29.5.10
28.5.10
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Lord Byron
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Después del gran desastre
Un Robin en tiempos modernos
Esto es consistiendo de que,sus anteriores películas fueron y son de mucho interés .Este Robin tiene esa ambivalencia. Es el espejo de su país , una sociedad injusta y reiteramenta imperialista aquí hay algo de eso que lo hace interesante. Si bien, el director se ha visto obligado a cancelar su asistencia en el último momento debido a una complicación en una rodilla: "Muy a pesar mío, debo perderme la noche inaugural del Festival de Cannes y la proyección de Robin Hood. Hace poco me han operado de la rodilla y la recuperación ha sido más lenta de lo que esperaba", se disculpa en un comunicado.
Ahora que anda todo el mundo a la greña por los derechos de autor, Ridley Scott debería darle gracias al cielo de que Hume o Locke hace años que estén muertos y que, además, sus herederos (si es que los hay) ya no pueden decir ni mu porque los royalties caducan a los 100 años. Robin Hood, la monumental película que inaugura el próximo 12 de mayo el Festival de Cannes y se estrena en España al día siguiente, viene a ser un cursillo intensivo, y muy literal, sobre la Ilustración británica: separación de poderes, legitimidad democrática de los líderes y, algo fundamental, la idea de que el pueblo es el único origen legítimo de todo poder y, ahí está la diferencia con la Ilustración de la Europa continental, donde el individuo está por encima del colectivo. En tiempos de zozobra, parecen haberse dicho el director de Blade Runner y Thelma y Louise, acompañado por su actor fetiche, Russell Crowe (en su quinta colaboración conjunta) y el guionista Brian Helgeland (L. A. Confidential, Mystic River) más vale volver a la madre del cordero: o sea, a las raíces de la cultura anglosajona.
Pero que nadie se asuste demasiado, Robin Hood tiene tanto de panfleto político como de escapismo. El propio Ridley Scott, con la rodilla recién operada, lo ha dejado claro en una de sus escasas declaraciones antes de Cannes: “El mito ha perdurado y jamás morirá porque cada época ha sabido darle un enfoque distinto en función de la actualidad. Hay un evidente elemento político aplicable a cada momento histórico: las clases nobles son el enemigo, y el hombre del pueblo que se alza contra ellas es Robin Hood. Pero dentro de este concepto, no hemos olvidado las facetas románticas de la leyenda. ¿Es una película con humor? Sí. ¿Es una película de acción? Sí”. Así nace una película híbrida, repleta de aventuras y dotada de brillo y color en la que no faltan las escenas épicas ni las persecuciones y batallas, pero en la que también puede escucharse un grito angustiado por un retorno a los principios que han convertido a la esfera de lengua inglesa en la más influyente y poderosa. Por lo menos hasta ahora.
Hood liberal
Aunque nadie va a sentirse decepcionado con esta nueva interpretación del mito, los más veteranos sí se llevarán una cierta sorpresa ya que la película presenta a un Robin Hood atípico. Para empezar, la trama termina en los bosques de Sherwood, cuando Robin se convierte en el el proscrito que conocemos. De hecho, el director ya ha insinuado que podría haber una secuela. Y el personaje ya no es ese bandido saltarín de aquel Robin de los bosques (Michael Curtiz, 1938) que interpretó Errol Flynn, ni ese héroe crepuscular de Robin y Marian (Richard Lester, 1976) ni mucho menos ese Kevin Costner “metrosexual” y atormentado de Robin Hood, príncipe de los ladrones (Kevin Reynolds, 1991). De hecho, el mito encarnado en la piel de Crowe, que sigue siendo un actor insuperable, parece más una idea que un personaje, la quintaesencia del working class hero de toda la vida en pie de guerra contra el poder.
La metáfora es obvia en tiempos de fraudes financieros y colas del paro. El propio Crowe lo dejó claro a su paso por Madrid: “El mito de Robin Hood está hoy más vivo que nunca. Hoy, como entonces, los líderes se gastan todo el dinero en guerras. Y si entonces era la Iglesia y la Corona las que saqueaban al pueblo, ahora lo hacen los capitostes que han esquilmado a las clases medias y desfavorecidas”. De esta manera, más que un Robin Hood “izquierdoso” la película presenta a un ferviente liberal un tanto ácrata convencido de que todo impuesto es un agravio por sí mismo del que el poder tiene que rendir cuentas.
La película de Scott presenta otras novedades, la mayor parte guiños evidentes sobre la actualidad. Por ejemplo, se reparten las culpas entre Little John (el tradicional rey malvado de la historia) y Ricardo Corazón de León, que en muchas versiones anteriores aparecía como figura idílica del pasado. En este caso, el filme reprocha al rey Ricardo haber malgastado las vidas y el dinero de los británicos en las Cruzadas. Hood incluso acusa al monarca de crímenes de guerra, un concepto moderno que difícilmente hubiera utilizado un simple arquero de la Edad Media.
Scott, sin embargo, asegura haber sido lo más verosímil posible: “Hay miles de historias sobre Robin Hood, algunos dicen que no existió pero yo siempre he creído que sí. Hemos intentado presentar una historia verosímil y mostrarlo como un verdadero personaje histórico. Los espectadores verán al mito como un hombre de carne y hueso”. Con “prehistórica” tecnología 2D en este filme también brillan, además de Crowe, grandes actores como Cate Blanchett, William Hurt y Max Von Sydow. Si cada generación tiene su propio Robin Hood, Scott ha hecho su trabajo: el mito demuestra absoluta vigencia en pleno siglo XXI.
Juan SARDÁ
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Ionescu . !Dios, haz que crea en ti!
¡Dios, haz que crea en ti!
Eugéne Ionesco . Dramaturgo del teatro del absurdo junto con Samuel Beckett son los puntales de esta corriente, uno de los grandes renovadores del género que tuvo muchos puntos en común con Sartre y Albert Camus. Sus obras son. La cantante calva, El peatón del aire, El porvenir está en los huevos; Jacques o la sumisión…El rinoceronte, Las sillas, La lección, El maestro, El asesino sin sueldo, Rinoceronte y otros relatos.
Ionesco escribe sobre sus miedos y fantasmas que lo abruman desde su infancia. Aquí algunos fragmentos. A los cuales podría suscribirme tranquilamente.
¡Dios, haz que crea en ti!
“¿Cuándo me di cuenta por primera vez de que el tiempo “pasaba”? A los cuatro o cinco años me di cuenta de que me haría cada vez más viejo, de que me moriría. Hacia los siete y ocho años me decía que mi madre iba a morir un día y me trastornaba ese pensamiento. Sabía que ella iba a morir antes que yo. Aquello se me presentaba como una interrupción definitiva del presente, porque todo era presente. Un día, una hora, me parecían largos, sin límite. No veía su final…Intento, desde entonces, todos los días, asirme a algo estable, intento desesperadamente volver a encontrar un presente, instalarlo, ampliarlo.”
“Hace ya bastante tiempo que he nacido. Hace, a la vez, mucho tiempo y muy poco tiempo. Todavía no he llegado a comprender lo que me ha pasado. Me queda muy poco tiempo para comprender lo que todavía no he comprendido y no pienso que pueda lograrlo. Tampoco he llegado a admitirme a mí mismo…Las satisfacciones que he buscado para colmar una vida, un vacío, una nostalgia, pocas veces han conseguido enmascarar el malestar existencial. No he sido verdaderamente feliz más que borracho, pero el alcohol mata la memoria y sólo he conservado recuerdos brumosos de mis euforias.”
“En cuanto llega la noche me invade el pánico. Llega a mis espaldas, o más bien me hundo en ella. Un océano negro en el que me ahogo. Deseo la soledad pero no puedo soportarla. Pienso en ellas dos, siento miedo por ellas. Miedo a morir, a no volverlas nunca más. Necesito el alcohol. Basta un vaso para que desaparezca el miedo. En la seguridad surge la agresividad, se extiende. El aburrimiento también se expande en la seguridad, pero cuando estoy furioso todo va mejor todavía.”
El cisne de Charles Baudelaire
El cisne de Baudelaire
J.L.L.
Es posible que el comentario de un poema nos dé la clave de la vida, de los pensamientos secretos de un poeta. Leemos El cisne de Baudelaire. El poeta pasea por un barrio de París y recuerda otro paseo hecho hace tiempo por el mismo lugar. París a cambiado. El aspecto de una ciudad –piensa el poeta- puede cambiar más pronto que un corazón humano.
Allí ahora es el nuevo Carrousel, se levantaban numerosas barracas, negocios sórdidos, se acumulaban trozos de mamposterías, capiteles de columnas teñidos por el verdín de los charcos. En ese bric-á-brac lamentable y confuso, estaba instalada una ménagerie. Y el poeta vio una mañana (a la hora en que el trabajo se despierta, cuando las mujeres levantaban con sus escobas un huracán de polvo que se remontaba al cielo frío) un cisne escapado de su jaula, que con sus pies palmípedos frotaba el piso duro y arrastraba su plumaje por el suelo. Cerca de un arroyo seco abría el pico, bañaba nerviosamente sus plumas en el polvo y decía (parecía decir, con el corazón lleno de recuerdos de su lago natal): “¿Cuándo lloverás, agua? ¿Cuándo has de tronar rayo?”
Je vois ce malheureux, mythe étrange et fatal- dice Baudelaire-.”Veo a ese desdichado, mito extraño y fatal, a ratos, hacia el cielo, como el hombre de Ovidio, hacia el cielo irónico y cruelmente azul, tender su cabeza ávida sobre el cuello convulso, como si dirigiera sus reproches a Dios.”
El cisne sediento, que arrastra su blanco plumaje por el polvo, constituye un mito para Baudelaire. Un mito extraño y fatal. Pueden encontrársele correspondencias con el albatros, que pudo ver algunas vez durante su viaje hacia oriente. A veces, para divertirse, los marineros suelen cazar albatros, grandes pájaros de los mares, que siguen a los navíos deslizándose sobre las olas con un planeo majestuoso. Pero en cuanto los arrojan sobre la cubierta, esos reyes del cielo, torpes, avergonzados, aflojan lamentablemente sus grandes alas blancas que arrastran a sus costados como remos inútiles.
El poeta busca imágenes de los desterrados. El cisne desterrado del lago. El albatros desterrado del cielo. El POETA desterrado de la vida que quisiera vivir. Otra vez se ha comparado a las aves de alto vuelo en el poema Elevación.
El poeta, tan buen nadador de los altos cielos, tan volador de los espacios ilimitados, se siente torpe en la vida de todos los días, como el cisne en secano, como el albatros inválido. Este del cisne podría llamarse el poema de los destierros. Comienza con una invocación clásica. Andromaque, je pense á vous!...”¡Andrómaca, pienso en ti!”Ese pequeño río, pobre y triste espejo en que antaño resplandeciera la inmensa majestad de tu pesar de viuda, ese Simois fingido que crece con tus llantos, de pronto ha fecundado mi memoria”…
Esta referencia virgiliano que parece reclamar el comentario, ya que entre nosotros es fácil hacer gala de que estamos olvidados de los libros clásicos. Andrómaca es la figura femenina más importante de la Ilíada. Todos recuerdan la despedida de Héctor y Andrómaca (una de las escenas más patéticas de la literatura universal) cuando el pequeño Astianax llora asustado por el atavío guerrero del padre y Andrómaca sonríe a través de sus lágrimas. Andrómaca figura entre las mujeres de la ciudad conquistada, que han de repartirse, como un vil ganado, ante los vencedores. Andrómaca le toca en suerte a Pirro, hijo de Aquiles, y su hijo es arrojado desde lo alto de las murallas de Troya. Pero la continuación de la historia está en el canto tercero de la Eneida, de Virgilio. Pirro ha muerto y su esclavo Heleno ha heredado sus tierras y su concubina.
Heleno es un hermano de Héctor. Pero mientras Héctor prefirió morir peleando.
Heleno se dejó tomar prisionero. Cuando heredó a Andrómaca, se quedó a vivir con ella en el Epiro. Heleno y Andrómaca parecen una pareja de sombras. Es fácil adivinar que no existe amor entre ellos, pero lo une los recuerdos. Al fin y al cabo Heleno es troyano. Y han edificado, para alimentar sus sueños, una imitación de Troya. Los dos pequeños arroyos que pasan junto al poblado llevan los nombres de los ríos de Troya: Simois y Janto. Las puertas de la aldea llevan los mismos nombres de las puertas de la ciudad antigua. Cerca de un bosque han levantado un túmulo en honor a Héctor. Allí Andrómaca, junto a la tumba vacía, a orillas del fingido Simois, derrama sus lágrimas y refleja la majestad de su dolor de viuda. Porque Andrómaca ha vuelto a ser la viuda de Héctor más que la mujer de Heleno. Es una desterrado de sus recuerdos. Por eso Baudelaire, al recordar al cisne sediento, desterrado de su lago nativo, se ha acordado también de Andrómaca. Andrómaca, pienso en ti…
La mitología clásica es como un suntuoso tapiz tejido con los sueños de la humanidad a través de unos cuatro mil años. En él se representan las andanzas, los amores de los dioses, las hazañas de los héroes; historias de belleza trágica o de gracia picante. Es como una humanidad imaginada que nos ha dado de regalo, que se lamenta o se alegra, y con el cual podemos confrontar y aquilatar nuestros propios dolores y alegrías.
En la tragedia de Shakespeare, Hamlet, cuando los cómicos entran al castillo de Elsinor, uno, para dar muestras de sus habilidades, representa los dolores de Hécuba (Hécuba, que aparece en las Troyanas, la madre de Héctor, la suegra de Andrómaca). Y posesionado de su papel, el actor llora. Entonces Hamlet, que está luchando con su propio dolor, parece indignarse: ¿Qué le importa Hécuba?-dice-. ¿Y qué tiene que ver con Hécuba para que llore por ella?
¿Pero es que hay dolores ajenos?-podría contestársele-,¿o hay un mismo dolor universal por el que todos lloramos, o quisiéramos llorar, o deberíamos llorar? Mucho nos importa Hécuba o Andrómaca, y tenemos muchas razones para llorar por ellas. Hamlet quiere llorar por su padre muerto y también por su madre, que ha contraído una segunda nupcias, según él apresuradas e indignas. Pero ¿no es eso llorar por Andrómaca? ¿Y no hubiera sido ése el dolor del pequeño Astianax, si hubiera vivido, al ver que su madre, la mujer de Héctor, pasaba a poder de otro? El pequeño Astianax murió, arrojado desde lo alto de las murallas. Pero Hamlet vive. Y vive Baudelaire, que se cree otro Hamlet y cree tener motivo para llorar con las mismas lágrimas.
Andrómaca se nos convierte, de pronto, en la madre de Baudelaire. Y el símbolo del cisne-mito extraño y fatal-se va ampliando. Lo mitológico (que podría haber sido retórico o vacío) se vuelve vital. El cisne es Andrómaca. Pero Andrómaca es la madre.
Toda la estética y toda la ética de Baudelaire podría resumirse en este poema El cisne. Porque por encima de su afán de asombrar, por encima de su despliegue de imágenes horribles o repugnantes, por encima de su postura romántica de poeta maldito, de sus letanías demoníacas, Baudelaire puede considerarse el poeta del destierro, el poeta de los desterrados y (como se explica más claramente en El albatros) de los desterrados del cielo, inhábiles y ridículos en la vida terrestre. En este sentido, Baudelaire es un poeta de directa ascendencia platónica.
En varios diálogos de Platón (a pesar de que fue un gestor e insidioso propagandista del destierro de los poetas) se nos explica la vida humana como un destierro. Particularmente en Fedro, o de la belleza , hay pasajes cuya cita es casi imposible de omitir al tratar de comprender en su esencia los poemas de Baudelaire. Dice Sócrates en su discurso al joven Fedro: “Cuando un hombre percibe las bellezas de este mundo y recuerda la belleza verdadera, su alma toma alas y desea volar; pero sintiendo su impotencia, levanta como el pájaro sus miradas al cielo, desprecia las ocupaciones de este mundo y se ve tratado de insensato.”
"Las palabras hubieran podido salvarme pero estoy demasiado viva"
En el silencio de la noche, una mujer con manos de niña y ojos de vieja, desventra el alma humana buscando el lugar del encuentro y de la vida. Explora y traza el mapa del camino. Se llama Alejandra Pizarnik. Nació en Buenos Aires en 1936 y muere en la misma ciudad a los 36 años. La inocencia perdida y el paso de la vida la han marcado para siempre. Asombrada por el vértigo del misterio de su propio ser herido, busca el sitio, el jardín, donde poder jugar eternamente, protegida por la mirada de la fuerza creadora, poseyendo la niñez perdida, rodeada por la belleza alucinante del cosmos.
Ella no ha comenzado el viaje, es hija de rusos venidos a América. Existe ya desde su nacimiento el signo de la búsqueda y el destierro. Este hecho tiene una importancia capital para entender su vida y la gestación de su obra: raza, religión, idioma, perdidos y transportados a las antípodas. Aquí está la raíz de los principales polos que la atraen: buscar un lugar, un lenguaje.
En ella chocan razas y civilizaciones, trasplantes y equívocos, sueños extraños a los que heredan la tierra. Un pasado milenario la atraviesa. Hereda una cultura que se agita en ansiedades telúricas: el amor por el rito, por la gesta liberadora. La religiosidad como una búsqueda con carácter de necesidad vital y ancestral.
También paisajes helados y esteparios, los lobos que acechan al viajero, los juegos nocturnos y obsesivos, la atracción de la muerte y el éxtasis. Así se entronca con la poesía de los pueblos, la poesía profética, que en su propia sujeción encuentra el signo de su liberación.
El concepto de la identidad entre el hombre y el ser es una clave de la tradición bíblica. Para Alejandra, las palabras y los seres son como dos formas de lo mismo. Por eso, el río purificador que conduce al paraíso será el lenguaje. Irá avanzando por las palabras hasta su propio centro.
Su rigor es obsesivo, místico: “Entrar en la literatura como entrar en la religión”, dice en su diario. Experimentar en su lenguaje y en su propia vida serán sinónimos. Pero allí, en la palabra clave, donde termina el viaje, hay otra palabra, el centro del poema hay otro poema, el fin de la búsqueda es la misma búsqueda. Porque el paraíso; el jardín buscado, es el lugar desde donde se ha partido por la culpa y hacia donde se vuelve por la purificación y por la muerte. Nacer y morir se unen a una palabra, ese es el sentido exacto de la palabra paraíso. Contiene como la palabra que lo significa, dos lugares: el que fue y el que será. No tiene ahora. Ahora, se llegue adonde se llegue, la meta no se alcanza, siempre está al otro lado del río.
Y la búsqueda se transforma en un ir y venir, en un intento agotador de unir vida y muerte: la palabra muerte sólo cobra sentido cuando se la vive y es la palabra que nadie ha vivido. Y así el jardín es también el infierno, es la búsqueda alucinante y dolorosa.
En este punto del análisis la razón se resiste a seguir y se agota. Sólo el contacto directo con el poema nos acerca al misterio. Es aquí en la poesía de Alejandra adquiere toda su dimensión universal y social, al expresar el gran interrogante del hombre contem- poráneo.
En su dimensión universal entran en juego elementos muy antiguos y muy actuales que le servirán para expresar los laberintos interiores. Las leyendas populares le prestan los paisajes. Son los desiertos por donde han vagado los pueblos y en donde han celebrado sus ritos de sanaciones. Elegirá sus animales para los holocaustos, serán las muñecas de la infancia, retazos de la vida inocente e ideal.
Entonces, en noches silenciosas e intemporales, cumplirá su destino de médium. Hurga, deshilacha. Tiembla alucinada por el terror de su tarea, la locura y la muerte la persiguen y la acompañan. Los fantasmas observan y hacen oír sus voces. Corriendo por sí misma, danza y se interroga, las voces usan su propia voz.
Otra gran fuerza también la recorre: nuestra lengua y nuestra tierra americana. Toda la fuerza de nuestro lenguaje, que es un lenguaje de inmigrantes, de buscadores de tierra prometida, un lugar de peregrinación de muchas razas y pueblos, donde la soledad, las peripecias del camino, la vastedad de los paisajes, la falta de una estabilidad milenaria, son concepto hermanos, emparentados con los que antes analizáramos, pero que además aportan un matiz heredado de la literatura española. Es el humor trágico, que en Cervantes y Quevedo llega a su máxima expresión.
En su hablar cotidiano, Alejandra desplegaba un humor desbordante y corría por las palabras hasta el absurdo y la risa. Pero en su poesía, esto sólo queda expresado en su más profundo sentido a través de la más simple estructura del lenguaje humorístico: el salto repentino de un concepto a otro, en donde el cambio de estado que produce hace sentir un desconcierto placentero. Su poesía está llena de estas situaciones que alivian la terrible tensión del instante.
Hasta aquí hemos configurado un paisaje más o menos confuso de la vida y la obra de Alejandro Pizarnik. Son esbozos de los orígenes del viaje metafísico y lingüístico. Co-
mo siempre nos encontramos ante el problema de expresar una realidad única en forma múltiple ya que el lenguaje no nos permite hacerlo de otra manera. Por eso debemos abordar el otro aspecto de la peregrinación y la búsqueda.
Alejandra estudia Letras pero pronto deserta, no le sirven, no es lo que busca lingüísticamente. También estudia pintura con Battle Planas y esto influenciará toda su estética, donde el color, el trazo y el paisajismo son elementos pictóricos esenciales en su proceso creativo. Publica sus primeras obras: “La tierra más ajena” (1955),”La última inocencia” (1956),”Las aventuras perdidas”(1958). Los títulos son sugestivos. En 1961, emprende su gran aventura viajera: ayudada por su madre y por un préstamo del Fondo Nacional de las Artes, parte para Europa y allí vivirá cuatro años.
Europa es la gran atracción, el centro de la civilización, el lugar donde viven o han vivido sus amigos, como ella decía. Los grandes de la literatura. Su punto de atención es Francia. Rimbaud y Verlaine estarán cerca. Escuchará sentada a sus pies cómo hablan, como sienten los latidos del corazón, como navegan por los ríos interiores. Aprende con avidez el francés. Lee enfurecidamente. Lee todo. Se baña en el surrealismo. También mira todo. Recorre los museos. Klee, Rousseau, Ernst, Van Gogh, Goya, Remedios Varo, le enseñan a ver y componer el cuadro, el metasentido. Entra en contacto definitivo con los malditos y no sólo escritores, sino también los creadores del crimen y el suicidio: La condesa Báthory y Caroline de Günderode, sus hermanas en el vértigo y el terror. Se conecta con el grupo “Tel Quel”. Se apasiona por la crítica francesa: Blanchot y su analítica, el erotismo de Bataille, que le abrirá perspectivas insospechadas para el suyo. Sigue cursos de psicología. Traduce con rigor y casi científica a Hölderlin, Bonnefoy, Cesaire, Antonín Artaud, Duras, Breton, Eluard. En París es secretaria de Julio Cortázar. Esta relación con el gran escritor argentino, será el principio de lo que será su vuelta y el sentido de la tercera etapa de su vida. En Europa conovce a los grandes de América. En 1962, desde allí publica en Argentina, su “Árbol de Diana”. Octavio Paz lo prologa. Sin darse cuenta y por otros motivos, como siempre pasa, Alejandra vuelve, a la tierra que el azar le ha dado por patria.
Se cartea con todos los escritores que conoció en Francia. Une con palabras los países. Europa, con América, América con América. “Los trabajos y las noches”(1965) le traen los premios. Publica “Extracción de la piedra de la locura”(1968), “La Condesa sangrienta”(1971),”Los pequeños cantos”(1971). Traduce a su escritor favorito Pieyre de Mandiargues. “La Bucanera del Pernambuco”,y su último libro “El infierno musical”(1971). Aquí, en el infierno, la buscadora del jardín termina el ciclo. Rompe su lenguaje, despatarra por fin las muñecas que le quedan, desordena y deshoja los libros que ha acumulado en su mente. La fascinación por la muerte la excita hasta el espasmo, allí está la palabra donde significado y objeto se unen de un modo único. Síntesis donde nombre y lugar se corresponden y donde vida y literatura se borran para formar un todo inseparable e inexpresable. Es el fin del viaje. El poema total. No hay ya diferencias. Ya no hay dos jardines. El río ha desaparecido y el 25 de setiembre de 1972 se mira para siempre en el espejo de la muerte.
Al final dijo: “Las palabras hubieran podido salvarme pero estoy demasiado viviente”.
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