hizo películas muy reconocibles. Su estilo, comprendemos, consistía en no tener estilo. “El buen estilo es el estilo invisible”, escribió en su obra esencial Así se hacen las películas (Making Movies, 1995), que es tanto una detallada y personalizada guía sobre todos los aspectos técnicos y artísticos que hacen posible un cine industrial, como una suerte de memorias cinematográficas, en las que Lumet puso al descubierto sus secretos y recuerdos profesionales. El director que solía decir que “no existen las decisiones pequeñas cuando se hace una película” explicaba en este ensayo, con pasión y minuciosidad, con humor, claridad y multitud de anécdotas, los secretos de su oficio, las “recetas” que él mismo había aplicado a su trabajo durante más de cuarenta años de dedicación al séptimo arte. Al margen de sus detractores y admiradores, Lumet tenía una idea muy clara de lo que el cine debía ser, una noción muy formada de su oficio y, sobre todo, una manifiesta concepción ética de su trabajo, de lo que significaba en términos morales filmar una escena de tal o cual manera. Es visible en la vibración documental de las enfebrecidas, intensas Una tarde de perros y Serpico, películas que definen una época y su agitación social; es visible también en el movimiento de cámara que se acerca a Paul Newman antes del fallo del jurado de Veredicto final; es visible en la frialdad de la imagen que se apodera de Network, un ácido y visionario retrato sobre la corrupción y el poder social de la televisión (y una de las películas preferidas de Paul Thomas Anderson); es visible en el plano frontal de un padre dejando morir a su hijo en esa extraordinaria tragedia griega moderna que es Antes que el diablo sepa que has muerto... Como ocurre con Martin Scorsese, John Cassavetes o Woody Allen, siempre se habla de Lumet como un documentalista de Nueva York en el cine, pero también es cierto que siempre retrató la ciudad de los rascacielos de forma distinta, buscando representar la atmósfera (fuera oscura o luminosa, radiante o lluviosa) que necesitaba el relato. No es la misma ciudad la que respira en los fotogramas de El príncipe y la ciudad (su película más “estilizada”) que la de La noche cae sobre Manhattan, ni la que vemos en Gloria (el curioso remake del título de Cassavetes, donde Sharon Stone hacía el papel de Gena Rowland) o la que recorremos en Una extraña entre nosotros, con Melanie Griffith envuelta en un tiroteo en la calle 42. Como Clint Eastwood, tuvo Lumet siempre la capacidad de encontrar y escoger aquellas historias que se adaptaban como un guante a su no-estilo (la escribiera David Mamet, Eugene O'Neill, Frank Pierson o él mismo), a tomar un género cinematográfico y hacerlo suyo. La moral jurídica, la corrupción política, el sistema policial... toda la maquinaria del sistema social estadounidense, y su fracaso institucional, corría por las venas de su trabajo. Era en él una preocupación constante el modo en que la abstracción y magnitud de las sistemas devoraban al individuo. Desde su implacable Doce hombres sin piedad, su visión del ser humano siempre fue muy pesimista, un convencimiento que no cambió con el tiempo, que acaso se hizo más profundo y manifiesto. Obras como Piel de serpiente (1960), con Marlon Brando en una creación de Tennessee Williams, donde Lumet filmó con una lente distinta a cada personaje; Punto límite (1964), sobre el holocausto nuclear, filmada el mismo año que Kubrick dirigía Teléfono rojo: Volamos hacia Moscú, la más que reivindicable Larga jornada hacia la noche (1962), protagonizada por una mágica Katharine Hepburn; el extrañísimo musical El mago (1978), adaptación ‘blackpoitation' de El Mago de Oz con Michael Jackson y Diana Ross); la insólita Declaradme culpable (2004), donde ofreció a Vin Diesel su primer papel serio, o el rodaje en vídeo digital HD de su última película, dan fe de su versatilidad como ese director que, aún dentro de su clasicismo, siempre le mantuvo alerta cierta pulsión experimental. Director que quiso ser muchos directores y ninguno al mismo tiempo, Sidney Lumet sobrevivirá como ese cineasta que quiso ser invisible pero no lo consiguió.

6.4.11

Entrevista a Julio León por los 100 años de J.M. Arguedas

Cien años de José María Arguedas, un escritor al rescate de lo mejor de una cultura milenaria EDUARDO CORRALES En su discurso Elogio de la lectura y la ficción pronunciado en la Academia Sueca, en Estocolmo, el novelista peruano Mario Vargas Llosa, premio Nobel de Literatura, dijo: “Un compatriota mío, José María Arguedas, llamó al Perú el país de “todas las sangres”. No creo que haya fórmula que lo defina mejor. Eso somos y eso llevamos dentro todos los peruanos, nos guste o no: una suma de tradiciones, razas, creencias y culturas procedentes de los cuatro puntos cardinales”. El investigador Julio León, autor de 'Anotación crítica de El zorro de arriba y el zorro de abajo, de José María Arguedas', sostiene que “si hay que señalar un hilo conductor de toda la producción arguediana, debemos recordar que él fue o, mejor, se sentía 'como un demonio feliz (que) habla en cristiano y en indio, en español y en quechua' como él mismo lo dijo al recibir el premio Inca Garcilaso de la Vega, en 1968". El estudioso explica que esta excepcional condición de hombre que pertenece a dos culturas inseparables y, a la vez, contradictorias, le hace observar y percibir su tiempo y su mundo con la mirada de dos cosmovisiones diferentes. “Esa biculturalidad de Arguedas se enhebra – y esto es lo central e invariable en toda su obra- con una opción ética: Arguedas escribió para rescatar lo mejor de una cultura milenaria y que él consideraba silenciada por efecto de los siglos de dominación: el blanco Arguedas se sentía indio y con ese peso de su sentimiento indígena su obra interpela el poder en defensa del Otro”, anota. En lo que concierne a la obra de ficción, José María Arguedas (Andahuaylas, 18 de enero de 1911- Lima, 2 de diciembre de 1969) desarrolló una amplia obra que incluye no sólo cuentos y novelas sino también poesía; además, por supuesto, de su obra ensayística en donde se ocupó de temas inherentes a su profesión de antropólogo, “área que, afortunadamente, está a punto de ser editada, gracias a la paciente e incesante labor de su viuda Sybila Arredondo”, apunta. Arguedas escribió seis novelas e innumerables cuentos que van desde sus escritos de Agua, su primer libro en 1935 hasta su novela póstuma, El zorro de arriba y el zorro de abajo (1971). Arguedas y el Boom Luego de su muerte, los acercamientos críticos a la obra de Arguedas se han producido desde distintas perspectivas y metodologías y con diversos marcos teóricos. El momento de mayor reconocimiento del escritor Arguedas se produce luego de la publicación de Los ríos profundos (1958) y continuó durante la siguiente década hasta su muerte. Justamente, ese fue en el momento de esplendor y éxito de la literatura hispanoamericana, fueron los tiempos del surgimiento y vigencia de lo que se conoció como la nueva novela o el Boom (García Márquez, Vargas Llosa, Cortázar, Fuentes, por mencionar a los más notorios) cuando Arguedas escribía o ya había escrito lo mejor de su producción narrativa. “Arguedas ya había alcanzado reconocimiento internacional, pero nunca lo tuvo al mismo nivel que sus contemporáneos del Boom, quizás debido a que siempre estuvo asociado a la narrativa indigenista pero sin serlo, y éste es uno de los grandes equívocos con relación a la literatura arguediana”, asegura. El docente del Departamento de Lenguas Extranjeras del Queensborough Community College (CUNY) agrega que “a esta asociación con el indigenismo, que lo confinaba a una narrativa regional y provinciana (recuérdese la infortunada polémica que sostuvo con (Julio) Cortázar y que ilustra el tamaño del error) se le debe sumar la otra equivocada percepción de su incapacidad para articular las nuevas técnicas de la vanguardia narrativa. El zorro… es una demostración de lo falaz de esta suposición”. Después de su muerte se empezó a estudiar la obra de Arguedas en la Academia y se puede decir que se ha convertido en parte importante de los estudios literarios de Hispanoamérica. “Aun así, un gran sector de la crítica todavía lo sigue considerando indigenista, ignorando que el discurso de Arguedas al inscribirse en una postura ética que nace en ciertas formas andinas de solidaridad y reciprocidad se articula en lo universal”. Una pelea feroz Arguedas empezó a escribir artículos y ensayos sobre la cultura andina durante las décadas del treinta y cuarenta del siglo pasado y que se publicaban en el diario La Prensa de Buenos Aires, Argentina. “En estos primeros trabajos no sólo se revela su íntima cercanía y vinculación con la cultura andina sino su espíritu solidario y de indignación exaltada frente a la injusticia”. Posteriormente se dedica de manera profesional a la antropología y se doctoró en esta disciplina para lo cual viajó a España en 1958 con la finalidad de recoger materiales para su tesis. En muchos de los trabajos de ficción, Arguedas utilizó su profesión de antropólogo para documentarse y poder manejar de esta manera la información necesaria para la construcción de sus creaciones. “Esto se evidencia, sobre todo, en El zorro…; en esta novela, muchos de los personajes han sido tomados de modelos reales que existieron y que fueron observados por Arguedas como parte de sus investigaciones antropológicas”. León incide en que este servicio que la antropología le brindaba para su documentación no debe llevar "a la ingenua conclusión" de que sus novelas y cuentos son un documento antropológico. “Todo lo contrario: Arguedas tuvo que desarrollar una pelea feroz para sacudirse del lastre de ser un antropólogo y así poder escribir novelas, o ¿alguien puede imaginar a un etnógrafo o antropólogo al margen o en sentido opuesto a las corrientes del pensamiento progresista de izquierda? (“La teoría socialista no sólo dio un cauce a todo el porvenir sino a lo que había en mí de energía, le dio un destino y lo cargó aun más de fuerza por el mismo hecho de encauzarlo. ¿Hasta dónde entendí el socialismo? No lo sé bien. Pero no mató en mí lo mágico”, sostuvo Arguedas en el referido discurso de 1968). "Si esto es así, si ser de izquierda y progresista implica cierta corrección política y una posición ética que Arguedas la tuvo en grado sumo, entonces, con esta carga ¿cómo escribir novelas que capten el mal y el barro de la condición humana, con personajes e historias que nos convenzan? ¿Cómo desde esta corrección política conseguir personajes que contradigan estas posturas éticas y a la vez nos conmuevan?", se cuestiona el investigador. León admite que el racionalismo de las ciencias sociales no es una buena ayuda para elaborar historias y personajes de ficción. “La relación de un antropólogo con su condición de novelista no es pues sencilla; se hace necesario escapar de esa atadura que mencionamos para escribir buenas ficciones. Pero Arguedas lo logró. Un ejemplo de ello es su última novela, El zorro de arriba y el zorro de abajo”. Todas las sangres Las reflexiones y los juicios de Mario Vargas Llosa acerca de Arguedas y su obra fueron recogidas en el volumen La utopía arcaica: José María Arguedas y las ficciones del indigenismo (1996) y no están libres de controversia. ”Se trata de un conjunto de ensayos que Vargas Llosa escribió durante años y en los que expresa lo que, al entender de muchos observadores, es su percepción de la realidad peruana y que se encuentra esencializada en lo que vendría a ser el ‘síndrome de Uchuraccay’”, sostiene León. Al producirse en el año 1983 el asesinato de ocho periodistas y su guía en las alturas andinas de Uchuraccay, el gobierno de Belaunde Terry nombró una comisión investigadora que presidía Vargas Llosa y que luego emitió el conocido Informe de Uchuraccay, refiere. El investigador asevera que ya en ese informe Vargas Llosa “sostiene lo central de su pensamiento: el atraso de los pueblos andinos, la ignorancia de sus habitantes, la miseria de sus condiciones de vida, así como el primitivismo de sus hábitos culturales y cotidianos” hicieron que estos pobladores confundieran a los periodistas con miembros de Sendero Luminoso y los asesinaran". De este modo, el crimen de los periodistas es resultado del primitivismo y la barbarie del hombre andino que vivía de espaldas al progreso y la civilización, anclado a una edad premoderna y no el resultado de una política de estado que no dudó en alentar el linchamiento de los senderistas unas semanas antes de los sucesos, anota. León considera que lo importante es que allí se establece "un modo de percibir e identificar a una parte importante de la sociedad y la cultura peruana –la andina- como opuesta al progreso y la modernidad". Decir que el otro es primitivo y que esa es la causa de los males ocultando las reales aspiraciones de modernidad con justicia es decir una media verdad, es persistir en la ceguera de pensar al otro como inferior y continuar con el modelo fijado por el ‘síndrome de Uchuraccay’, acota. “Pensar que la propuesta de Arguedas de defensa de la sociedad andina como una nostalgia del pasado idílico del Perú prehispánico es una invención que trata de esconder su profunda vocación moderna”, asegura León y agrega que el mismo equívoco que se sostiene cuando se le llama indigenista se repite en La utopía arcaica", asegura. Transformación permanente “Arguedas no añoraba ni idealizaba el pasado prehispánico, más aun, sostenía que la rica y milenaria tradición andina ya no existía, pues lo que se pudo salvar de ésta se mimetizó con occidente y se produjo un nuevo producto que se encuentra en permanente transformación”, dice. "No nos olvidemos de su Oda al Jet (1966) que es un canto de alegría y elogio a la modernidad vivificadora”. (En ese mundo estoy, sentado, más cómodamente que en ningún sitio, sobre un lomo de fuego, hierro encendido, blanquísimo, hecho por la mano del hombre, pez de viento. Sí, Jet es su nombre). León precisa que al mismo tiempo que Arguedas rechazaba las evocaciones de la arcadia perdida y apelaba por un mundo andino moderno, “no cesaba en su defensa de la humanidad del hombre indígena y su integración en la nación peruana en condiciones de justicia”. El estudios afirma que al cumplirse el centenario del nacimiento del escritor peruano su propuesta estética no sólo está vigente sino que posee una extraordinaria actualidad. “Su obra narrativa estuvo diseñada con la clara intención de interpenetrar - a través de su cosmovisión andina- la visión occidental de la realidad. En sus novelas y cuentos esto se evidencia no sólo en la incorporación de la oralidad de la cultura quechua en el entramado de un producto escrito y occidental como estos géneros literarios, sino en la persistencia por mostrar un modo distinto de conocer y atrapar la realidad y, a la misma vez, válido”. "En El zorro…, por ejemplo, el dialogo que sostiene en el Primer Diario con el pino gigantesco en Arequipa, como si éste fuera un amigo cualquiera de toda la vida, “sólo podría ser entendido desde este tipo de racionalidad donde la naturaleza no es que se humanice a la manera de los pueblos primitivos o bárbaros como sostiene Vargas Llosa”. León explica que el respeto y la casi unción de la conversación que Arguedas sostiene con el pino responde al respeto que las antiguas comunidades peruanas sentían por la naturaleza y que es, quizás, lo mejor de la herencia de esa tradición andina casi perdida. Con motivo de conmemorarse los cien años del nacimiento de Arguedas, una serie de asociaciones internacionales de profesores, grupos de investigación latinoamericanista y revistas culturales han declarado este 2011, "Año de José María Arguedas en Estados Unidos, en virtud de “una obra cuya fe en la creatividad cultural del mestizaje y las mezclas, son ejemplo y desafío de inclusividad, pertenencia y universalidad”.. “En tiempos de globalización y fin de la historia quizás convenga recordar que todavía hay otras formas de observar la vida y la naturaleza como ya nos lo recordó Levi Straus hace cuatro décadas”, dice León.

Arguedas en RCLL desde USA.

El director de la Revista de Crítica Literaria Latinoamericana, José Antonio Mazzoti, ha tenido el buen tino de dedicarle a José María Arguedas la edición N° 72 de su prestigiosa publicación. “José María Arguedas. 100 años de vigencia” es el título que engloba este volumen que se inicia con las palabras de Luis Millones, quien también participa con “Una mirada a la tesis doctoral de José María Arguedas”. En “De todo un poco. Impromptu”, Sybila Arredondo, en perfil bajo, cuenta, entre otras cosas, un pasaje de su vida sobre el último momento en que vio a Arguedas vivo. Ladislao Landa Vásquez, de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, colabora con “José María Arguedas nos engañó: las ficciones de la etnografía”, donde el autor se ha acercado “en un sentido crítico, como lo hizo César Lévano… porque el escritor andahuaylino se fue ‘cometiendo el menos ejemplar, el menos combatiente de los actos’… quise entender a Arguedas evitando contribuir a su mitificación”. Landa llega a decir lo siguiente; un botón: “es frecuente leer la tragedia de la escritura de El zorro de arriba… como un corpus que distingue al verdadero autor (Arguedas de los Diarios) y la novela como ficción; falso, los dos son ficciones, nos engañó. Combinar el falso autor con el verdadero, la ficción con la autobiografía, ésa (sic) es la clave de una nueva forma de escritura experimental que se puede recuperar de JMA” (pp. 151-152). Es decir, Arguedas es un “zorro” de la literatura. Para el autor, esta novela es “un material aún indescifrable, por tanto, interpretable”. Willia Rowe, de la Universidad de Londres, propone “un cuestionamiento del concepto de modernidad tal como se ha venido entendiendo desde el neoliberalismo y los populismos de izquierda simultáneamente”. Takahiro Kato, de la Universidad Nanzan de Japón, escribe sobre “Ararankaymanta”, un cuento poco explorado de JMA. Escriben también Antonio Melis (Universidad de Siena), Martín Lienhard (Universidad de Zurich), Fernando Rivera de la Universidad de Tulane (Nueva Orleans, en Los Ángeles, EE.UU.), Jennifer Marie Forsythe (Universidad Nacional Autónoma de México), Irina Alexandra Feldman (Middlebury College), José Alberto Portugal (New College of Florida), entre otros.